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por ND’ - 06 septiembre 2019

 

Después de mucho tiempo…

 

…volvió.  Es cierto, no sabemos si definitivamente, porque por los porotos quizá cambia un poco la cosa.  Pero la esencia no se puede cambiar tanto, ¿no?  Entonces podríamos decir que ayer, en el amistoso entre la Argentina y Chile, volvió el potrero a la Selección argentina.

 

En primera instancia, lo que se vio fue un grupo de jugadores jóvenes.  Podemos entonces resaltar algunas virtudes asociadas con esta condición: ímpetu y desfachatez, por ejemplo.  La Argentina viene de un proceso largo, por lo que las últimas imágenes del equipo reflejaban más prestancia, oficio y experiencia.

 

Hay un indicador que cualquier fútbolero puede reconocer: el benemérito caño.  No los conté, pero en el partido hubo, por lo menos, tres o cuatro.  Dybala, De Paul, Lo Celso y Paredes son jugadores de técnica refinada, a la que le suman atrevimiento y decisión.  Y ayer se terminaron de animar, desparramando juego a un toque, caños y pelota debajo de la suela, para pisarla y distraer, pero también encarar y conseguir una ventaja.  El primer tiempo tuvo mucho de eso.  Después, el ritmo bajó.

 

Si hacemos el desglose, Martínez parece adueñarse del puesto de centrodelantero, con una potencia que no da descanso.  Paredes se amigó un poco más con la posición de cinco, sumándole a su excelente primer pase y pelotazo largo, el don de la ubicación para poder anticipar.  Dybala continuó su levantada y demostró que puede ser de valía si se lo usa de lo que juega y no de “suplente de”.  De Paul es el emblema de esta renovación, con coraje, fútbol y determinación.  Y Martínez Cuarta, el crack de presente y futuro que estábamos esperando para la zaga central.

 

Lo dicho: fue un amistoso.  Pero a diferencia de otros, sirvió.  Primero, para proyectar un nuevo equipo con seriedad; después se verá cómo se acoplan los Messi y los Agüero.  Segundo, para demostrar que hay con qué afrontar lo que viene.  Y tercero, y principal, para disfrutar de buenos caños y gambetas.