por Leonardo Saphir – 03 sep 2021
Definición: actividad humana que se dedica al estudio de las causas tecnológicas que aceleran la evolución del mundo y la previsión de su futuro. Hay innumerables definiciones, pero me quedo con esta que es bien sencilla y comprensible. Más cuando mi pretensión es llegar al término medio de los lectores e incluso llegar a los más pequeños, que a edades muy tempranas tienen la imaginación necesaria para el desarrollo posterior de la creatividad. Y más aún (sin tener pruebas “científicas” que lo aseguren), es la base de grandes inventos que potenciaron aquella evolución.
Otra aclaración: tengo desde hace años un método, casi diría religioso, de comenzar de la nada e ir complejizando el relato hasta llegar a realidades más elaboradas. Bien son conocidos los métodos científicos que se basan en los conocimientos ya adquiridos para formular sus teorías. En cambio, al comenzar de la nada, como es el caso de la Biblia u otras fuentes iniciáticas, donde la creación del universo tiene origen en el vacío, el silencio, la oscuridad, el reposo, el cero u otras manifestaciones análogas, no requieren de un pasado.
Primeras afirmaciones que pueden decirse axiomáticas, ya que son tan evidentes que no requerirían explicación. Y coloco el condicional porque existe la fe en una explicación divina de una inteligencia superior. Para los estudiosos de la antimateria, otros seres extraterrestres o los multiversos, los mismos, si existieran, son parte de este universo que aparentemente tiene 13.700 millones de años (descontando el tiempo de formación de la energía del llamado Big Bang).
Empecemos a recorrer el camino del tiempo, del espacio y de las otras dimensiones formuladas.
por Juan Carlos Latrichano – 10 feb 2021
En primer lugar, considero necesario describir un par de problemas visibles en las economías de los países periféricos en general y del nuestro en particular. Los mismos son:
1. Ciclos interminables de parada/arranque
2. Enfermedad holandesa
El ciclo de parada/arranque tiene que ver con el cuello de botella que experimenta la economía en oportunidad en la que se produce el crecimiento. El mismo acarrea un incremento de las importaciones (que son una función positiva de la producción), habitualmente no correspondido por un crecimiento proporcional de las exportaciones. Esto hace que se deteriore la balanza comercial provocando salida de divisas, lo que lleva fatalmente a la necesidad de realizar un ajuste recesivo (fiscal y/o monetario y/o devaluatorio). El ajuste hace caer la producción, lo que provoca reducción de las importaciones. Estamos en el momento de la parada. En la misma se recomponen las divisas restaurándose la confianza. Esto permite pasar hacia el arranque, en el que la economía crece y se vuelve a la situación original.
En algunas oportunidades, el ciclo se evita apelando al endeudamiento de origen externo. En este caso, no hace falta el ajuste recesivo porque las divisas faltantes las provee el sector financiero. En la década del noventa, precisamente eso fue lo que ocurrió. Desde luego, el endeudamiento no puede ser utilizado en forma ilimitada. Cuando ello no se tiene en cuenta, fatalmente se cae en un default. Esto ocurrió a fines del año 2001.
La enfermedad holandesa se produce cuando uno o más productos con ventajas comparativas determinan la paridad cambiaria de equilibrio en un nivel tal que satisfaga sus rentabilidades. Desde luego, la paridad de equilibrio deja afuera a la mayoría de los productos. En nuestro caso, las materias primas (cereales, oleaginosas etc.) son las que tienen ventajas comparativas. Si ellas determinan la paridad de equilibrio, la mayoría de los bienes industriales, especialmente aquellos con mayor valor agregado, enfrentan los siguientes problemas:
1. Tienen escasa posibilidad de exportar
2. Reciben competencia de productos extranjeros
Estos problemas se producen porque la paridad de equilibrio para las materias primas resulta baja para los bienes industriales. Esto favorece la importación y desestimula la exportación de este tipo de productos.
¿Cuál es el remedio para este tipo de problemas?
En el caso del ciclo de parada/arranque, el incremento de los aranceles de importación. Esta medida puede ser acompañada por otras de carácter directo, por ejemplo, medidas apuntadas a limitar el volumen de importación (declaraciones juradas anticipadas de importación). Colateralmente, otro mecanismo habitualmente usado para ahorrar divisas concierne al control cambiario (ejemplo: límites a la venta de divisas a particulares).
