Ya fue…

por Salvador D’Aquila

11 ene 2017

 

 

Quiero hacer un comentario muy concreto respecto de lo que espero del Gobierno para este 2017.  Y también de nosotros.

 

En general, hemos transitado el año anterior con la expectativa de poder salir de algunos vicios en los que estábamos inmersos.  De ir por un camino ascendente en todo sentido, no sólo el económico: en el trato entre nosotros, en el respeto mutuo, en superar antinomias.  Realmente, no ha pasado ninguna de esas cosas. Y si ha sucedido, ha sido escaso.

 

Es cierto, estamos un poquito más ordenados. Y algunas cosas que nos tenían un poco cansados han quedado atrás.  Pero también es verdad que durante el 2016 hemos sufrido los avatares de una economía en baja, con todo lo que esa situación conlleva.  Lo hemos sufrido casi todos. Pero un porcentaje demasiado importante de nuestra población, hermanos nuestros, lo han sufrido en mayor medida y parados en un escalón donde bajar un poco más es estar en la frontera de la vida digna.

 

Queremos creer.  Pero ya se agotaron, por lo menos a mi juicio, los argumentos de que era necesario adecuar algunos temas para poder empezar a crecer.  Me parece que un año ha sido suficiente.

 

También están agotadas las diatribas contra el gobierno anterior, en cuanto a su utilización política.  Por más que fueran reales las acciones que justifican los juicios que se siguen contra la expresidenta, ministros, secretarios y otros personajes k; por más que todo eso sea verdad, se ha agotado su exhibición como para, digamos, amortiguar lo que hemos venido pasando o para confrontarlo contra una actualidad supuestamente superadora en su ética.

 

Obviamente, no quiero decir con esto que deba dejarse de lado que la Justicia actúe.  Y que además, lo haga bien y pronto. Pero sí que ya no debe ser más excusa hacia adentro del gobierno o anestesia hacia afuera.

 

Si bien desde el primer día, algunos comenzaron una tarea de zapa para tratar de, insólitamente, destituir al actual gobierno, vamos a dejar de lado esos extremos para hablar de nosotros, personas convencidas de la legitimidad y legalidad de quienes ejercen su mandato constitucional y que pretendemos que nuestro país se encamine por la senda correcta, insisto, en todos los órdenes: culturales, económicos, de desarrollo personal y colectivo.  Y aunque muy lejos del accionar de aquellos que piensan que “cuanto peor, mejor”, la paciencia que debíamos tenerle a este gobierno, ya se la hemos tenido.  Un año de margen es suficiente para empezar a ver resultados.

 

Antes de ayer, el presidente de la Nación, Mauricio Macri, regresó de sus vacaciones.  Ojalá sea una suerte de analogía del comienzo real de una recuperación que ya se ha demorado demasiado.

 

Muchos, de un lado y otro, continúan hablando de las mentiras de la campaña, de las promesas incumplidas o de una herencia mucho peor de la esperada, del terreno minado, etc.  Ok, listo, se terminó todo eso.  Ya está.  Más allá de algunos logros que emprolijaron algunos temas, no podemos o no debemos, creo yo, aceptar más excusas ni mala praxis, que también la ha habido.

 

Este año debe traernos respuestas. El Gobierno debe darnos respuestas. No solo en lo “macro”, como dicen los economistas, sino en lo “micro”, en eso que nos llega y nos afecta a todos en nuestra vida cotidiana.

 

El 2017 es un año electoral.  Y me parece que esto es un escollo a salvar.  Porque en los años en los que hay elecciones de cualquier tipo, los gobiernos suelen tomar medidas y hacer lo que no se debe, como una forma de tener contentos a quienes después supuestamente los van a favorecer con su voto.

 

Por eso, me parece que todos debemos ser más correctos y precisos en nuestro actuar.  En lo cual no sólo incluyo al Gobierno, sino que me involucro e involucro a cada uno de nosotros como parte de la sociedad toda que también debe pensar y actuar correctamente más allá de que les toquen beneficios o perjuicios circunstanciales.

 

El 2017 ha comenzado hace unos días. Ojalá podamos ir creciendo en esperanza.  Ojalá podamos superar diferencias.  Pero no para pensar igual, sino para juntos pensar mejor. Y poder encontrar las soluciones que estamos necesitando.

 

Y necesitando cada vez con más urgencia: hay problemas que se han profundizado, que se han agudizado y que no tienen simple solución ni en el corto ni en el mediano plazo.  Y que solo el largo plazo, si es que las acciones que se tomen van en el sentido correcto, nos puede encontrar en una realidad distinta.

