La ironía del fútbol
Por Alejandro Muñoz
30 Nov 2016
Vacío.Un vestuario extenso, que se había acostumbrado a los festejos, de pronto se queda en silencio. Chapecoense, en 2009, jugaba en la Cuarta División de Brasil, tras lograr el ascenso un año antes. Por esos años, ni el más optimista de sus torcedores (como llaman a los hinchas en Brasil) se debe haber imaginado que su equipo, en 2016, iba a tener la chance de disputar la final de la Copa Sudamericana, tras lograr ascensos consecutivos de categoría desde 2013, con el título estadual de San Pablo de por medio y dejando en el camino a históricos como Independiente y San Lorenzo.
Pero tampoco, y esto más que seguro, nadie nunca jamás pudo imaginar este tremendo desenlace: que el avión que los transportara hacia Medellín, para iniciar la serie final contra el multicampeón Atlético Nacional, sufra un desperfecto y termine con la vida de casi todo un plantel.
Inexplicable. Triste. Doloroso.
Quedarán, para siempre, las imágenes de Danilo, el arquero-ídolo, fundamental para que el Verde de Chapecó alcance la histórica final cuando, en la última jugada del partido, despejó con el pie lo que parecía un seguro gol de Angeleri, de San Lorenzo, lo que hubiese significado la eliminación de Chapecoense de la Copa Sudamericana. Y la historia sería diferente. También quedarán guardados los goles de Bruno Rangel, quien llegó en 2013 a un equipo que había ascendido a la Segunda División y no tenía ni campo de entrenamiento ni gimnasio. Sus 77 goles lo transformaron en el máximo artillero de la historia del club. O Cléber Santana, histórico brasileño que, a sus 35 años, manejaba todo con la experiencia de su carrera y portaba el honor de haber sido campeón, en 2010, de la Europa League con el Atlético de Madrid del Cholo Simeone.
Ironías de la vida. Chapecoense subió tanto pero tanto que un día llegó hasta el cielo.