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por ND’ - 31 mar 2019

 

 

 

Racing es el justo ganador del torneo…

…de fútbol argentino.  Casi de punta a punta, fue un líder que casi no pasó zozobras.  Por momentos, muy ofensivo.  Por momentos, cauteloso.  Pero cuando hubo que dar la talla, la dio.  Si es un equipo grande el que pelea contra un equipo chico, sólo sus propios hinchas quieren verlo exitoso, son ellos contra el resto del país, que hincha por el más débil.  Eso terminó siendo poco frente a un equipo al que su entrenador le pidió “huevos”, no para que pegara, sino para que jugara, incluso hasta cuando él erraba decisiones.  Un equipo que tuvo muchos puntos altos, de arco a arco.  Que tiene un capitán como pocos equipos en el fútbol nuestro.  El Racing al que se le reclamó más –en todo sentido- en su actuación continental, es el mismo que, una fecha antes del final, se coronó merecidamente campeón del torneo doméstico.

 

Defensa y Justicia desplegó, a lo largo…

…del torneo, el fútbol más disfrutable al ojo de muchos de los espectadores imparciales.  Con el arco de enfrente como obsesión, con la pelota al piso, con mucha gente en ataque.  Y con triunfos, algunos épicos.  La historia dirá que quizá le faltó nafta para llegar a esa final dada por el fixture frente al ahora campeón en su cancha.   También, para el que quiera recordarlo, dirá que le pegó un baile memorable a Boca y que ese partido lo perdió.  Será valorado por aquellos que disfrutan ver fútbol más allá de las camisetas, y rápidamente olvidado por los que sólo tienen presente a los campeones que marcan los puntos.  Cualquiera sea el caso, son muchos los que recordarán –y no sólo en Varela- al equipo de Beccacece.

 

Los chicos del Sub-17 llegan…

…al clásico con Brasil con la obligación de ganar por tres goles si quieren seguir en carrera.  El último gol, el de la clasificación, llega a segundos del final.  Termina el partido y hay una breve explosión de alegría, en la cancha y en el banco.  No en el técnico, que tiene ese gesto sereno que lo caracteriza.  Y eso se traduce en la actitud que toman los jugadores, casi al instante.  Una, dos, tres postales de un pibe con la camiseta de argentina consolando a otro con la verdeamarella.  Otro que le grita a sus compañeros el famoso y cada vez menos frecuente “vamos a saludar”.  Más allá de un 3 a 0 que podría no haber llegado y que pronto va  sumarse a un libro infinito de resultados, ese parece ser el primer gran logro de Pablo César Aimar.