por Juan Carlos Latrichano – 22 dic 2020

 

La crisis cambiaria ocurrida en el mes de octubre del presente año, mostró que el origen de la misma en parte obedecía a la merma de reservas del Banco Central.  En efecto, tanto en ese mes como en noviembre el Banco Central perdió más de 1.000 millones de dólares en cada uno de ellos.  La hemorragia lucía imparable y ello incrementaba los riesgos de una macro devaluación.  La brecha entre el dólar oficial y el paralelo se estiraba.  Desde luego, esta situación retrasaba exportaciones y aceleraba importaciones.  Los exportadores pensaban que podrían obtener mayores pesos por dólar, espera mediante, mientras que los importadores pensaban que pagaban menos pesos si aceleraban sus operaciones.

 

Ante esa situación, se adoptaron diversas medidas.  Las más relevantes fueron las siguientes:

 

1. Arbitraje de títulos en pesos por títulos en dólares.  De este modo se le quitó presión al mercado de contado con liqui.

2. Control de operaciones en cuevas.  Se detectó una compra de 40 millones de dólares correspondiente a un lavado de dinero.  El control redujo la demanda en el mercado marginal.

3. Control de salidas sin declarar de productos al exterior.  Esto permitió aumentar la oferta de dólares en el mercado oficial.

4. Emisión de títulos ajustables por dólar oficial para los exportadores primarios.  De este modo aquellos que tenían expectativas devaluatorias se cubrían con este instrumento.

5. Suba de la tasa de interés para evitar que los depósitos en pesos se pasen al dólar.

6. Disminución de la emisión monetaria para reducir la presión sobre el dólar.

 

Todo esto produjo una baja de la brecha debido a la reducción del precio del dólar paralelo.  Mágicamente, en la primera quincena de diciembre las reservas comenzaron a subir.

 

 

por Juan Carlos Latrichano – 15 dic 2020

 

Mientras el dólar azul no para de bajar, la torcida ortodoxa insiste en obtener el premio menor.  Aparecen ahora los hermanos mayores que fuman a sembrar desesperanza con un halo académico.  Son los mismos de siempre.  Ahora te dicen que la paz cambiaria se logró, entre otras cosas, por los siguientes motivos:

 

1. El apriete a las cuevas

2. La venta de títulos dolarizados

3. La represión de operaciones ilegales

4. El apriete a exportadores

5. El control de importaciones

6. El apriete a sociedades de bolsa

 

Parece ser que el control fiscal y monetario, que hasta hace poco era su mantra, ahora carece de importancia.  Son realmente patéticos.  Cuando ciertos luchadores van perdiendo, entran otros.  Parece Titanes en el Ring.

 

¿Qué dicen que falta?

Un plan económico.  Eso sí, que sea consistente.  Y mucha libertad.  No olvides que son libertarios.  Cuando se reprime algo ilegal, les parece regulacionista.  El presupuesto les parece poco.  Ahora te dicen que hay que subir la tasa de interés para que esta le gane a la inflación.  Pierden de vista que la calma cambiaria posibilita la baja de la inflación.  Además, reclaman por la falta de inversiones.  Pero se contradicen, porque si sube la tasa de interés las inversiones bajan.

 

En resumen, nos proponen lo que ya fracasó, endeudamiento mediante.  Por supuesto, a ellos esos errores no les acarrean costos.  Al contrario, obtienen ganancias.

 

 

por Juan Carlos Latrichano – 30 nov 2020

 

Parece ser que los que presagiaban una hiperinflación inminente se llamaron a silencio.  La última vez que escuché hablar de ella, aquel analista económico señaló que la hiperinflación ya no tenía que ser extremadamente alta.  Por lo tanto, dijo que una marca de 150% anual se encuadraba en esa categoría.  Más allá de discrepar con ese criterio, parece ser que aun así no se alcanzará esa marca.  Ni este año ni el que viene.  Quizás por eso dejaron de hablar de este tema.  Tenían una última carta que era la devaluación y su consiguiente traslado a precios.  Pero por ahora, nada de ello ocurre.

 

¿En qué se equivocaron?

Desde mi punto de vista, en hacer una lectura lineal de la política fiscal y monetaria aplicada al comienzo y en los primeros meses de la cuarentena.  Eso condujo a un análisis que tras proyectar el déficit inicial  como constante, arrojaba una tasa de 10% del PBI.

 

¿Qué fue lo que ocurrió?

Tal como era de esperar, a medida que la cuarentena se fue reduciendo, la política fiscal y monetaria se hizo más laxa. Así es que se proyecta para el presente año una tasa del 7% con relación al PBI.

 

¿Les queda alguna bala en el cargador?

Me atrevo a decir que les quedaba.  Decían poco tiempo atrás que la devaluación era inevitable.  Con ella, venía una suba de la inflación.  La causa que esgrimían era la brecha entre el dólar oficial y el blue.  Observaban que la misma aumentaba cada vez más.  Se fueron quedando sin argumentos cuando el dólar blue comenzó a bajar.

 

En fin.  El error parece ser la bandera de lucha de los desafortunados pronosticadores.

