por Juan Carlos Latrichano – 09 abr 2020
Parece que la estrategia aplicada por nuestro Gobierno para contrarrestar la pandemia está resultando exitosa. Al respecto, basta con comparar los resultados obtenidos con los de otros países, sean ellos desarrollados o no. Sobre este punto existe un consenso amplio entre la mayoría de las fuerzas políticas.
Desde luego, la cuarentena aplicada hasta acá y la que se aplicará en adelante, produce su impacto negativo en la economía. Y quizás aquí es donde el consenso desaparece. El Gobierno decidió inyectar liquidez para que no se rompa la cadena de pagos y para que los sectores más vulnerables tengan, aunque parcial, algún tipo de compensación.
¿Qué dicen en forma reiterada los comunicadores de los medios masivos?
Que en el primer trimestre del año la emisión monetaria fue de más de 300.000 millones de pesos. Esto da lugar a que algunos economistas libertarios comiencen a pensar en riesgos hiperinflacionarios.
Al respecto, debemos señalar que la Base Monetaria creció un 15% en el primer trimestre de este año. Esa tasa no puede traer consecuencias hiperinflacionarias. Por otra parte, la cantidad de dinero en poder del público creció en alrededor de 100.000 millones de pesos, representativo de un 10% del saldo al cierre de diciembre 2019. La tasa mensual fue del 3.2%. Como se ve, muy alejada de una tasa que pueda provocar un proceso hiperinflacionario.
La diferencia de expansión de la base monetaria y la del dinero en poder del público se situó en los saldos de los bancos en el Banco Central. Precisamente, esa diferencia es la que el Gobierno pretende que los bancos le presten a las empresas. De este modo, el crecimiento monetario mensual sería del orden del 5%. Además de no producir hiperinflación, cabe agregar que al orientarse a la producción, puede impactar en una parte en crecimiento de bienes, en lugar de ir todo a precios.
¡¡¡Sembradores de pánico!!! Basta de aterrorizar a la población.