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Temperatura pectoral

por Alejandro Muñoz

09 nov 2016

 

En el fútbol argentino, sobre todo en la Primera División, se ha adoptado la frase "está virtualmente descendido”, cuando un equipo no encuentra el rumbo y el promedio empieza a empujarlo hacia la categoría de abajo.

 

Bien, con la Selección Argentina pasa algo similar: ¿a qué juega? ¿por qué juegan los que juegan?

 

Un combinado de millonarios sin alma.  Tipos que en Europa la rompen, que en el fútbol de Argentina se destacan (algunos más, otros menos) pero que, sin embargo, cuando se ponen la Celeste y Blanca desaparecen. Literalmente. Desaparecen.

 

Empecemos por Sergio Romero.  Es el arquero que más partidos atajó en la historia de la Selección, ha tenido atajadas memorables (como el pase a la final del Mundial 2014, contra Holanda) pero nunca se ha afianzado en un equipo.  Y, desde hace un rato largo, en los partidos “no te salva nunca”, como se dice habitualmente.

 

Sector derecho: Pablo Zabaleta.  Un jugador que no marca y que tampoco pasa al ataque con criterio, solamente se adelanta en el campo de juego y toma malas decisiones en ofensiva.  ¿No puede jugar Gabriel Mercado ahí?  El exdefensor de River, curiosamente, es el goleador nacional en las Eliminatorias con Lionel Messi: ambos tienen 2 tantos.

 

En la zaga central, Nicolás Otamendi erra más de lo que defiende. Ramiro Funes Mori, personalmente, me encanta por el temperamento y la capacidad asombrosa para superarse día a día.

 

El sector izquierdo…Emanuel Mas.  ¿Para qué?  El cierre (el no cierre) en el tercer gol de Brasil es la clara muestra.  Solamente es un defensor prolijo. Nada más.

 

En el mediocampo Enzo Pérez demuestra por momentos buenas intenciones, Lucas Biglia dejó de ser el del mundial, Javier Mascherano está grande y no se le puede pedir a un tipo que corra a todo el mundo como si tuviese 20 años.

 

Podrían estar Julio Buffarini, Fernando Belluschi y tantos otros…

 

En la delantera, salvo Lionel Messi (que tiene una deuda enorme de rendimiento en partidos bravos) el resto no puede estar más: ni Gonzalo Higuaín, ni Sergio Agüero, ni Ángel Di María.  Basta.  ¿Hasta cuándo?  La falta de sangre se reclama.  Pueden errar goles insólitos, penales, lo que sea.  Pero las ganas de revertir las cosas no se negocian.  No se puede ir a marcar haciéndole sombra a los rivales.  Hay que ir con el cuchillo entre los dientes (frase de Diego Simeone, ¿el nuevo DT?).

 

No se puede tolerar que no dejen hasta la última gota de sudor. Y siempre volvemos a hablar de lo mismo.

 

Sigo bancando a la Selección Argentina.  Como seguramente el martes, contra Colombia, jugarán los mismos, voy a seguir apoyando.  Ojalá estos jugadores me tapen la boca.  Para ello, deberán demostrar mucho más que millones en el banco.