por Alejandro Muñoz - 29 jun 2020

 

¿Cuánto hace que en el fútbol nuestro de cada día, no se produce una revolución?  Lo cierto es que, en tiempos de pandemia, es bueno recordar aquellos lindos tiempos cuando la pelota rodaba totalmente ajena al negocio y a los millones de dólares.

 

El 28 de junio de 1942, el mítico entrenador Renato Cesarini, puso en cancha a Juan Carlos Muñoz, José Manuel Moreno, Adolfo Pedernera, Ángel Labruna y Félix Loustau.  ¿El resultado?  Triunfo 1-0 contra Platense con un tanto del "Charro" Moreno.

 

Muñoz reconoció, tiempo después: "Sentíamos que podíamos hacer el gol en cualquier momento, por eso no nos apurábamos".  Esa delantera de talento y de cracks, solamente disputó 18 partidos juntos, anotaron 38 goles y le dieron a River el título de 1942.

 

De todos ellos, el más legendario es Labruna, quien es el segundo máximo anotador de la historia del fútbol argentino, apenas dos goles por debajo de los 295 que marcó el paraguayo Arsenio Erico.  Además, "Ángelito" es el máximo goleador de la historia de River y el jugador que más veces anotó en la historia del Superclásico (16).

 

 

por Alejandro Muñoz - 31 may 2020

 

En 2006, el legendario Rocky Balboa peleó contra Mason Dixon, por ese entonces Campeón Mundial de los pesos completos.  Balboa llevaba 16 años retirado del boxeo profesional y fue tentado para volver a subirse al ring.  Todo esto fue posible porque estamos hablando de cine, en una de las películas que componen la saga que tiene a Sylvester Stallone como su protagonista desde 1976.  Ahora bien, ¿puede suceder en la realidad?

 

Hay una larga lista de púgiles que retornaron tras una prolongada inactividad, muchos de ellos con un pasado desconocido.  La última aparición, en diciembre de 2019, es la de Albert Hughes, un estadounidense que peleó con ¡70 años! y tras casi 30 de inactividad.  Lo hizo para ingresar en el libro Guinness de los Récords, pero también para honrar la memoria de su hijo, quien lo acompañó en la preparación de ese combate y se suicidó días antes.  Hughes ganó por KO contra un rival mucho más joven, pero que en muy pocos momentos intentó golpearlo.

 

El más resonante de estos retornos, sin dudas, fue el de George Foreman, una Leyenda del boxeo, cuyo combate más importante quedará guardado para siempre en la historia del deporte mundial: la mítica “Pelea en la selva”, que el 30 de octubre de 1974 perdió frente a Muhammad Ali, en Kinshasa (hoy capital de la República del Congo, en ese entonces parte del territorio de Zaire).  En 1987, y tras 10 años de inactividad, volvió a pelear y hasta fue Campeón Mundial en 1994 con 45 años.

 

Ahora bien, por estos días de pandemia y cuarentena, cuatro boxeadores que brillaron en los ‘80s y los ‘90s se están entrenando y hasta comenzaron a circular rumores de posibles retornos.  Por un lado, Mike Tyson (53) y Evander Holyfield (57), quienes evocarían aquel combate de 1997, en el que Tyson le mordió una oreja a su rival y desató un escándalo.

 

Y por otro, el argentino Jorge “Locomotra” Castro (52) y el estadounidense John David Jackson (57), quienes reeditarían la histórica pelea de 1994 que se llevó a cabo en Monterrey, México, cuando Castro estaba recibiendo una verdadera golpiza, pero logró conectar un golpe que luego se transformaría en victoria por KO para retener sus cinturones de Campeón Mundial.  “Estaba complicado, pero la mano siempre se la levantan al mejor”, declaró tras esa pelea.

 

¿Será el inicio de una nueva categoría en este deporte?  ¿Se podría volver a “redividir” a los boxeadores por peso y, también, por edad? ¿Volverán estos cuatro “viejitos piolas”?

 

 

por ND’ - 16 enero 2020

 

La Supercopa de España era un trofeo que se disputaban…

…el campeón de la Liga y el de la Copa del Rey para así obtener un “supercampeón” español.  La deportividad indicaba que si un mismo equipo obtenía los dos títulos, automáticamente se adjudicaba el tercero.  Así fue hasta 1995.  Ese fue el año en el que los dueños del negocio se dieron cuenta de que perdían un partido si eso sucedía.  Quizá fue por su amor al fútbol y a no perder un minuto del deporte más lindo que cambiaron las reglas.  Quizá fue sólo por dinero.  A partir de 1996, si un equipo ganaba la Liga y la Copa, disputaría la Supercopa contra el subcampeón de la Copa del Rey.

 

En el comienzo de 2020 sucedió lo insólito: si un partido da dividendos, imaginémonos tres, habrán pensado los dueños del negocio.  Y entonces decidieron armar la Supercopa con cuatro equipos, dos de la Liga y dos de la Copa del Rey.  Como el Barcelona repetía plaza, había que elegir uno más.  ¿La deportividad ante todo?  ¿Elegimos la Copa del Rey, que es el torneo que nuclea más equipos?  Podría haber sido una buena opción, pero hubiese quedado afuera el Real Madrid, el equipo con más marketing del mundo.  No convenía, y menos para los nuevos anfitriones.  Sí, la Supercopa de España se mudaría a Arabia Saudita.  Algo similar a cuando la Copa Libertadores de América se jugó en Europa.  Un papelón.

 

Era romántico pensar que el Supercampeón de España podía ser un equipo que no haya ganado nada pero que haya competido hasta el final.  Como para combatir aquello de que “del segundo no se acuerda nadie”.  Pero es muy difícil hacer lecturas sobre un juego cuando, siempre, lo que prima es el negocio.