En el caso de la enfermedad holandesa, el mecanismo comúnmente utilizado concierne a los derechos de exportación aplicables sobre las materias primas. Este procedimiento determina distintas paridades de equilibrio. Una paridad más alta para los bienes industriales (no se les aplican derechos de exportación) y más baja para las materias primas. Esto hace que las exportaciones de bienes industriales sean posibles, al tiempo que se limitan las importaciones de los mismos. Desde luego, los aranceles de importación complementan esta política.
A efectos de ir a parámetros más claros, establezco las diferencias entre la década del noventa y la iniciada en el año 2003 y finalizada en el año 2015. Particularmente esta última, presenta entre los más significativos, los siguientes agregados:
1. Se aplicaron derechos de exportación
2. Se establecieron restricciones a la importación (declaración jurada anticipada de necesidades de importación)
3. Se establecieron medidas restrictivas en el mercado cambiario
¿Cómo se correlaciona esta observación con la economía real?
De manera muy sencilla. En la década del noventa el crecimiento venía acompañado con déficit de la balanza comercial. Esta situación se invertía cuando se producía una caída de la economía. En la economía 2003/2015 fue posible crecer con superávit de la balanza. Enorme diferencia lograda, a mi modo de ver, por los impuestos al comercio exterior, las restricciones a la importación y el control cambiario. Desde luego, el resultado final reside en la diferencia entre los consolidados de la cuenta corriente del balance de pagos. Tanto en la década del noventa como en la de 2003/2015 se creció. La enorme diferencia está en el resultado de dicho balance. En la década del noventa vemos un enorme déficit. En la otra un superávit significativo.
por Juan Carlos Latrichano – 15 feb 2021
La muerte del expresidente Carlos Menem, reeditó la discusión acerca del valor del Plan de convertibilidad implementado en la década del noventa.
Indudablemente, al fijar la paridad del tipo de cambio en un dólar igual a un peso, y determinar por ley que toda emisión monetaria debía estar respaldada por reservas en divisas, se logró el tránsito de la hiperinflación a una inflación promedio del 1% anual. En forma previa, y Plan bonex mediante, se ponía fin al monetarismo puesto en marcha por la dictadura militar.
La convertibilidad había sido pensada para aplicar por dos años, pero se mantuvo hasta la explosión del año 2001. Las contraindicaciones del plan fueron varias. Las más relevantes conciernen al déficit crónico de la balanza comercial que impactaba en un endeudamiento externo terrible e insostenible.
La crisis citada puso fin a esta locura, devaluación mediante.
por Juan Carlos Latrichano – 05 ene 2021
El año 2020 cierra superando holgados problemas. Comparado con el 2019 tenemos dos enormes condicionantes:
1. La falta de provisión de fondos externos, hecho que se produjo a partir de octubre 2019 y que se mantuvo durante todo el 2020.
2. La presencia del coronavirus desde marzo de ese año, afectando nuestra economía desde esa fecha hasta el cierre.
El primer problema significó una pérdida incesante de reservas, dado que los pagos en moneda extranjera no tenían refinanciación. Al mismo tiempo, el Gobierno acordó con los acreedores privados un estiramiento de plazos con reducción de intereses. A la fecha, resta acordar un plan similar con el Fondo Monetario Internacional. En el año 2019 el Gobierno anterior tuvo acceso al crédito externo.
En cuanto a la pandemia, debemos señalar que en los primeros meses obligó a parar una gran cantidad de actividades económicas, destacando que algunas de ellas siguen en ese estado a la fecha. Indudablemente, esto hizo necesario disponer de políticas fiscales y monetarias expansivas. Desde luego, esto provocó un impacto fiscal muy negativo acompañado de una expansión monetaria fuerte. Todo hacía prever una inflación descontrolada, fundamentalmente tras los análisis de los economistas ortodoxos. Sin embargo, no fue así. La inflación del 2020 será mucho más baja que la del año 2019. Al mismo tiempo, la devaluación del peso frente al dólar oficial fue también sensiblemente inferior.
Cabe destacar que el balance de pagos luce en los primeros tres trimestres del año 2020 con un saldo positivo superior a los 4.000 millones de dólares, dato que contrasta con un déficit en 2019 cercano a esa cifra. Los datos que empeoraron corresponden a la economía real. Empero, en los últimos meses se advierte una mejora significativa, que de continuar mostraría bases para un despegue efectivo a partir del presente año.
En resumen, si todo resulta conforme a lo previsto, el año nuevo arranca sin las limitantes estructurales del anterior. Me refiero a la pandemia y al default, vacuna y acuerdo mediante.




