por Juan Carlos Latrichano – 07 feb 2020

 

Por ahora, lo que hubo fueron pinceladas de yodo  y rezos.  Tras la gira por Europa del Presidente y del Ministro de Economía, se insinúa el acuerdo con los acreedores de la deuda pública.  El acuerdo se habría sellado con el Fondo Monetario Internacional y sólo faltaría la aprobación de los Estados Unidos y de dos de los  fondos de inversión más fuertes.  Se estima que el FMI estirarla el plazo a 10 años, con 3 de gracia; y con los acreedores privados se tomaría un plazo de gracia de 4 años con una quita promedio del 15%.  Habría además un plazo para el pago de los intereses.

 

Todo lo expuesto hasta aquí, haría factible la preparación del presupuesto 2020 (hasta este momento,  el país se maneja con el presupuesto del año pasado) y este, junto con el programa monetario, una vez aprobado por el Parlamento, sería  la llave final de negociación.

 

Luego, con el acuerdo de la deuda cerrado y ley mediante, estaríamos en condiciones de iniciar el Consejo Económico y Social.  Dicen que el Presidente le volvió a pedir a Roberto Lavagna que se ponga al frente de esta institución.  Parece que previo presupuesto acorde a la necesidad de la nueva institución, el Dr. Lavagna aceptaría.

 

De ser así, en marzo tendríamos el plan definitivo, armonizado con el Consejo Económico y Social.  Con todos los actores adentro: Empresarios, Sindicatos, Universidades, Organizaciones Sociales, Entidades de Bien Público y Credos Religiosos.

 

Y, chau grieta.  Hasta nunca.

 

 

por Juan Carlos Latrichano – 31 ene 2020

 

Cuando caiga el telón del presente mes de enero, estaremos en condiciones de juzgar el primer mes completo de gestión del nuevo Gobierno.  El primer punto importante reside en saber el comportamiento que va tomando el nivel general de precios.  Al respecto, se han adoptado diversas medidas que apuntan a bajar el ritmo inflacionario.  Entre las más relevantes tenemos:

1. Precios cuidados

2. Desdolarización de tarifas energéticas y del combustible

3. Congelamiento de tarifas

4. Modificación de aumentos de los haberes jubilatorios

5. Fijación de aumento de salarios mediante sumas fijas

6. Intento de eliminación de cláusulas gatillo

7. Incremento de derechos de exportación en alimentos

8. Baja sustancial de la tasa de interés

9. Incremento de los controles cambiarios para evitar subas del dólar, especialmente en el mercado oficial

 

Todo parecería indicar que a pesar del reanimamiento de la demanda de consumo, perceptible especialmente en los centros turísticos nacionales, los precios se moverían en una tasa promedio del 2,5%.  De ser esto así y anualizando dicho dato, estaríamos ante una tasa estimada del 35% para el presente año.

 

Ah, y por ahora falta la puesta en marcha del Consejo Económico y Social, que será implementado por ley.

 

De cumplirse con el presente pronóstico, enfrentaremos la desesperanza de algunos analistas que presagian corta vida para este tipo de medidas.  El desafío está abierto y de lograr los objetivos planteados, el peronismo habrá vencido una inflación que parecía indomable.  Sí, esa que mostró al cierre del año pasado una tasa del 55%.  Y con algo sumamente extraño al credo liberal: bajar la inflación con mayor expansión monetaria.

 

 

por Juan Carlos Latrichano – 14 dic 2019

 

Un Plan B para afrontar los vencimientos de la deuda pública, por si falla la propuesta inicial.  En primer lugar, partimos del peor escenario.  Me refiero al caso en que los acreedores no acepten los dos o más años de plazo para diferir el pago de capital e intereses de la deuda pública.  En ese caso, debemos tener preparada una estrategia consistente en pagar algo, de tal modo que el acreedor sienta que cobra si acuerda; mientras que si no acepta la propuesta, el cobro es menos factible dado que en ese caso lo debe lograr por la vía judicial.

 

¿Cuál sería la oferta de pago?

En principio, los intereses que vencen el año próximo, que representan un valor de 12.000 millones de dólares (organismos multilaterales y acreedores privados).  La condición de pago se asociaría a la refinanciación del capital.  Es decir, que el acreedor debe cambiar sus bonos por otros con mayor plazo para poder cobrar los intereses.

 

¿Pero cómo se hace para obtener los recursos necesarios para el pago?

