por Juan Carlos Latrichano – 30 may 2019

 

 

El Presidente de nuestro país suele repetir hasta el cansancio que este es el único camino.  Sostiene que después de los sinsabores vividos tendremos el país soñado.

 

En primer lugar, debemos señalar que entre adultos debemos ser explícitos.  No basta con decir “vamos bien”.  Corresponde detallar qué pasos se darán y en qué momento se producirá la reversión de la caída de la actividad económica para comenzar a transitar el crecimiento.

 

En segundo lugar, es lógico que sospechemos que el éxito esperado forme parte de las buenas intenciones.  Quizás el Gobierno no pone más fechas futuras porque cada vez que lo hizo fracasó.  Es más, se confesó que no volvían a hacerlo para no volver a errar en los pronósticos.

 

Más allá de todo esto, procede preguntarnos:

 

¿Existen posibilidades de retomar el crecimiento con esta política económica?

Todo parece indicar que no.  La política monetaria y fiscal impide pensar en crecimiento.  La tasa de interés que se aplica en nuestro país confirma esta hipótesis.  El actual Gobierno, al cumplir los cuatro años de mandato, lo hará con tres de caída y uno solo de suba.  El PBI por habitante habrá caído de manera significativa.

 

¿Cuál es la raíz de todos los problemas expuestos?

El manejo del tipo de cambio.  Cuando este sube, la dolarización de las tarifas enciende los precios.  La falta de límites para la exportación de alimentos complementa este mal.  Por ello, se le pone freno a la suba del dólar de cualquier modo.  La brutal tasa de interés va en línea con ese objetivo.

 

¿Qué hacer para salir de esta trampa?

Primero, armar un plan consistente.  Luego, consensuarlo.  El mismo, entre otras cosas, debe desdolarizar las tarifas y limitar las exportaciones de alimentos.  Luego, devaluar previo acuerdo de precios y salarios.

 

De este modo, las exportaciones encienden el motor del crecimiento.  También lo hará la caída de las importaciones.  Provocada, en este caso, por el mayor tipo de cambio.  En lugar de lo que ocurre en la actualidad, donde la baja de importaciones se produce por caída de la actividad económica.

 

PS: El exministro de economía Prat Gay dijo recientemente que quiso consensuar un plan con la oposición y el Jefe de Gabinete, señor Peña, se opuso.

 

 

por Juan Carlos Latrichano – 24 may 2019

 

 

Los datos de la balanza comercial del mes de abril muestran que si bien se obtuvo un superávit de 1.131 millones de dólares, el mismo se produce fundamentalmente por una fuerte caída de las importaciones.  En efecto, en este rubro se registró una merma del 31,6% con relación a igual mes del año pasado.  Desde luego, la caída de la actividad económica contribuye.  Con ella, la demanda de insumos industriales y la de bienes tecnológicos cae.

 

Por otra parte, las exportaciones experimentaron una suba leve del 1,7%.  Particularmente, las exportaciones de bienes primarios crecieron un 18,8%; en tanto que las manufacturas de origen agropecuario cayeron un 5,6% y las de origen industrial un 2,3%.

 

Si la economía se reactivase, veríamos la inmediata reversión del superávit a déficit y el mantenimiento de los síntomas de “enfermedad holandesa” que se observan al ver el desempeño de los rubros exportadores.

 

Está siendo hora de pensar en reactivar la economía.  Para que ello no haga crisis, será necesario alinear la política cambiaria y comercial.  En este último caso, eliminando el impuesto uniforme a las exportaciones, reemplazándolo con uno heterogéneo, que grave a los primarios y exima a los bienes industriales.

 

 

por Juan Carlos Latrichano – 10 may 2019

 

 

Salir de la recesión o en su defecto caer en depresión.  Si la recesión se mantiene corremos el serio riesgo de caer en depresión.  La diferencia reside en que de esta última la salida es más compleja.  Particularmente, todas las fuerzas productivas tienden a bloquearse. Para que esto no ocurra, es necesario reactivar la economía.  En primer lugar, se debe actuar contra la inflación.  Para ello, resulta vital formularnos dos preguntas:

 

1. ¿Por qué siguen subiendo los precios a pesar del control monetario?

2. ¿Cómo frenar la suba de precios y al mismo tiempo iniciar la marcha ascendente de la economía?

 

Los precios siguen subiendo motorizados por la puja distributiva.  Los asalariados buscan recuperar lo perdido y los empresarios trasladan las subas a precios.  Los ajustes tarifarios contribuyen a esta aceleración.  El control monetario resulta poco efectivo.  En medio de ello, a igual cantidad de moneda y suba de precios, la demanda de bienes cae.  Junto con ella, cae la producción.  Es la recesión que parece haber venido para quedarse.

