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por Juan Carlos Latrichano – 27 sep 2019

 

Al final se confirmó lo que la mayoría sospechaba.  El FMI no entrega por el momento, el monto de 5.400 millones de dólares.  El Gobierno vuelve de Estados Unidos con las manos vacías.  Indudablemente, esta decisión apunta a por lo menos dos objetivos:

a) Entregar dicho monto al Gobierno que resulte electo en los comicios del 27 de octubre.

b) Evitar que el actual Gobierno despilfarre el monto señalado, especialmente mediante fuga de capitales.

 

El primer punto perseguiría que el Presidente que resulte electo concurra a reunirse con el FMI, ligando la entrega o no de los fondos pendientes al resultado de la negociación.

 

El segundo punto persigue que el actual Gobierno extreme los controles cambiarios.

 

Al respecto, se conoció que algunas personas habrían sobrepasado el límite de 10.000 dólares mensuales.  Lamentablemente, mi sospecha relativa a la laxitud de controles existentes tuvo asidero.  Esta gestión los desarmó.  Ajustar esto para reducir la salida de divisas e intensificar la entrada (se volvió a crear en el BCRA la Gerencia de Exterior y Cambios) vía control del ingreso por parte de los exportadores en el plazo estipulado por las nuevas normativas, constituye una política que luce más saludable.

 

Mientras tanto, la nave va.  El puerto es el 27 de octubre.