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por Juan Carlos Latrichano – 03 abr 2020

 

Parece una pesadilla pero no lo es.  Es una perversa realidad.  Después de un brutal esfuerzo que estuvo haciendo la población, alrededor de la llamada cuarentena, ocurrió lo que ocurre cuando los que deciden son insensatos criminales: se rompió el aislamiento, debido a la inmensa cantidad de gente que se movió y se moverá  en pos de cobrar su jubilación  o asignación en los bancos.

 

¿Tan difícil era prever esta situación?

Desde luego que no.  A los ejecutivos de los bancos no les da la cabeza para repartir la gente por fracción de tiempo, por ejemplo, en función de la primera letra del apellido.  Son masters en el exterior de cualquier cosa, menos en conurbano.

 

¿Y el presidente del Banco Central?

Si tiene un poquito de dignidad, debiera renunciar.  ¿Motivos?  Por inútil.  ¿Es tan difícil propiciar una circular del Banco Central ordenando a los bancos que organicen los pagos?  Para nada.  Mientras tanto el señor presidente del BCRA sigue echando nafta al fuego.

 

¿Por qué?

Porque no propicia una normativa que les regule a los bancos el modo de otorgar crédito a las PYME para el pago de sueldos.

 

O acabamos con él o él acaba con nosotros.  Señor Presidente de la República, teléfono para usted.