por Juan Carlos Latrichano – 27 may 2020

 

Los países centrales mantienen insistentemente aquel dicho que expresa, “hacé lo que te digo, no lo que hago”.  Esto sucede en varias cosas, especialmente cuando desde sus usinas de saber nos educan acerca de que lo mejor es abrir nuestras economías al comercio exterior eliminando impuestos y demás regulaciones a la importación.  Es sabido que esta enseñanza la omiten a la hora de aplicarla para el ingreso de nuestros bienes primarios.  En general, para estos productos aplican una batería de medidas tales como subsidios a la producción, aranceles y medidas sanitarias.  Recordemos que hasta no hace mucho, Estados Unidos impedía el ingreso de nuestros limones.

 

Cada vez que se hace una Ronda de Comercio motorizada por la OMC (Organización Mundial de Comercio), los representantes de los países centrales piden que se bajen los aranceles de importación de los bienes industriales.  Todo termina intempestivamente cuando los representantes de los países subdesarrollados piden análogas medidas para los bienes primarios.

 

Así son las cosas.  En el año 2018, Estados Unidos aplicó aranceles elevados para nuestro biodiésel porque el mismo ingresaba, según sus puntos de vista, en condiciones de dumping.  El argumento era y es que en nuestro país eliminamos gran parte del impuesto a la exportación  de soja, y que eso hizo competitivo ese producto.  Nada que ver con lo que se define como dumping.  Este existe si el producto tiene en el país de origen un precio superior al que se vende en el país importador.  Eso suscita la sospecha de que se quiere ganar un mercado en forma monopólica a partir de intentar destruir a los productores locales.

 

En estos días, la decisión de Estados Unidos fue reiterar la medida de origen.  En fin.  Intelectuales criollos… teléfono!!!