por Juan Carlos Latrichano – 17 mar 2020

 

Si bien falta analizar la letra fina de las nuevas medidas económicas,  podemos estimar qué incidencia tendrán las mismas en la economía real.  Particularmente, luce como principal la medida que arbitrará  el Banco Central tendiente a expandir más de 300.000 millones de pesos,  seguramente mediante una baja de la tasa de efectivo mínimo estimativamente de un 7 %.  Cabe señalar que la cifra señalada se aproxima a un 20% de la Base Monetaria.

 

La pregunta por el millón apunta a determinar si esta medida activará definitivamente la alicaída economía nacional.  Al respecto, cabría pensar que puede ocurrir ser un shock reactivante.  Desde luego, si esto se produce, la duda central es como le pegarían estas medidas al saldo de la balanza comercial.  A priori, dado el aumento que experimentarían las importaciones, esto provocaría una fuerte disminución del superávit comercial de estos últimos meses.  Para evitar este suceso, sería necesario administrar el comercio exterior apuntando principalmente a sustituir importaciones con producción  local.  De este modo no se alteraría la entrada de dólares.  Siendo esto así, la devaluación quedaría acotada junto con el riesgo inflacionario.

 

Al mismo tiempo, hay un conjunto de medidas fiscales reactivantes (bono a jubilados con la mínima, asignación universal, etc.).  Resta conocer que ocurrirá con el tratamiento de la deuda pública.  Enorme desafío.  No es para cualquiera convencer a los acreedores de que la reactivación les asegura el cobro.