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El principio del fin, ¿o el fin de los principios?

por Daniel Martos

14 dic 2017

 

 

Si bien el título de esta nota pareciera un simple juego de palabras al que últimamente los tengo acostumbrados en esta columna de “Un ratito más”, esta vez reflejan en gran medida el marco -ya no tanto teórico, sino que ahora ha comenzado a hacerse empírico- actual de las noticias vinculadas a la red de redes, la Internet.

 

El último jueves, por si sos uno de los pocos mortales que aún no estaba al tanto de la novedad, comenzó -por una decisión tomada en Estados Unidos- el fin del principio de neutralidad en Internet. Este concepto, que pareciera muy abstracto, tiene consecuencias concretas en el uso que podemos realizar de la web.

 

El 14 de diciembre, la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) de los Estados Unidos aprobó el plan de su presidente, Ajit Pai, para acabar con esas protecciones heredadas del gobierno de Barack Obama. Estas protecciones consistían, básicamente, en asegurar que todos los proveedores de servicio de Internet garantizaran la misma velocidad -y la imposibilidad de censura- al contenido de todos los sitios web, sin importar la naturaleza de su origen ni su postura ideológica o tipo de material publicado.

 

Pero a partir de este cambio, los ISP (proveedores de internet) podrán hacer uso de sus recursos para poder ralentizar o acelerar la transmisión de determinados contenidos, jerarquizándolos de esa forma, de acuerdo a decisiones cuya motivación, por la nueva disposición, están exentos de transparentar. Incluso pueden, sin dar mayor detalle del porqué, bloquear el acceso a determinados sitios, simplemente en forma unilateral.

 

En la segunda parte del título de esta nota, hago referencia al “fin de los principios” como una incógnita, que podría tener un alto grado de materialidad si tenemos en cuenta que, en la mayoría de los casos, los niveles directivos de las compañías se mueven más, a la hora de decidir, por cuestiones económicas que por intereses altruistas, lo que se traduce en un incremento de la probabilidad de que el contenido circulante vaya orientado casi hacia un discurso más unificado que plural.

 

La buena noticia, al menos por ahora, es que los demás países del orbe aún se encuentran lejos de tomar o imitar una decisión similar, y siguen apostando por la neutralidad de la red de Internet. Esperemos que esto sea simplemente una diferenciación (¿alienante?) de las que se están viviendo en USA de la mano del presidente Trump, y no sea una cuestión que se derrame, por efecto cascada, a las otras sociedades, especialmente las latinoamericanas, donde la pluralidad también en este aspecto, ha sido desde siempre, una riqueza más valiosa que el oro secuestrado por los colonizadores hace algunos siglos.