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por Juan Carlos Latrichano - 14 sep 2018

 

 

El Gobierno intenta llevar la situación económica hacia el equilibrio, sin alcanzar hasta aquí el resultado esperado. Entre otras cosas intenta frenar la suba del precio del dólar a partir de que el valor actual de 40 pesos luce apropiado para obtener una mejora en el desempeño de la balanza comercial.

Para ello maneja una tasa elevada para la captura de pesos y una emisión de letras de tesorería en dólares a corto plazo y con una tasa anual del 7%.  Además, interviene a través del Banco Central vendiendo divisas para frena su suba.  No obstante todo eso, el precio del dólar sigue ascendiendo.

Indudablemente, el mercado sospecha que existen desequilibrios de muy difícil remoción.  El fiscal presenta uno de ellos.  Si bien el Gobierno preparó un  programa de ajuste, es bien sabido que en recesión la recaudación cae y esto conspira contra ese objetivo.  Al mismo tiempo, las sucesivas devaluaciones aumentan los gastos por subsidio a las tarifas, atento a que las mismas están dolarizadas.  A esto se le añade la suba incesante de la deuda pública, con su consecuente aumento en el pago de intereses.

A su vez, el equilibrio externo resulta dudoso toda vez que la inflación va licuando la ventaja competitiva proveniente de la devaluación.

 

Parece muy cierto ese principio que dice que si algo se hace mal, saldrá mal.