 

Confiemos. Y me uno a ustedes en la esperanza de un futuro mejor.  Pero no sólo en un futuro de largo plazo.  No.  En un futuro mediato que nos permita comprobar que podemos, aunque sea de a poco, estar mejor.  A esta altura del partido, nos lo merecemos.

 

Aunque sobre estos merecimientos puedan caber algunas dudas.

 

He caído en la tentación

por Salvador D’Aquila

27 dic 2016

 

 

Así es.  Pese a mis esfuerzos.  Pese a mi raciocinio.  Pese a avizorar la trampa personal que significa.  Pese a todo eso y más, caí en la tentación.  Y permití que algunos mensajes recibidos a través de las redes sociales me molestaran lo suficiente como para responderlos por la misma vía.  ¡Y eso hice!  Mal por mí.

 

¿Por qué eso estuvo mal?  Porque fue entrar en el juego de los que, de un lado u otro del espectro ideológico, en forma consciente o no, con mayor o menor responsabilidad, con buena o mala fe y otras tantas consideraciones, no buscan soluciones a los problemas sino contrariar, entorpecer, provocar y buscar la reacción airada del que opina distinto.  Proselitismo llevado a cabo por el peor de los caminos: la crítica descalificadora del “enemigo” en lugar del intento de convencer a partir de las propias ideas.  Nunca una discusión enriquecedora. Por el contrario, sólo reafirmación por la negativa de una posición cuasi dogmática.

 

No soy oficialista. Pero aun con mis reparos, renuevo la esperanza con cada nuevo gobierno que elegimos, sea del signo que fuere. Con la mirada crítica, trato de aportar. Siempre escuchando al que piensa distinto, dando lugar a la opinión ajena, aunque en principio no la comparta. Buscando sacar conclusiones que orienten mis propias definiciones respecto de las acciones que deberían tomarse. Y evitando la “resistencia”, que gracias a Dios no sufrimos una ocupación extranjera ni tenemos ya gobiernos tomados por asalto.

 

El rumbo que quiero para nuestra sociedad lo tengo muy claro: la defensa de los derechos de todos y cada uno, la dignidad del trabajo para todos, la igualdad de oportunidades, la formación en los valores, las condiciones mínimas para una vida digna: salud, educación, vivienda.  La asistencia, cuando es necesaria, procurando que quien la reciba pueda lo antes posible salir de la emergencia y no cristalizarse en ella.  Y también la inclusión. (Cómo me cuesta utilizar esta palabra: se la ha bastardeado hasta quitarle el sentido). En definitiva: la promoción humana en todos los órdenes, para que cada uno pueda desarrollar su potencial y todos nos favorezcamos con la sinergia.

 

Por eso: me equivoqué.  Esas respuestas mías, casi con certeza (y ojalá mi equivocación sea esta y no aquella), cayeron en saco roto.  Porque no está en quienes las recibieron, tan cerca del fanatismo, reflexionar acerca de ellas.

 

Prometo no hacerlo más.  Espero poder cumplir.

 

¿Nos gusta la pachanga...? –No, Fidel…

por Salvador D’Aquila

30 nov 2016

 

Aquello de que la muerte mejora el recuerdo y el concepto de los fallecidos, es un hecho que podemos comprobar en la experiencia de todos los días.  Obviamente, no por mérito del que partió, que ya no puede modificar lo que fue ni lo que hizo o dejó de hacer, sino de los que quedamos vivos.  Es como una suerte de perdón póstumo para aquél que ya no está entre nosotros.  Tal vez, anhelando se nos conceda también a nosotros cuando nos llegue la hora.  Una forma de rescatar lo positivo de una vida, dejando en un piadoso olvido aquello que no lo fue tanto o fue decididamente negativo.

A mi entender, este manto de piedad le debería caber mucho más al hombre común.  Al que no trascendió más allá de sus grupos de pertenencia, que no actuó en la vida pública.  Al cual igual le cupo la posibilidad de transitar por esta vida influyendo para bien o para mal, pero acotado a determinados círculos.

 

(Sin meternos en honduras: los creyentes entendemos que esta influencia es tal vista desde la óptica humana, ya que desconocemos las consecuencias completas de nuestras acciones.  Y que el alcance real y hasta la verdadera motivación de nuestros actos no lo vamos a conocer en este mundo.)

 

Pero con las figuras públicas y las que “hicieron Historia”, creo que debería ser distinto.  Hace unos días, ya anciano y de viejo, murió Fidel Castro.  Y muchos, salieron a alabarlo de una forma que considero desmedida y hasta irresponsable en su falta de compromiso con la verdad histórica y con quienes sufrieron las consecuencias de su accionar.

 

Seguramente el pensamiento de quienes realizan estos elogios es que los cubanos en lugar de sufrir esas consecuencias, las gozaron.  Pero quienes así opinan, en la mayoría de los caso lo hacen a mucha distancia de la geografía de la isla que fue tierra de “la Revolución”, como para conocer la realidad de los hechos y las vivencias de sus destinatarios.