Debemos tener presente que se necesitan dólares provenientes del circuito comercial.  Para ello, se deben maximizar exportaciones, principalmente de productos industriales, y asegurar el ingreso de las divisas.  Las normas bancarias deberán tener controles precisos de los tiempos de ingreso y fijar las penalidades de su inobservancia.  Se debe prohibir el crédito en pesos para el exportador que no ingrese las divisas.  A su vez, se deben acordar medidas con los países centrales para evitar restricciones a nuestros productos.  La administración de divisas se debe complementar con la sustitución de importaciones y con un férreo control que evite la fuga de divisas.  Quizás sea necesario adicionar una dieta relacionada con el giro de utilidades al exterior.

 

Desde luego, este mecanismo produce emisión monetaria.  Pero, ajustes mediante de la diferencia, el mismo expande recursos a una tasa del 40% anual, compatible con la inflación esperada para el 2020.  El secreto para que no se propague es limitar la puja distributiva y la inflación cambiaría.  Queda claro que el Gobierno permuta deuda con acreedores privados por deuda con el Banco Central.

 

Esperemos que no se necesite este Plan B.

 

 

por Juan Carlos Latrichano – 14 ene 2020

 

La frase más comúnmente utilizada por los economistas ortodoxos, dice que la inflación siempre y en todo lugar es un fenómeno monetario.  Esta aseveración quedó un tanto fuera de foco el año pasado, debido a que la emisión monetaria fue baja y sin embargo la inflación creció a una tasa cercana al 55% anual.  Frente a esta realidad, los economistas ortodoxos señalaron que el problema era la baja de la demanda del peso por parte de nuestra gente.  En otras palabras, dijeron que los argentinos no creemos en el peso y por eso nos pasamos al dólar.  Algunos análisis adicionales planteaban el saldo abundante de las Leliqs (Letras de Liquidez), que presagiaba una hiperinflación.  De este último tema no me ocupo, porque a lo largo de todo el año pasado dije que era un riesgo de probabilidad baja, por no decir nula.

 

Con relación a la demanda de pesos, cabe señalar que corresponde hablar de una merma de la oferta de dólares.  La misma reconoce varios orígenes, entre ellos, el tipo de cambio bajo provocado por la depresión que le producen los préstamos en moneda extranjera.  Esto hace que las importaciones crezcan y las exportaciones caigan.  Por lo tanto, se produce un drenaje de divisas de índole  comercial.  Luego, a medida que el tipo de cambio bajo lleva un tiempo prolongado, la gente piensa en la posibilidad de una devaluación.  Esto hace elevar la demanda de dólares y bajar la de pesos.  Aquí se produce un segundo drenaje de divisas, pero esta vez de índole financiero.  A la sazón, se produce una suba fuerte del tipo de cambio.

 

¿Y qué pasa con la inflación?

Se expande, aunque la emisión monetaria sea baja.  Se actualizan las tarifas de gas y luz y también el combustible.  Se inicia un ajuste fuerte de precios  y con él la puja distributiva.  Al tiempo, la suba del tipo de cambio queda neutralizada y vuelta a subirlo.  Y así sigue por los siglos de los siglos.  Salvo que se cambie el paso de baile.

 

 

por Juan Carlos Latrichano – 06 dic 2019

 

Si bien se habla de recesión, creo que el tiempo transcurrido con continuas caídas de la actividad económica, ameritan pensar que el país ingresó en una depresión económica.  Ello ocurre con una fenomenal tasa de inflación.

 

La duda central reside en dilucidar cómo se hace para salir de esta situación.  A tales efectos, los economistas ortodoxos sostienen que la solución pasa por la inversión.  La idea, según este punto de vista, es atraer a la inversión extranjera.  Para ello, es necesario ajustar el gasto público.  Sin embargo, este razonamiento pierde de vista que la capacidad ociosa del país es de casi un 50%.  Es decir que de cada dos máquinas, una está parada.  Creo que en consecuencia no faltan inversiones sino que hay carencia de incentivos para que las mismas se pongan en marcha.

 

Si esto es así, cabe preguntarse qué mecanismo resulta idóneo para que ello ocurra.  No cabe duda de que el camino es el aliento al consumo.

 

¿Cómo se logra esto?

Con emisión  monetaria.  Es decir, poniendo dinero en el bolsillo de la gente.  Los ortodoxos no comparten este criterio. Pero no aportan una idea alternativa.  Sólo se limitan a decir que la expansión monetaria es inflacionaria.  Omiten decir que la emisión de los últimos meses fue baja y sin embargo la inflación  fue significativa.  ¿Qué fue lo que produjo la suba de precios entonces?  Indudablemente, la suba incesante del tipo de cambio.  La misma se frenó con el cepo aplicado en estos últimos meses.

 

En consecuencia, la emisión con control de la fuga de divisas no necesariamente  conduce a inflación.  Por lo menos, no a una similar a la del pasado, sino a una más baja.

 

Finalmente, debemos pensar que si llegamos hasta aquí por este camino, nada permite pensar en un resultado distinto sin variar la actual política.