por Juan Carlos Latrichano – 13 abr 2020
El economista Javier Milei suele señalar en sus apariciones televisivas, que el modo de redistribuir el gasto público sería eliminar las filtraciones, reasignando los fondos ahorrados hacia el gasto social. En las actuales circunstancias, los fondos ahorrados servirían para asistir a las pymes y a los cuentapropistas.
¿Pero qué son las filtraciones?
Milei suele mover mano y dedos como intentando demostrar que las filtraciones son robos. Refiere inequívocamente a corrupción de los políticos. Al respecto, sabemos que el BID (Banco Interamericano de Desarrollo) hizo una estimación de las filtraciones para los años 2015 y 2016 y señaló que la región con mayores problemas es América Latina, quien presenta un 4.2% del PBI. Particularmente en nuestro país, ese porcentaje es del 7.2%. De acuerdo con esto parecería que hay un monto importante para reasignar.
¿Cómo calcula el BID la tasa de filtración de los países?
Si bien no se conocen detalles, se sabe que toman en cuenta el tamaño del gasto público con relación al PBI. En ese sentido nuestro país tiene, por ejemplo, 15 puntos más que Chile.
¿Acaso esto es ineficiencia y/o corrupción?
La respuesta está en el costo de la educación en Chile y su contraste con nuestra educación pública. Ni hablar del tema salud. Por lo tanto, ese país gasta muy poco en esos conceptos. Nuestro país, en cambio, gasta mucho. La población chilena tiene un costo enorme por esos conceptos. La nuestra, especialmente la de los sectores humildes, la recibe gratis.
Quizás el tema del coronavirus diluyó las tensiones sociales que había en Chile, provocadas por la enorme desigualdad social y el costo de la educación y la salud, entre otras cosas.
Son indudablemente filtraciones. Filtraciones de sinvergüenzas, que se aprovechan de la ignorancia o la connivencia de quienes los interrogan.