por Juan Carlos Latrichano – 27 feb 2020

 

Hay dos elementos centrales que deben considerarse a la hora de elaborar un plan económico.  Uno concierne a lo financiero y el otro a la solvencia.  Si aplicamos esto para el caso de la deuda pública, lo financiero persigue que el programa de pagos esté distribuido en el tiempo y que le permita al país afrontar los vencimientos sin sofocones.  La situación actual presenta vencimientos muy concentrados imposibles de afrontar.  Este es uno de los temas que el Gobierno está intentando renegociar con los acreedores.

 

El otro elemento, la solvencia, analizado también para el caso de la deuda pública, apunta a dos cosas.  Una, a la proporción que tiene la deuda con respecto al producto; y la otra, su evolución en el tiempo.  Cuando la deuda se acerca al 100% del producto, luce preocupante.  Y si además su evolución muestra una tendencia a incrementar ese porcentaje, es más preocupante aún.  La situación actual presenta una tasa cercana al 100% con tendencia a incrementarse debido a que la tasa de interés excede holgadamente a la tasa de crecimiento del Producto.  Desde luego, el resultado fiscal no compensa esa diferencia.

 

Atento a estas consideraciones, la otra parte de la renegociación con los acreedores apunta a una quita, para bajar el porcentaje; y a una baja de la tasa de interés, compatible con el objetivo de que el nivel de endeudamiento vaya bajando.

 

Todo lo demás es cháchara.