por Juan Carlos Latrichano – 25 sep 2020
La incidencia del dinero en la evolución de la inflación, presenta en la teoría económica las siguientes alternativas:
1. La idea de Keynes
2. La idea de Friedman
3. La idea de Diamand
Keynes analiza este problema en su libro Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero. Al respecto, en la página 263, señala que los cambios en la cantidad de dinero inciden en los precios gradualmente a medida que la ocupación crece. Desde luego, a mayor desempleo, la emisión monetaria incide poco en la inflación; y a medida que este se va reduciendo, la inflación va aumentando.
A su vez, Friedman en Moneda y desarrollo económico, en la página 47, señala que nada producirá un aumento sostenido de la inflación si no se produce un aumento de la cantidad de dinero por encima del aumento de la producción.
En oposición a estas ideas, Diamand en El péndulo argentino hasta cuándo, en la página 18, señala que los brotes inflacionarios más virulentos provinieron de los intentos por subsanar los desequilibrios externos mediante fuertes devaluaciones. Por lo tanto, introduce el concepto de inflación cambiaria.
En principio, tomando la dos primeras ideas, vemos que no son tan significativas las diferencias entre Keynes y Friedman. En efecto, Keynes plantea que a medida que el desempleo va reduciéndose, la expansión monetaria va prioritariamente a precios. En resumen, a medida que el desempleo se achica, nos acercamos a la frontera de producción; es decir, que en esa situación, la expansión de moneda no se correlaciona con una expansión proporcional de la producción. Ese punto de vista se aproxima a la idea de Friedman, cuando señala que una emisión no correspondida en forma proporcional con producción, va a parar a precios.
Resta considerar el punto de vista de Diamand. Al respecto, debemos tener en cuenta que introduce una novedad central para países como el nuestro: la inflación provocada por la suba del precio del dólar. Cabe aclarar que esta situación no aparece en los análisis anteriores, debido a que tanto Keynes como Friedman vivían en países donde la moneda interna servía como divisa (libra esterlina y dólar). La novedad parte de la premisa de que el déficit externo, en ciertas oportunidades, provoca devaluación de la moneda interna. Por lo tanto, aunque no se emita dinero aparece la inflación. Ello, debido a la suba de los artículos importados y al desvío de productos locales del mercado interno al externo. La merma en el mercado interno con igual demanda, promueve las subas de precios. Esta situación se agrava si las tarifas de la energía y el combustible están dolarizados.
Todo lo expuesto hasta aquí se relaciona con las experiencias vividas el año pasado y en el actual. En efecto, el año pasado hubo una emisión baja con devaluaciones fuertes, que hicieron subir los precios en una proporción superior al crecimiento de la moneda. Este año, es exactamente opuesto. La emisión es superior a la suba de precios. Quizás porque la suba del dólar oficial ha sido muy suave. Quizás porque parte de esa emisión acompaña la salida de la feroz recesión. Tal vez debamos añadir a estas hipótesis, una suba de la demanda de dinero por precaución.