por Juan Carlos Latrichano – 15 feb 2021

 

La muerte del expresidente Carlos Menem, reeditó la discusión acerca del valor del Plan de convertibilidad implementado en la década del noventa.

 

Indudablemente, al fijar la paridad del tipo de cambio en un dólar igual a un peso, y determinar por ley que toda emisión monetaria debía estar respaldada por reservas en divisas, se logró el tránsito de la hiperinflación a una inflación promedio del 1% anual.  En forma previa, y Plan bonex mediante, se ponía fin al monetarismo puesto en marcha por la dictadura militar.

 

La convertibilidad había sido pensada para aplicar por dos años, pero se mantuvo hasta la explosión del año 2001.  Las contraindicaciones del plan fueron varias.  Las más relevantes conciernen al déficit crónico de la balanza comercial que impactaba en un endeudamiento externo terrible e insostenible.

 

La crisis citada puso fin a esta locura, devaluación mediante.

 

 

por Juan Carlos Latrichano – 10 feb 2021

 

En primer lugar, considero necesario describir un par de problemas visibles en las economías de los países periféricos en general y del nuestro en particular.  Los mismos son:

 

1. Ciclos interminables de parada/arranque

2. Enfermedad holandesa

 

El ciclo de parada/arranque tiene que ver con el cuello de botella que experimenta la economía en oportunidad en la que se produce el crecimiento.  El mismo acarrea un incremento de las importaciones (que son una función positiva de la producción), habitualmente no correspondido por un crecimiento proporcional de las exportaciones.  Esto hace que se deteriore la balanza comercial provocando salida de divisas, lo que lleva fatalmente a la necesidad de realizar un ajuste recesivo (fiscal y/o monetario y/o devaluatorio).  El ajuste hace caer la producción, lo que provoca reducción de las importaciones.  Estamos en el momento de la parada.  En la misma se recomponen las divisas restaurándose la confianza.  Esto permite pasar hacia el arranque, en el que la economía crece y se vuelve a la situación original.

 

En algunas oportunidades, el ciclo se evita apelando al endeudamiento de origen externo.  En este caso, no hace falta el ajuste recesivo porque las divisas faltantes las provee el sector financiero.  En la década del noventa, precisamente eso fue  lo que ocurrió.  Desde luego, el endeudamiento no puede ser utilizado en forma ilimitada.  Cuando ello no se tiene en cuenta, fatalmente se cae en un default.  Esto ocurrió a fines del año 2001.

 

La enfermedad holandesa se produce cuando uno o más productos con ventajas comparativas determinan la paridad cambiaria de equilibrio en un nivel tal que satisfaga sus rentabilidades.  Desde luego, la paridad de equilibrio deja afuera a la mayoría de los productos.  En nuestro caso, las materias primas (cereales, oleaginosas etc.) son las que tienen ventajas comparativas.  Si ellas determinan la paridad de equilibrio, la mayoría de los bienes industriales, especialmente aquellos con mayor valor agregado, enfrentan los siguientes problemas:

 

1. Tienen escasa posibilidad de exportar

2. Reciben competencia de productos extranjeros

 

Estos problemas se producen porque la paridad de equilibrio para las materias primas resulta baja para los bienes industriales.  Esto favorece la importación y desestimula la exportación de este tipo de productos.

 

¿Cuál es el remedio para este tipo de problemas?

En el caso del ciclo de parada/arranque, el incremento de los aranceles de importación.  Esta medida puede ser acompañada por otras de carácter directo, por ejemplo, medidas apuntadas a limitar el volumen de importación (declaraciones juradas anticipadas de importación).  Colateralmente, otro mecanismo habitualmente usado para ahorrar divisas concierne al control cambiario (ejemplo: límites a la venta de divisas a particulares).

 

En el caso de la enfermedad holandesa, el mecanismo comúnmente utilizado concierne a los derechos de exportación aplicables sobre las materias primas.  Este procedimiento determina distintas paridades de equilibrio.  Una paridad más alta para los bienes industriales (no se les aplican derechos de exportación) y más baja para las materias primas.  Esto hace que las exportaciones de bienes industriales sean posibles, al tiempo que se limitan las importaciones de los mismos. Desde luego, los aranceles de importación complementan esta política.

 

A efectos de ir a parámetros más claros, establezco las diferencias entre la década del noventa y la iniciada en el año 2003 y finalizada en el año 2015.  Particularmente esta última, presenta entre los más significativos,  los siguientes agregados:

 

1. Se aplicaron derechos de exportación

2. Se establecieron restricciones a la importación (declaración jurada anticipada de necesidades de importación)

3. Se establecieron medidas restrictivas en el mercado cambiario

 

¿Cómo se correlaciona esta observación con la economía real?

De manera muy sencilla.  En la década del noventa el crecimiento venía acompañado con déficit de la balanza comercial.  Esta situación se invertía cuando se producía una caída de la economía.  En la economía 2003/2015 fue posible crecer con superávit de la balanza.  Enorme diferencia lograda, a mi modo de ver, por los impuestos al comercio exterior, las restricciones a la importación y el control cambiario.  Desde luego, el resultado final reside en la diferencia entre los consolidados de la cuenta corriente del balance de pagos.  Tanto en la década del noventa como en la de 2003/2015 se creció.  La enorme diferencia está en el resultado de dicho balance.  En la década del noventa vemos un enorme déficit.  En la otra un superávit significativo.

