He caído en la tentación

por Salvador D’Aquila

27 dic 2016

 

 

Así es.  Pese a mis esfuerzos.  Pese a mi raciocinio.  Pese a avizorar la trampa personal que significa.  Pese a todo eso y más, caí en la tentación.  Y permití que algunos mensajes recibidos a través de las redes sociales me molestaran lo suficiente como para responderlos por la misma vía.  ¡Y eso hice!  Mal por mí.

 

¿Por qué eso estuvo mal?  Porque fue entrar en el juego de los que, de un lado u otro del espectro ideológico, en forma consciente o no, con mayor o menor responsabilidad, con buena o mala fe y otras tantas consideraciones, no buscan soluciones a los problemas sino contrariar, entorpecer, provocar y buscar la reacción airada del que opina distinto.  Proselitismo llevado a cabo por el peor de los caminos: la crítica descalificadora del “enemigo” en lugar del intento de convencer a partir de las propias ideas.  Nunca una discusión enriquecedora. Por el contrario, sólo reafirmación por la negativa de una posición cuasi dogmática.

 

No soy oficialista. Pero aun con mis reparos, renuevo la esperanza con cada nuevo gobierno que elegimos, sea del signo que fuere. Con la mirada crítica, trato de aportar. Siempre escuchando al que piensa distinto, dando lugar a la opinión ajena, aunque en principio no la comparta. Buscando sacar conclusiones que orienten mis propias definiciones respecto de las acciones que deberían tomarse. Y evitando la “resistencia”, que gracias a Dios no sufrimos una ocupación extranjera ni tenemos ya gobiernos tomados por asalto.

 

El rumbo que quiero para nuestra sociedad lo tengo muy claro: la defensa de los derechos de todos y cada uno, la dignidad del trabajo para todos, la igualdad de oportunidades, la formación en los valores, las condiciones mínimas para una vida digna: salud, educación, vivienda.  La asistencia, cuando es necesaria, procurando que quien la reciba pueda lo antes posible salir de la emergencia y no cristalizarse en ella.  Y también la inclusión. (Cómo me cuesta utilizar esta palabra: se la ha bastardeado hasta quitarle el sentido). En definitiva: la promoción humana en todos los órdenes, para que cada uno pueda desarrollar su potencial y todos nos favorezcamos con la sinergia.

 

Por eso: me equivoqué.  Esas respuestas mías, casi con certeza (y ojalá mi equivocación sea esta y no aquella), cayeron en saco roto.  Porque no está en quienes las recibieron, tan cerca del fanatismo, reflexionar acerca de ellas.

 

Prometo no hacerlo más.  Espero poder cumplir.