 

 

por Juan Carlos Latrichano – 09 dic 2020

 

En primer lugar, corresponde evaluar el impacto que tiene un endeudamiento en la economía.  Tanto al momento de contraer deuda como en la acumulación de una deuda significativa, surgen consecuencias muy negativas para la marcha de la actividad económica.

 

En efecto, si se contrae una deuda en moneda extranjera ingresan divisas, produciéndose un aumento de la oferta y ello suele deprimir el tipo de cambio.  Desde luego, se produce atraso cambiario, por lo que se contraen las exportaciones y se expanden las importaciones.  La actividad económica cae, dado que vendemos menos y compramos más.  A su vez, si la deuda toma un valor alto, se suele producir una asfixia financiera provocada por la interrupción de nuevos préstamos.  Ello, porque la deuda puede crecer hasta un cierto límite, a partir del cual comienzan las sospechas de falta de solvencia.  Las mismas activan las alarmas de los acreedores y de potenciales prestamistas.  Es por ello que se frenan renovaciones y no se producen ingresos de fondos originados por nuevos préstamos.  A partir de allí, el ajuste es inminente.  Generalmente, se frena el crecimiento para que disminuyan las importaciones y de este modo obtener superávit en la balanza comercial.

 

¿Cómo se dio este ciclo en nuestro país en los últimos años?

A partir del año 1976, nuestro país mostró nítidamente la alternancia endeudamiento/desendeudamiento.  Desde ese año y hasta la crisis de 2001, la deuda externa creció en forma significativa, especialmente en la década del noventa. El ratio deuda pública/PBI alcanzó el record del 150%.  Algunos distraídos señalan que en la previa ese ratio era del 40%.  No toman en cuenta el tremendo atraso cambiario que el país tenía tras la década del noventa.  La maxidevaluación permitió recuperar el saldo positivo de la balanza comercial con crecimiento económico.  Cabe destacar que en los años previos, el crecimiento venía acompañado de déficit de la balanza comercial.  Desde luego, la devaluación aumentó el valor de la deuda en pesos y esto hizo crecer exponencialmente el ratio señalado.

 

¿Qué pasó luego?

En el periodo 2003/2015 se inició el ciclo desendeudador.  Entre las medidas principales tenemos las siguientes:

 

1. Propuesta e implementación de quita de capital, cambio de moneda y baja de la tasa de interés.

2. Mantenimiento de un tipo de cambio alto para que ocurra el crecimiento con superávit de la balanza comercial.

3. Cancelación total de la deuda con el Fondo Monetario Internacional.

4. Cancelación de deuda en moneda extranjera con financiación en pesos.

5. Permutación de acreedores externos mediante deudas intraestado.

 

Estas medidas hicieron posible que la deuda se ubique en un 45% del PBI.  Finalmente, en el período 2016/2019 se aplicó una política opuesta a la del período anterior.  El resultado fue un aumento del endeudamiento.  El mismo alcanzó una tasa superior al 90%.  Y volvimos al default.  Quizás porque no comprendimos que tomando el camino que alguna vez nos llevó al error, nunca nos conducirá al éxito.

 

 

por Juan Carlos Latrichano – 23 nov 2020

 

La cuestión fiscal viene mejor de lo esperado.  El resultado acumulado en los diez primeros meses del año muestra, en términos relativos, una paulatina desaceleración del déficit fiscal financiero.  En efecto, mientras el acumulado del déficit fiscal financiero a agosto daba un crecimiento del 297%, el acumulado a octubre da un crecimiento del 252%. En ambos casos, comparado con igual período del año pasado.

 

Dicho esto, resulta necesario establecer el porcentaje con respecto al Producto Bruto Interno con el que puede cerrar en el presente año el déficit fiscal financiero.  Mis cálculos arrojan un estimado del 7%.  Si esto es así, se echan por tierra más de un pronóstico pesimista dados  en los primeros meses del año.  Quizás el error de los que lo produjeron, fue hacer cálculos lineales que no tuvieron en cuenta la dinámica de la cuarentena.  Por mi parte, en mi informe del 2 de junio titulado Déficit fiscal y expansión monetaria, anticipé que esto podía suceder.  En algunos puntos del mismo, que transcribo a continuación, expresé la posibilidad de reducción del déficit:

 

“1. Debido a la negociación de la deuda pública, de aquí a fin de año no se abonan intereses.  Esto está implícito en la propuesta que se le hizo a los acreedores.  2. El Banco Central le cedió al Gobierno utilidades que reducen en parte el quebranto fiscal.  3. A partir de mayo, muchas empresas, especialmente del interior del país, comenzaron a trabajar.  Y remato diciendo: Se espera que esto siga aumentando con el correr de los días.  Todo esto implica una desaceleración del déficit de aquí a fin de año”.  ¿Qué tal?

 

Así fue que los intereses bajaron aún en términos nominales, en tanto las rentas de la propiedad subieron en forma significativa.  Esto permitió que la emisión monetaria se vaya desacelerando con el correr de los meses.  Así llegamos al cierre del año con la posibilidad de que en los últimos meses no se emita dinero.  Ello debido a la reducción relativa del déficit fiscal y a la posibilidad de que el Gobierno obtenga financiación.

 

Todo esto permite, en mi opinión, contener el precio del dólar paralelo.  También incrementa las posibilidades de que se logre el acuerdo con el Fondo Monetaria Internacional.