por Juan Carlos Latrichano – 12 ago 2019

 

Es imperioso terminar con la grieta.  Nuestra población merece soluciones, no peleas.  El oficialismo deberá tomar nota del mandato de las urnas.  Creo que el resultado de ayer es concluyente.  Octubre es casi innecesario.  Corresponde que el oficialismo llamé a la oposición para fijar un plan de transición.  La oposición debe tener claro que la cordura debe venir de la mano del triunfo.  No hacerlo, equivale a incrementar el sufrimiento de los humildes y el de la clase media.  Más allá de las consideraciones morales, no hacerlo puede traer consecuencias irreparables.

 

El programa económico debería contener, por lo menos, los siguientes puntos:

 

1.Nombramiento de un Jefe de gabinete y un Ministro de economía elegido por consenso.

2.Mantener la paridad del dólar mediante el uso de las reservas.

3.Bajar la tasa de las Leliqs 20 puntos, sacándolas del encaje remunerado para que las tomen los ahorristas.

4.Relajar la pauta de emisión monetaria cero, para asignar recursos para la reactivación.

5.Administrar el comercio exterior, prohibiendo la exportación de alimentos.

6.Suprimir la dolarización de las tarifas energéticas y del combustible.

7.Fijar un aumento fijo de salarios y haberes jubilatorios.

8.Fijar un programa de precios cuidados.

9.Reponer derechos de exportación porcentuales y específicos, en lugar de fijos y generalizados.

 

 

por Juan Carlos Latrichano – 10 ago 2019

 

La campaña política dio lugar a que se digan algunas cosas inexactas.  Entre ellas, que el país hace ocho años que está estancado.  Si esto fuese cierto, significaría que desde el punto de vista de los resultados, el actual Gobierno y el anterior son similares.  Indudablemente, esta ha sido hasta aquí la estrategia de la mayoría de las fuerzas minoritarias, apuntada a saltar la grieta.

 

Frente a esto, cabe reflexionar acerca del desempeño del Producto Bruto Interno a valores constantes.  Al respecto, debemos decir que en los últimos 4 años de la gestión anterior, aunque tenue, hubo un crecimiento del 1,5%.  En cambio, en la gestión actual, estimando una caída del 2% para el año en curso, tendríamos una caída del Producto cercana al 4%.

 

Claramente vemos que una suba del 1,5% no es igual a una caída del 4%.

 

Desde luego, las políticas aplicadas son distintas.  Mientras la gestión anterior expandía el consumo, la actual lo comprime.  La desigual marcha del salario real y la de los haberes jubilatorios explica la enorme diferencia.

 

El impacto de una y otra política también luce distinto.  En efecto, en estos últimos años el desempleo ha crecido en forma significativa.

 

Finalmente, debemos señalar que al cierre del año 2015, no existía la sensación de depresión económica que se advierte en la actualidad.  Sensación que nos hace pensar que la reversión de esto no sea posible.  Menos aún con las políticas en curso.

 

 

por Juan Carlos Latrichano – 23 jul 2019

 

No son pocos los analistas económicos que piensan que el Gobierno cometió errores groseros en la política económica.  Si repasamos las medidas adoptadas, vemos que existe un paralelismo con las que condujeron  al país hacia la crisis 2001.

 

Utilizando el juego de las siete similitudes (juego opuesto al de las siete diferencias, que publicaba el diario La Razón), observamos las siguientes:

1.Tipo de cambio único.

2.Eliminación de medidas de administración del comercio exterior.

3.Utilización del camino del endeudamiento externo.

4.Incidencia del FMI en la economía.

5.Destrucción de la industria, entre otras cosas, por la entrada de bienes importados.

6.Eliminación de derechos de exportación diferentes para cada tipo de producto.

7.Libertad cambiaria y librecambismo.

 

Vale recordar el pensamiento de Einstein, relativo a que si hacemos las mismas cosas no podemos esperar distinto resultado.

 

Resta preguntarnos, entonces, cómo se justifica esta política.  Al respecto, debemos tener presente que a los países centrales les sirve, y mucho, nuestro librecambismo.  En efecto, el mismo nos lleva a la dependencia.  De los países centrales, claro.