 

Derecho este, el revolucionario, que le cabe a todos los pueblos cuando se encuentran sometidos.  Pero que también puede nacer legítimo en su justificación, pero terminar bastardeado cuando se convierte en lo mismo o en algo peor de aquello que se propuso combatir.  Generalmente, limitando severamente las libertades individuales y de asociación.

 

Como hemos visto por estos días enumerado en distintos medios y reiterado a través de las redes sociales, son innegables determinados avances que se concretaron en Cuba durante la gestión castrista de ¡seis décadas!: en Medicina; en el sistema de salud y acceso a los medicamentos; en Tecnología; en la disminución de las tasas de desnutrición y mortalidad infantil, que son las más bajas de América Latina; en el acceso al deporte y logros a nivel mundial que se reflejan claramente en el medallero olímpico histórico; en el acceso al sistema educativo y a la cultura.  Y además, bancándose un inexplicable, absurdo y perverso bloqueo por parte de los Estados Unidos, que obviamente le ha causado mucho daño a su economía y a la propia sociedad cubana.

 

Pero lejos, lejísimo estuvo y está Cuba de ser un paraíso en la Tierra. Porque si no, no se explicaría por qué tantos miles de cubanos han preferido intentar huir (no irse, ya que no les estuvo ni les está permitido) de lo que ellos consideraron un infierno a lo largo de estos sesenta años, aun arriesgando perder la vida y dejando familias y afectos.

 

No lo hicieron sólo porque fueron desagradecidos con el régimen o tan egoístas de no querer compartir la igualdad de posibilidades para todos.  Tampoco porque no valoraron las virtudes de un gobierno con dirigentes que se les impusieron sin tener la posibilidad de cambiarlos o elegirlos.  No, sin duda no fueron esos los motivos.  Sino un accionar que en la medida que se alejó de los ideales que le dieron vida, se transformó en totalitarismo.

 

Lo patético es que personas que defienden valores (y entre ellos el de la libertad, como bien supremo) hagan apología de un gobierno que encarceló, sojuzgó, mató y tiranizó a generaciones.  Y encima, quiso "exportarlo".  ¿Cuánto pudo haber habido en ese intento de verdadero espíritu de liberación de los pueblos y cuánto de la búsqueda de afianzar el propio poder?  Opino que muchísimo más de lo segundo.

 

Y aunque tuvieran como enemigo común al Capitalismo, es casi risible que muchos de los defensores de un sistema que ven solamente desde afuera, se llenen la boca hablando de sus supuestas virtudes, mientras viven como cómodos burgueses… capitalistas.  Que no soportarían vivir ni una semana la realidad que en Cuba se impuso a sangre y fuego.  No se entiende la disociación entre los valores por los que se supone luchan, y la defensa de las personas que destacan por manejarse totalmente a contrapelo de ellos.

 

Por otra parte, mencionando apenas el hecho de que en esas circunstancias, tanto para los de arriba como para los de abajo, es difícil sobrevivir sin deslizarse hacia la mentira y la corrupción. Y aun reconociendo los logros conseguidos, ¿el fin justifica los medios?

 

Estoy decididamente en contra de lo que se ha dado en llamar capitalismo salvaje, que expolia, corrompe, somete, hambrea y mata.  Lo cual no quita que el ya fallecido Fidel Castro y el sistema que representa sigan teniendo mi desprecio y repudio.  Al igual que cuando vivía.

 

Y que siga la pachanga.

Tres tristes trols

por Salvador D’Aquila

13 dic 2016

 

 

Que en realidad son seis: tres para cada lado. Hacia el final te explico de quiénes se trata.

 

Comencemos por definir qué es un trol.  Por si lo sufrís pero no lo sabés, en la jerga de Internetse le llama así a la persona que publica o comparte mensajes tendenciosos con la intención de molestar, inducir una respuesta agresiva o simplemente llevar agua para su molino, entre otras muchas posibilidades de provocación.

 

En este caso nos ocupa el trol politizado.  A quien no le interesa elogiar a los representantes o las acciones del espacio político al que pertenece o con el cual simpatiza, sino que busca descalificar, repudiar, ironizar o aplicar una fuerte carga negativa sobre los que considera sus enemigos políticos.  En nuestro país y por estos tiempos, estas batallas en las redes sociales están libradas principalmente por kirchneristas y macristas (en estricto orden alfabético).

 

Algunos son rentados.  O sea, les pagan para hacer lo que hacen.  Pero la inmensa mayoría, lo hace solo por afición: tan malo consideran a quienes nos gobiernan o a quienes nos gobernaron en los últimos años, que aplican parte de su tiempo en estos menesteres con una dedicación digna de mejor causa.

