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Juan Martín del bueno

por Alejandro Muñoz


Coria.  Gaudio.  Zabaleta.  Cañas.  Chela.  Calleri.  Mónaco. 

Argentina formó, en los últimos 15 años, equipos sensacionales para lograr ganar, por primera vez, la tan ansiada y negada Copa Davis.

Así como la "Legión Argentina" parecía superpoderosa, también fue (confirmado) superindividualista. 

La pelea de fondo fue el cruce entre Nalbandián y Del Potro, así como años antes lo fue Vilas vs. Clerc.  Parece que está en la esencia nacional complicar los objetivos grupales cuando se está a un paso de concretarlos y los flashes apuntan a dos y no a uno como el "héroe".

Este Del Potro que emociona en cada partido desde su regreso, que se planta ante los top ten y se gana al público en cada estadio, es el mismo que estuvo a punto de retirarse por tantas operaciones en las muñecas y cansado de no poder recuperarse.  Es el mismo que hoy mira de reojo de qué manera puede acomodar su calendario para llegar en su punto óptimo a la final con Croacia.  Pero, también, es el mismo que en la final de 2008 ante España mostró su lado menos carismático y se metió en una disputa de dinero, fama, y otras yerbas, contra Nalbandián.  Entre ellos fue la gran disputa en los últimos años para ver quién podía estar en la portada cuando la Copa Davis viaje, para siempre, directo a los libros de historia del tenis argentino.


El resto de aquellas camadas no se queda atrás.  Sin tanto protagonismo, cantaron en alguna serie en contra de Del Potro y, consumado el retiro del cordobés de Unquillo, no tuvieron demasiados problemas en acomodarse detrás del tandilense.


Hoy, Del Potro parece más sensible.  Quizás, por saber que nadie le hace sombra.  Y que, si Argentina concreta el sueño de obtener la Ensaladera de Plata, será el gran y único superhéroe.  Mientras, disfrutemos.  Y esperemos que los egos hayan quedado enterrados unos cuantos metros bajo tierra.