por ND’ - 27 noviembre 2019
Se juega el minuto cuarenta y dos del segundo tiempo…
...de la final de la Copa Libertadores. River demuestra, una vez más, que es un animal de competición. Ha hecho un partido muy bueno, sobre todo en el primer tiempo. Le ha clausurado los caminos a Flamengo, ese cuco por su cantidad de hinchas y por los millones invertidos para ganar una Libertadores después de décadas. River consiguió el gol a fuerza de ímpetu y presencia, teniendo en claro cuáles son sus caminos. Flamengo ve cómo se le escurre una oportunidad histórica. Ese fue el partido de los equipos, y no otro. River se posiciona en campo rival porque es la forma que sabe para conseguir la victoria, la manera que lo llevó a estar donde está. Flamengo no encuentra respuestas colectivas, nada que lo ayude a soñar con el empate.
Van cuarenta y dos del segundo, y River circula la pelota, se defiende muy lejos de su arco. Dada la rotación continua, Palacios recibe por la izquierda y descarga en Pratto, que tiene la cancha de frente, tiempo y espacio. Tiene descarga a la derecha con Montiel, pero decide tenerla. Tiene cinco compañeros por delante y nueve rivales. Quedan dos minutos para que se cumpla el tiempo de juego. Para ir a los hechos, Pratto decide o ejecuta mal: intenta un pase interno que no es preciso y es interceptado; el rebote le vuelve a quedar a él, que decide tenerla a arriesgar un pase o un pelotazo; entre dos rivales, le sacan la pelota. A partir de ahí se genera una primera instancia de contraataque en la que son cinco jugadores de Flamengo y cuatro de River. Cuando recibe Bruno Henriquez en posición de puntero izquierdo ya son cinco contra cinco, con dos marcas sobre él. Después de que realiza el primer enganche, el conteo da cinco jugadores de Flamengo (los mismos cinco que iniciaron) y siete de River. River intenta la presión que lo caracteriza: la foto muestra al habilidoso de Flamengo con cuatro jugadores de River encima. Realiza un pase al vacío que Pinola no llega a interceptar, De Arrascaeta tira un pase al medio y Gabriel empuja al arco vacío.
¿Qué hubiese pasado si Pratto acertaba el pase interno, si tiraba un pelotazo largo que se perdiera por la línea de fondo, si se la pasaba a Montiel? ¿Qué hubiera pasado si en la segunda presión le cometían falta, si Bruno Henriquez la perdía al enganchar o si su pase se iba apenas largo? Las respuestas a estas preguntas dependen de quién las responde. Yo pienso que acá radica la esencia misma del fútbol: planteos concienzudos, preparación de los jugadores, decisiones en fracciones de segundo, algo de circunstancia o fortuna y un resultado consecuencia de todo eso. En qué porcentajes, también depende de quién lo analice. Estará quien se rija sólo por el resultado, quien diga que el planteo en esos minutos finales fue equivocado, quien atribuya mucho a la fortuna.
Si Pratto hubiese mandado la pelota a la tribuna, ¿qué perdedor hubiese sido mejor, ese ficticio Flamengo sin respuestas o este River de la realidad que estuvo tan cerca y quedó tan lejos? ¿Quién consiguió bajar más el porcentaje de azar y de resolución individual en este juego de equipo, River o Flamengo?
Me centro en la jugada del empate porque es el punto de inflexión, pero acaso la del segundo gol del Flamengo es una exacerbación de los mismos planteos: con el partido empatado, Flamengo decide un pelotazo largo, divide la pelota para un solo delantero contra un zaguero experimentado en el juego aéreo y otro que sobra. Flamengo decide mal, en la previa. El resultado lo acompaña: Pinola se equivoca dos veces, Martinez Quarta no tiene fortuna, Gabriel no se equivoca, hace bien su trabajo y lo acompaña la suerte.
Todo lo que River construyó como equipo y Flamengo no supo resolver como equipo, lo contrarrestaron las individualidades de unos y otros. Y de eso también se trata el fútbol.