 

Y digo esto no porque me parezca equivocado tomar posición o intervenir de una u otra manera para defender lo que nos parece correcto.  Sino porque lo que en general se expresa es bronca o rencor en la derrota.  O falta de templanza en la victoria.

 

Por otra parte, el estilo de estas publicaciones es enfatizar algunas realidades, dejando distraídamente de ver otras o las causas que las originaron.  Y si como dice el refrán, "Una verdad a medias es una mentira completa", el resultado es que esta gente termina mintiendo casi siempre.  Una demostración más de la necedad que alcanza a muchos a la hora de discutir sobre los problemas que tenemos, su origen y sus posibles soluciones.

 

Criticar de buena fe y constructivamente las acciones del gobierno o de la oposición con las que no estemos de acuerdo, es el modo equilibrado que como país necesitamos para realmente avanzar en los objetivos nacionales en los que coincidimos.

 

Pero la mirada muy sesgada de los trols, más allá de la irritación que produce, hace que se esmerilen las fuerzas y la voluntad de la ancha franja de personas bien intencionadas que buscan esperanzarse con la crítica o el apoyo hechos racionalmente.  Y conspira contra el objetivo de reencontrarnos en los valores y el buen camino.

 

Ah…  “Mis” trols son seis. Porque son seis los “amigos” del Facebook que tengo que se encargan de realizar estas tareas: tres de cada lado.  Los mantengo porque los conozco y eventualmente puedo rebatirles alguna idea o simplemente tomar ese aspecto de ellos con cierta indulgencia y casi, casi como objeto de análisis y estudio.  En general, más que agresivos son insistentes.

 

Pero uno de ellos pasó un límite cuando la crítica se convirtió en agresión personalizada para cualquiera al que le llegara su mensaje.  Y eso me molestó bastante y seguramente fue lo que me motivó a escribir acerca de este costado sin duda muy reprochable de las redes sociales.

 

Triste rol el del trol.

 

Imágenes paganas

por Salvador D’Aquila

09 nov 2016

 

Primera.  Luis D’Elía, Fernando Esteche, Gabriel Mariotto y Amado Boudou, con los pantalones arremangados, remojando sus pies en la fuente de la Plaza de Mayo.  Triste remedo de Las patas en la fuente, icónica imagen de un 17 de octubre ya demasiado lejano en el tiempo para que estos protagonistas falsarios puedan recordar el verdadero significado de aquel momento y de aquella circunstancia.  Trato de imaginar quiénes podrían festejar o celebrar esta foto de la desvergüenza, pero no se me ocurre.  Porque más allá de que se adhiera al peronismo o no, esta imagen no puede causar otra cosa que vergüenza ajena.

 

Segunda.  El Presidente de la Nación, Mauricio Macri, junto al Gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, acompañado del Intendente de la localidad de Hernando, Gustavo Botasso, cantando, bailando y chocando las caderas entre sí al ritmo de la música.  Un juego de diversión propia de un ambiente muy distinto al de un acto oficial que tiene como protagonista principal a quien conduce un barco con demasiados pasajeros en zozobra.  Todo bien desentonado.

 

Tercera.  Miguel Pichetto, Senador de la Nación y Presidente de la Cámara Alta. Contrariando con sus dichos una cultura y una tradición que hizo grande a nuestro país: la inmigración.  Y desconociendo a la propia Constitución que en su prólogo asegura los beneficios de la libertad para nosotros, para quienes nos continúen y también “para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”.

 

Cuarta.  Fernando Esteche, “líder revolucionario”, triste, oscuro, violento y acomodaticio personaje de la política argentina.  “Avisando” que algún juez que eventualmente ordenara la detención de la expresidente, podría ser “sacado del juego” de distintas formas, si fuera necesario, hasta con su propia muerte.  El mismo Esteche que hemos visto en tantísimas otras fotos con sus adláteres de rostro cubierto y palos en las manos.

 

Son apenas unos botones de muestra de los últimos días.  Se podrían agregar demasiados otros ejemplos.  Más allá de que algunas de estas imágenes puedan rozar lo delictual y otras no, son la muestra de una forma decadente de hacer política que obstaculiza aquellos propósitos nobles que nuestra Constitución enumera en su prólogo como destino para nuestra Nación.  Anhelos legítimos, algunos frustrados desde hace décadas y otros en franco retroceso.  Fotos e imágenes desangeladas de esta Argentina que pugna por crecer en todo orden y convertir en realidad las aspiraciones de una inmensa mayoría.

 

Mejor, aquellas de la canción.

 

“Un remolino mezcla los besos y la ausencia. Imágenes paganas se desnudarán en sueños.”