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por ND’ - 07 nov 2018

 

 

Debe haber pocas cosas que se sientan más antinaturales que jugar un partido de fútbol de primera división a puertas cerradas. Cada grito dentro del campo, cada pelotazo, cada silbatazo del juez viene acompañado por un eco cuanto menos incómodo. Y luego, por un silencio ensordecedor.

 

Viendo el partido entre Central y Newells me pregunto cuál es el sentido. Dos equipos con poco que ofrecer futbolísticamente, jugando un partido para los ojos de nadie. ¿Tiene algún sentido? ¿Nos olvidamos de qué era el fútbol para nosotros? ¿Sigue siendo lo mismo?

 

El gol de taco de Herrera, con otro marco, hubiese tenido carácter de épico. Hoy no le puede hacer sombra a la palomita de Poy porque nadie lo vio, porque pareció un gol en un entrenamiento.

 

¿La única dinámica que vale es la de tener cosas con las que gastar a los demás y que los otros no tengan cosas con las que cargarlo a uno? ¿A nadie le interesa más el fútbol?

 

La cancha vacía de Arsenal en el clásico rosarino es una muestra cabal de la incompetencia de las autoridades políticas, del fútbol y del marco nacional. No pueden organizar un partido. No se quieren hacer cargo. En circunstancias normales, no poder hacer tu trabajo te obligaría a dar un paso al costado. Acá, pasa desapercibido.

 

Para rematar el chiste, a la semana el Presidente de la Nación dice que quiere público visitante en uno de los partidos más importantes de la historia del fútbol argentino. Como si tan sólo fuese una cuestión de deseo. Como si haber llegado hasta acá hubiese sido una casualidad. Como si no hubiese temas más acuciantes de los cuáles hacerse cargo.

 

Todavía resuena el “vos no pudiste solucionar el tema de los trapitos”, o la declaración del presidente de Boca diciendo que en su club no hay problema de barras. En ese contexto, para pedir jugar con visitantes, habría que pintarse la cara de amarillo. Así, por lo menos, quizá podemos sacarle un beneficio a toda esta fantochada y venderlo como un capítulo de los Simpsons que no llegó a salir al aire.