 

 

por Juan Carlos Latrichano – 31 jul 2019

 

Tanto tiempo aplicando la política de tasas de interés elevadas con dólar bajo, ha hecho que esto parezca normal.  Es por ello que resulta necesario explicar los rasgos anormales que presentan estas dos variables.  Con respecto a  la tasa de interés que se aplica para las operaciones crediticias, debemos señalar que la misma se halla muy por encima de la inflación.  Ello hace que estemos frente a una tasa real (Tasa nominal menos Tasa de inflación) sensiblemente superior a la que se aplica en todos los países.  Con esto, todo proyecto productivo se vuelve inviable.  Al mismo tiempo, el Banco Central gasta fortunas en concepto de intereses pagados a los bancos por las Letras de Liquidez (Leliqs).

 

La pésima marcha de la actividad económica confirma el impacto negativo de la tasa de interés.

A su vez, la tasa frena el ascenso del dólar.  En estos últimos meses, el tipo de cambio creció muy por debajo de la inflación.  La consecuencia es un valor del dólar atrasado.  Este fenómeno es perceptible en el comportamiento de la balanza comercial.  En efecto, si bien el saldo de la misma es positivo, debemos apuntar que ello sucede debido a una enorme caída de las importaciones.  Esto último ocurre en medio de la baja de la tasa de actividad económica.

 

La economía se halla entrampada porque si crece, las importaciones aumentan y el saldo positivo se convierte en negativo.  Esto último vulneraría el objetivo de obtener dólares comerciales para atender los pagos que tiene que hacer nuestro país.  Para aquellos que no les convence la idea de que el dólar está atrasado, les sugiero que miren el comportamiento del índice del tipo de cambio multilateral real.

 

¿Cómo se sale de esta encerrona?

Elevando el tipo de cambio a un valor compatible con el crecimiento de la economía y con saldo de balanza comercial positivo y acorde a las necesidades de dólares comerciales.

 

Desde luego, corresponde devaluar acompañando este acto con medidas que eviten el traslado a precios.  Entre ellas, la desdolarizaciòn de tarifas, impuestos a la exportación de alimentos y un acuerdo de precios y salarios por 180 días.

 

La baja de la tasa de interés se sostendrá con una baja sensible de la tasa de inflación, derivada del citado acuerdo de precios y de la quietud cambiaria de mediano plazo que se lograría por la mayor oferta de dólares comerciales.

 

 

por Juan Carlos Latrichano – 18 jul 2019

 

Recientemente, el Gobierno difundió los datos correspondientes al resultado fiscal del mes de junio y al del primer semestre.  Si se mira el resultado primario, el que no incluye los intereses de la deuda pública, estamos ante un éxito indiscutible.  En efecto, en el primer semestre del año se obtuvo un superávit, mientras que en igual período del año pasado el resultado había sido deficitario.  Esto fue celebrado intensamente por los medios oficialistas.  Sin embargo, si analizamos el resultado financiero, el que incluye los intereses, advertimos lo siguiente:

 

a) Ambos semestres presentan déficit.

b) El semestre correspondiente a este año presenta una leve mejora relativa (el déficit pasó de ser del 1,7% del PBI al 1,3%).

 

Cabe destacar que los intereses experimentaron este año una suba del 118,4% comparado con igual período del año pasado.  A su vez, si ampliamos el análisis vemos que la pequeña mejora se explica por el crecimiento del ingreso en concepto de recursos de capital.  Los mismos crecieron un 3.067%.  Cabe mencionar que esos recursos se obtuvieron por la venta de bienes de empresas públicas y por transferencia del Fondo de Sustentabilidad del Anses; este último, para atender los gastos jubilatorios de la Reparación histórica.  Si descontamos estos ingresos extra, tenemos que el tamaño del déficit es similar.

 

Desde luego, esta igualdad se da tras un ajuste de los salarios de los empleados públicos y de los haberes jubilatorios.

 

En resumen, todo el esfuerzo fue para pagar intereses.