 

 

por Juan Carlos Latrichano – 22 dic 2020

 

La crisis cambiaria ocurrida en el mes de octubre del presente año, mostró que el origen de la misma en parte obedecía a la merma de reservas del Banco Central.  En efecto, tanto en ese mes como en noviembre el Banco Central perdió más de 1.000 millones de dólares en cada uno de ellos.  La hemorragia lucía imparable y ello incrementaba los riesgos de una macro devaluación.  La brecha entre el dólar oficial y el paralelo se estiraba.  Desde luego, esta situación retrasaba exportaciones y aceleraba importaciones.  Los exportadores pensaban que podrían obtener mayores pesos por dólar, espera mediante, mientras que los importadores pensaban que pagaban menos pesos si aceleraban sus operaciones.

 

Ante esa situación, se adoptaron diversas medidas.  Las más relevantes fueron las siguientes:

 

1. Arbitraje de títulos en pesos por títulos en dólares.  De este modo se le quitó presión al mercado de contado con liqui.

2. Control de operaciones en cuevas.  Se detectó una compra de 40 millones de dólares correspondiente a un lavado de dinero.  El control redujo la demanda en el mercado marginal.

3. Control de salidas sin declarar de productos al exterior.  Esto permitió aumentar la oferta de dólares en el mercado oficial.

4. Emisión de títulos ajustables por dólar oficial para los exportadores primarios.  De este modo aquellos que tenían expectativas devaluatorias se cubrían con este instrumento.

5. Suba de la tasa de interés para evitar que los depósitos en pesos se pasen al dólar.

6. Disminución de la emisión monetaria para reducir la presión sobre el dólar.

 

Todo esto produjo una baja de la brecha debido a la reducción del precio del dólar paralelo.  Mágicamente, en la primera quincena de diciembre las reservas comenzaron a subir.

 

 

por Juan Carlos Latrichano – 05 ene 2021

 

El año 2020 cierra superando holgados problemas.  Comparado con el 2019 tenemos dos enormes condicionantes:

 

1. La falta de provisión de fondos externos, hecho que se produjo a partir de octubre 2019 y que se mantuvo durante todo el 2020.

2. La presencia del coronavirus desde marzo de ese año, afectando nuestra economía desde esa fecha hasta el cierre.

 

El primer problema significó una pérdida incesante de reservas, dado que los pagos en moneda extranjera no tenían refinanciación.  Al mismo tiempo, el Gobierno acordó con los acreedores privados un estiramiento de plazos con reducción de intereses.  A la fecha, resta acordar un plan similar con el Fondo Monetario Internacional.  En el año 2019 el Gobierno anterior tuvo acceso al crédito externo.

 

En cuanto a la pandemia, debemos señalar que en los primeros meses obligó a parar una gran cantidad de actividades económicas, destacando que algunas de ellas siguen en ese estado a la fecha.  Indudablemente, esto hizo necesario disponer de políticas fiscales y monetarias expansivas.  Desde luego, esto provocó un impacto fiscal muy negativo acompañado de una expansión monetaria fuerte.  Todo hacía prever una inflación descontrolada, fundamentalmente tras los análisis de los economistas ortodoxos.  Sin embargo, no fue así.  La inflación del 2020 será mucho más baja que la del año 2019.  Al mismo tiempo, la devaluación del peso frente al dólar oficial fue también sensiblemente inferior.

 

Cabe destacar que el balance de pagos luce en los primeros tres trimestres del año 2020 con un saldo positivo superior a los 4.000 millones de dólares, dato que contrasta con un déficit en 2019 cercano  a esa cifra.  Los datos que empeoraron corresponden a la economía real.  Empero, en los últimos meses se advierte una mejora significativa, que de continuar mostraría bases para un despegue efectivo a partir del presente año.

 

En resumen, si todo resulta conforme a lo previsto, el año nuevo arranca sin las limitantes estructurales del anterior. Me refiero a la pandemia y al default, vacuna y acuerdo mediante.

 

 

por Juan Carlos Latrichano – 15 dic 2020

 

Mientras el dólar azul no para de bajar, la torcida ortodoxa insiste en obtener el premio menor.  Aparecen ahora los hermanos mayores que fuman a sembrar desesperanza con un halo académico.  Son los mismos de siempre.  Ahora te dicen que la paz cambiaria se logró, entre otras cosas, por los siguientes motivos:

 

1. El apriete a las cuevas

2. La venta de títulos dolarizados

3. La represión de operaciones ilegales

4. El apriete a exportadores

5. El control de importaciones

6. El apriete a sociedades de bolsa

 

Parece ser que el control fiscal y monetario, que hasta hace poco era su mantra, ahora carece de importancia.  Son realmente patéticos.  Cuando ciertos luchadores van perdiendo, entran otros.  Parece Titanes en el Ring.

 

¿Qué dicen que falta?

Un plan económico.  Eso sí, que sea consistente.  Y mucha libertad.  No olvides que son libertarios.  Cuando se reprime algo ilegal, les parece regulacionista.  El presupuesto les parece poco.  Ahora te dicen que hay que subir la tasa de interés para que esta le gane a la inflación.  Pierden de vista que la calma cambiaria posibilita la baja de la inflación.  Además, reclaman por la falta de inversiones.  Pero se contradicen, porque si sube la tasa de interés las inversiones bajan.

 

En resumen, nos proponen lo que ya fracasó, endeudamiento mediante.  Por supuesto, a ellos esos errores no les acarrean costos.  Al contrario, obtienen ganancias.