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por Juan Carlos Latrichano - 01 oct 2018

 

 

El Gobierna intenta domar la inflación mediante una dieta monetaria estricta. Al respecto, elevó la tasa de encaje un 3% y se comprometió a no emitir circulante hasta junio del año próximo. El tratamiento dispensado al problema inflacionario omite atacar las causas estructurales. Entre las más relevantes tenemos la devaluación del peso.

 

Sin dejar de reconocer uno de sus orígenes en causas fiscales, debemos entender que el déficit externo que el país viene teniendo a la altura del saldo de la cuenta corriente del balance de pagos, contribuye y mucho con el aumento del precio de las divisas. Cabe aclarar que dicho déficit es significativo y creciente. Supera los 30.000 millones de dólares anuales. Esto sin duda aumenta la demanda de divisas.

 

¿Qué puede corregir el control monetario?

Solo una parte. El resto, concerniente a lo externo, sigue su curso. Luego de ello, las tarifas y el combustible suben por la devaluación. Desde luego los precios no ceden.

 

¿Entonces, qué pasa?

La recesión parece inevitable. Y atención, que puede transformarse en depresión. Esto es, una caída de la actividad económica de muy difícil salida.