 

Para frenar la suba de precios y salarios hace falta un acuerdo social con todas las fuerzas políticas, sindicales, empresariales y sociales.  El Estado debe presentar un plan consistente que tome en cuenta las observaciones de cada uno de los actores.  Ajuste cambiario no trasladable a precios y emisión monetaria dirigida a poner en marcha la producción, son dos políticas improrrogables.

 

Luego cabe esperar el ruido de arranque de los motores.

 

 

por Juan Carlos Latrichano – 19 may 2019

 

 

El título de este escrito y el escrito mismo vienen en carácter de respuesta al libro de Javier Milei y su socio, Diego Giacomini, titulado “Libertad, libertad, libertad”.  Los autores recuerdan con nostalgia los tiempos del modelo agroexportador y ponderan como exitosa la Convertibilidad de Cavallo.  Eso lo ha expresado en reiteradas oportunidades el señor Javier Milei, en reportajes televisivos.

 

Desde luego, para ellos el insumo central es la libertad económica y una política librecambista en la que la industria no tiene lugar.  En resumen, son partidarios indistintamente de los siguientes modelos alternativos:

a) Modelo agroexportador, vigente entre 1881 y 1945.

b) Modelo financiero impuesto en 1976 y perfeccionado con Cavallo en 1991.

 

Rechazan, desde luego, el modelo industrial vigente entre 1946 y 1975.  A mi modo de ver, incurren en las siguientes imprecisiones:

a) El modelo agroexportador fue superado por los cambios internacionales y por cuestiones inherentes al flojo desempeño externo.

b) El modelo financiero condujo al país a la peor crisis de su historia (año 2001).

c) El modelo industrial acercó la producción del país a la de los países centrales.

 

Por eso la consigna no es libertad.  La consigna es industria.

 

 

por Juan Carlos Latrichano – 04 may 2019

 

Partimos analizando el tema de referencia desde el año 1881 (fecha en la que se inicia la organización nacional) hasta ahora.  Al respecto, tomamos las siguientes etapas:

 

a) Modelo agroexportador (1881 a 1943)

b) Modelo industrial (1944 a1975)

c) Modelo financiero endeudante (1976 a 2002)

d) Modelo industrial segundo intento (2003 a 2015)

e) Modelo financiero endeudante versión 2 (2016 a la fecha)

 

El modelo agroexportador se basó en el ingreso de capitales extranjeros, la inmigración, especialmente de italianos y españoles, que trajo la experiencia en agricultura, sumado a la mayor cantidad de tierras a explotar a partir de la conquista del desierto.  Hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial, el ratio PBI de Estados Unidos por habitante en dólares, con relación a nuestro PBI, presentaba una mejora enorme.  El crecimiento de nuestra producción era récord.  Al mismo tiempo, el déficit de la cuenta corriente del balance de pagos mostraba el costado delicado.  En 1910, nuestra deuda externa era un tercio de la de América Latina y el capital extranjero era el 50% del capital total (en 1860 era 0%).  Además, se presentaba un riesgo de índole externo.  A la dependencia del capital y endeudamiento externo se le sumaba el riesgo de que el mundo industrial dejase de proveer las mercaderías que demandaba la población.  Ello sucedió con la Primera Guerra Mundial, la crisis de 1929 y la Segunda Guerra Mundial.  Se  hizo necesario, entonces, la creación de algunas industrias locales.  Cabe agregar que hasta la expiración del modelo agroexportador, se produjo una desaceleración del ritmo de crecimiento, al tiempo que el aludido ratio que refleja el cociente del PBI de Estados Unidos con el de nuestro PBI, empeoró ubicándose en un valor similar al del momento previo a la aplicación del modelo agroexportador.

 

El modelo industrial aplicado entre 1944 y 1975 consistió en una suma de políticas que subsidiaron la industria.  El ratio con Estados Unidos mejoró.  En dicha etapa, se comenzó a pensar en un modelo de desarrollo.

 

En la siguiente etapa comprendida entre 1976 y 2002, se inició un proceso de aliento a los bancos en detrimento de la industria.  La tasa de interés alta, el atraso cambiario y el endeudamiento en moneda extranjera dominaron la escena.  La baja de aranceles de importación hizo lo suyo.  Así llegamos a la crisis hiperinflacionaria de 1989 y al parate de la economía en 2001.  La industria que era del 30% del PBI pasó a ser del16%.  El ratio con el PBI de Estados Unidos fue el peor de la historia en el final de esta etapa.

 

A partir de 2003 y hasta 2015 se inicia un segundo intento de modelo industrial.  El desendeudamiento, un tipo de cambio competitivo y la reinstalación de subsidios a la industria hicieron que esta mejore.  La misma, creció en términos relativos un 50%.  El ratio del PBI con Estados Unidos mejoró.

 

Finalmente a partir de 2016 y hasta la fecha, volvimos al modelo financiero endeudante.  Las tasas altas tasas de interés que se aplican a las Letras de Liquidez y el crecimiento del endeudamiento me eximen de mayores comentarios.  La caída de la producción es su contracara.