por Juan Carlos Latrichano – 13 nov 2020

 

Existen diversos pronósticos referidos a la evolución de la economía en lo que resta del año.  Algunos parten de la idea de que la calma cambiaria lograda en este último tiempo es pasajera.  Por ello, mantienen su idea relativa a que la devaluación es inexorable.  Sostienen que el desequilibrio fiscal, con su consiguiente expansión monetaria, no puede tener otro desenlace.  Quizás este análisis pierde de vista tres aspectos esenciales:

 

1. Entre el primero y el treinta de octubre, la base monetaria se contrajo en 363.910 millones de pesos.

2. En igual periodo, las letras de liquidez (Leliqs) se redujeron en 189.020 millones de pesos.

3. El crecimiento del déficit fiscal financiero fue porcentualmente menor en los primeros 9 meses (277%) que en los primeros 8 meses (297%).

 

Proyectando la actividad económica, se observa que existen posibilidades de un ascenso.  La recaudación de octubre ha crecido con relación a igual mes del año pasado en términos reales.  Esto permite pensar que es posible bajar el gasto público, especialmente en lo atinente a las ayudas para el trabajo y la producción (ATP) y en el ingreso familiar de emergencia (IFE).  También es posible que se reduzcan los subsidios a la energía a partir de la autorización de ajustes tarifarios.  Estos últimos deberían aplicarse, prioritariamente, en los sectores medio altos y altos.

 

Quizás el argumento más sólido que se opone a la idea de la devaluación inexorable, reside en el valor del índice del tipo de cambio multilateral real.  En efecto, en el año 2010 el promedio de ese índice fue 130, mientras que en octubre de este año fue 119,6.  Es decir que la diferencia es de apenas un 9,5%.  Cabe señalar que en el año 2010 se produjo el segundo saldo positivo más alto del período 2003/2015.  Esto ocurrió en medio de un crecimiento del Producto Bruto Interno del 10,1%.

 

Otro elemento que suele utilizarse para sostener la fragilidad de la calma cambiaria, concierne al bajo nivel que exhiben las reservas de libre disponibilidad.  Sin embargo, debemos tener en cuenta que sumando el oro y los derechos especiales de giro sumamos alrededor de 4.000 millones de dólares.  Esta cifra cubre holgadamente los vencimientos de deudas de capital e intereses hasta fin de febrero del año próximo.  Luego, en marzo, viene la liquidación de la soja.

 

En resumen, salvo que sucedan hechos imprevistos, todo parece indicar que no existen razones valederas que tornen necesaria la devaluación.