 

 

por Alejandro Muñoz - 07 may 2020

 

Cómo se extraña el fulbito…  Qué diferente parece que va a ser nuestra vida, la de los futboleros de ley.  ¿Tendremos que acostumbrarnos a ver los partidos por la tele, a que se juegue en canchas auxiliares, a que no tengamos esas multitudes saltando y cantando en las tribunas?

 

Parece difícil imaginarlo, pero en los últimos años, sobre todo en la Argentina, nos estábamos empezando a acostumbrar.  Que público visitante no, que partidos “a puertas cerradas”, que hinchas neutrales que no deben llevar camisetas de ningún equipo…  De a poquito, nuestra sociedad, nuestra manera tan “argentina” de ser, nos fue guiando a ser mucho menos futboleros que antes.  ¿O acaso cuántos argentinos saben quién es el arquero de Banfield o el “4” de Patronato?

 

Esta pandemia, además de reubicarnos de un plumazo, de hacernos replantear la vida en su totalidad, también nos hace desear algo que, hasta hace unos 20 años, era fundamental e imposible de reemplazar: el fútbol.  Pero de un tiempo a esta parte, muchas personas habían encontrado la manera de reemplazarlo.

 

¿Qué cambió en el medio?  Netflix, los celulares, el poco amor por la camiseta de los protagonistas, la violencia en las canchas, los negocios turbios, las resultados sospechosos.  Muchos somos los que seguimos emocionándonos, pero no podemos negar que los futboleros de ley, de a poquito y como se dice en la popu, “cada vez somos menos”.

 

 

 por ND’ - 27 noviembre 2019

 

Se juega el minuto cuarenta y dos del segundo tiempo…

...de la final de la Copa Libertadores.  River demuestra, una vez más, que es un animal de competición.  Ha hecho un partido muy bueno, sobre todo en el primer tiempo.  Le ha clausurado los caminos a Flamengo, ese cuco por su cantidad de hinchas y por los millones invertidos para ganar una Libertadores después de décadas.  River consiguió el gol a fuerza de ímpetu y presencia, teniendo en claro cuáles son sus caminos.  Flamengo ve cómo se le escurre una oportunidad histórica.  Ese fue el partido de los equipos, y no otro.  River se posiciona en campo rival porque es la forma que sabe para conseguir la victoria, la manera que lo llevó a estar donde está.  Flamengo no encuentra respuestas colectivas, nada que lo ayude a soñar con el empate.

 

Van cuarenta y dos del segundo, y River circula la pelota, se defiende muy lejos de su arco.  Dada la rotación continua, Palacios recibe por la izquierda y descarga en Pratto, que tiene la cancha de frente, tiempo y espacio.  Tiene descarga a la derecha con Montiel, pero decide tenerla.  Tiene cinco compañeros por delante y nueve rivales.  Quedan dos minutos para que se cumpla el tiempo de juego.  Para ir a los hechos, Pratto decide o ejecuta mal: intenta un pase interno que no es preciso y es interceptado; el rebote le vuelve a quedar a él, que decide tenerla a arriesgar un pase o un pelotazo; entre dos rivales, le sacan la pelota.  A partir de ahí se genera una primera instancia de contraataque en la que son cinco jugadores de Flamengo y cuatro de River.  Cuando recibe Bruno Henriquez en posición de puntero izquierdo ya son cinco contra cinco, con dos marcas sobre él.  Después de que realiza el primer enganche, el conteo da cinco jugadores de Flamengo (los mismos cinco que iniciaron) y siete de River.  River intenta la presión que lo caracteriza: la foto muestra al habilidoso de Flamengo con cuatro jugadores de River encima.  Realiza un pase al vacío que Pinola no llega a interceptar, De Arrascaeta tira un pase al medio y Gabriel empuja al arco vacío.

 

¿Qué hubiese pasado si Pratto acertaba el pase interno, si tiraba un pelotazo largo que se perdiera por la línea de fondo, si se la pasaba a Montiel?  ¿Qué hubiera pasado si en la segunda presión le cometían falta, si Bruno Henriquez la perdía al enganchar o si su pase se iba apenas largo?  Las respuestas a estas preguntas dependen de quién las responde.  Yo pienso que acá radica la esencia misma del fútbol: planteos concienzudos, preparación de los jugadores, decisiones en fracciones de segundo, algo de circunstancia o fortuna y un resultado consecuencia de todo eso.  En qué porcentajes, también depende de quién lo analice.  Estará quien se rija sólo por el resultado, quien diga que el planteo en esos minutos finales fue equivocado, quien atribuya mucho a la fortuna.

 

Si Pratto hubiese mandado la pelota a la tribuna, ¿qué perdedor hubiese sido mejor, ese ficticio Flamengo sin respuestas o este River de la realidad que estuvo tan cerca y quedó tan lejos?  ¿Quién consiguió bajar más el porcentaje de azar y de resolución individual en este juego de equipo, River o Flamengo?

 

Me centro en la jugada del empate porque es el punto de inflexión, pero acaso la del segundo gol del Flamengo es una exacerbación de los mismos planteos: con el partido empatado, Flamengo decide un pelotazo largo, divide la pelota para un solo delantero contra un zaguero experimentado en el juego aéreo y otro que sobra.  Flamengo decide mal, en la previa.  El resultado lo acompaña: Pinola se equivoca dos veces, Martinez Quarta no tiene fortuna, Gabriel no se equivoca, hace bien su trabajo y lo acompaña la suerte.

 

Todo lo que River construyó como equipo y Flamengo no supo resolver como equipo, lo contrarrestaron las individualidades de unos y otros.  Y de eso también se trata el fútbol.