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por Alejandro Muñoz – 18 mar 2022

 

River y Boca igualaron 0-0 en el Superclásico de Reserva. Un partido friccionado, con pocas llegadas pero con un detalle para analizar: cómo cambiaron esos encuentros con el paso del tiempo.

 

Primer punto: la televisión y las redes sociales. Antes, era más difícil saber exactamente cuál era cada jugador, y se iban haciendo conocidos a través de sus aciertos/errores: "Che, anda bien el 4"; "Al 5 le falta un poco todavía"; "Qué grandote el 9". Hoy, con un par de clics es suficiente hasta para conocer su historia de vida y cláusula de rescisión de contrato.

 

Segundo punto: la personalidad. ¿Cuánto afecta en este tema lo dicho en el punto anterior? Al igual que en la vida misma, sorprende ver el manejo de pibes de 18-19 años llamando al árbitro por su nombre de pila ("tip" aprendido de los grandes, utilizado hasta el hartazgo en Primera para demostrarle al árbitro que es conocido y hacerlo sentir importante, aunque no lo conozca nadie), enojándose por cada falta, no pidiendo disculpas, ignorando al rival, poniendo la piernita un poco más arriba de lo normal... Se conocen últimamente muchos más casos de indisciplina que son castigados con suspensiones internas o pibes que misteriosamente empiezan a dejar de tener el rodaje que los venía haciendo figuras. Un día van a préstamo a un equipo de la segunda división, los hinchas se enojan, el jugador deja de rendir y empieza a vagar por diferentes equipos sin poder brillar como en sus inicios.

 

Darío Cvitanich, experimentado delantero de 37 años que jugó en Racing, Boca y en clubes de Europa, que hoy disfruta sus últimos partidos como profesional en Banfield, sostuvo hace poco en una entrevista que "tenemos que empezar a escuchar más a los jóvenes y entender qué quieren" para, de ese modo, hacerles comprender que no se le puede gritar a un mayor, que no es necesario debutar ya en Primera, ya enojarse por ir al banco, ya comprarse un auto último modelo, ya irse a Europa, ya, ya, ya... Esas etapas quemadas también son culpa de la tele, de los millones de seguidores en Instagram, de los empresarios y de ellos mismos, los pibes del club.