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por ND’ - 02 julio 2019

 

Antes del partido…

¿Cuándo dejó de ser un reto jugar contra alguien mejor que uno?  ¿Cuándo dejó de ser interesante el hecho de competir incluso más allá de nuestras posibilidades, a fin de superarnos o lograr algún tipo de épica?

 

En unas horas, Argentina juega con Brasil y es casi unánime la opinión de que los cariocas tienen un mejor equipo de fútbol.  Pero también es llamativamente dominante la opinión de que “hay que cuidarse”, “puede ser un papelón histórico”, o hasta el en otro tiempos impensable “nos convenía perder antes”.  El mensaje letal de que el resultado es lo único que importa evolucionó al punto de casi siempre asumir un probable resultado en contra y sus tremendas consecuencias.  Y yo simplemente pienso que esa no es forma de vivir.

 

Brasil tiene más rodaje y tiene jugadores con ciertas características que nosotros no tenemos.  Argentina cambia de técnico más de lo aconsejable para ver un rédito a largo plazo y está en medio de un recambio generacional que va a llevar su tiempo.  Asumamos que esto es así.  ¿Y?  ¿No se acuerdan por qué nos gusta el fútbol?  Entre otras cosas, porque en un partido puede pasar hasta lo inimaginable.  Porque puede suceder algo parecido a la magia, como cuando dos o tres jugadores están en estado de gracia y congenian logrando cosas maravillosas.  Porque siempre es satisfactoria la sensación de haberlo dejado todo, y esa sensación prescinde del resultado.  Y podría enumerar mil razones más.

 

Jugamos con Brasil.  Yo me ilusiono con la posibilidad de una gran actuación y un triunfo, aún cuando los antecedentes no la sostengan demasiado.  Ir de punto, imaginar un gran gol de Messi, una jugada de Lautaro con su potencia arrolladora, un quite excepcional de Otamendi o una salvada milagrosa de Armani, son cosas que sólo me dan más ganas de mirar el partido.

 

Sin miedo, esa cosa absurda fogoneada por los que no juegan, no arriesgan y nunca pierden.

 

 

Después del partido…

Sobre alguna pista certera estaba en la parrafada anterior.  Argentina mostró el mejor nivel en la copa América y en mucho tiempo.  De seguro, el rival tuvo que ver en esto.  El porqué de la derrota se puede encontrar en un cóctel en el que conviven (cada uno verá en qué cantidades) la ineficacia en la delantera, la diferencia de jerarquías, la falta de fortuna y el bochornoso arbitraje.

 

Sobre el último punto hay que ser claros: donde antes podía haber resignación o dudas, ahora hay bronca.  El VAR supuestamente vino a terminar con los errores flagrantes.  Y el partido de hoy se asemejó mucho a aquél en el Monumental de Núñez (River vs. Independiente, Copa Libertadores), en el que no se quise cobrar (o siquiera revisar) lo evidente.  En la jugada previa al segundo gol brasileño, hubo penal a Agüero.  Y con el partido con dos goles de diferencia, hubo penal a Otamendi.  El árbitro no se dio por enterado.  Esto coronó una actuación pésima en lo que hasta ese momento era un arbitraje (uno más) localista.

 

La ineficacia en el área rival y la falta de suerte quizá van de la mano.  El Kun estrelló una pelota en el travesaño, Messi una en el palo.  Cuestión de centímetros.  En cambio, la diferencia de jerarquía muestra a un Dani Alves en estado de gracia, dando quizá el mejor partido de un lateral derecho en lo que va del año.  Garra (a veces por demás) y habilidad en el mismo jugador, que fue el espíritu de un equipo que se vio claramente sobrepasado por Argentina, pero que no desesperó y lo jugó con intensidad.

 

Del lado albiceleste, queda la conciencia tranquila de haber dejado todo, de haber sido superior.  Cuando finalice la copa (porque todavía queda un partido), se sabrá que se vieron crecimientos en Paredes, en De Paul y en Martínez.  Si se continúa en ese camino o se empieza a construir sobre lo recién destruido (esa tradición tan argentina), nadie lo sabe.

 

Como nadie sabe tampoco qué será de Scaloni, el técnico titular/interino.  Teniendo virtualmente el mismo currículum que hace una semana, parece haber sumado puntos.  Puso en juego una táctica que desactivó al local en gran parte del partido.  Lo que parece seguro es que sumó algunos puntos más que si hubiese pasado lastimosamente por penales después de un partido colgado del travesaño.

 

Después de un encuentro como el visto, queda claro que el rival más duro para Argentina siempre termina siendo Argentina.