por Daniel Martos - 04 jun 2019
¡No! No es ni una campaña homofóbica, ni una invitación despectiva a reafirmar la masculinidad de los lectores varones de este sitio web. Lejos de eso está el título de esta nota que solo tiene por finalidad llamar tu atención, para alertar sobre el peligro potencial, maximizado en tiempos preelectorales y de sobreabundancia de fakes news, de que te conviertas en una de esas indeseables personas que tienen cierto automatismo digital a replicar posiciones -o a denigrar otras posturas- sin sopesarlas con criterio.
Dice Wikipedia que “En la jerga de Internet, un trol, plural troles (del noruego troll), describe a una persona que publica mensajes provocadores, irrelevantes o fuera de tema en una comunidad en línea, como pueden ser un foro de discusión, sala de chat, comentarios de blog, o similar, con la principal intención de molestar o provocar”. Y, más localmente, vale aclarar que se refiere así a las personas que (partidariamente adscriptas o como parte de un trabajo rentado) refieren constantemente mensajes políticos -tanto positiva como negativamente, en tanto relación de adhesión/rechazo- en las redes sociales con cierta periodicidad.
Pero el gran problema surge cuando uno nota en sí mismo, o en personas cercanas del propio entorno, que ciertas actitudes que genera en la vida digital, resultan tiznadas de ideología irracional, y despotrica en las redes sociales diferentes noticias (verificadas o no) con un fin más proselitista que pragmático y/o informativo. De esa forma, esa persona (o uno mismo), se convierte en Troll.
Claramente que la ideología -la propia, la de cada uno, ya que estoy convencido de que no hay nadie que pueda prescindir de tener una- no puede abandonarnos nunca, ni siquiera en nuestra vida digital. Pero la ostentación de información sin argumentación (o por contrapartida, con una sobrecarga argumentativa) la vuelve tan irascible como obsoleta por la pseudo objetivación de su contenido precisamente subjetivo.

Imagen gráfica de la cultura troll
También, es curioso decirlo, hay gente tan consciente como orgullosa de ser troll, y lo expresan compartiendo apps para tales fines o elaborando teorías sobre esta condición para resaltar su hobby, ensalzando el mismo como una nueva “cultura”.
No queriendo meterme en tu vida digital porque sería digno de un troll, me animo a invitarte a que contribuyas a las buenas prácticas del intercambio en internet, siempre procurando verificar la fuente, tomando un criterio de constructividad en común, y revalorizando los puntos de vista del otro para crear una mejor sociedad. O en otras palabras: expresá siempre tus ideas, pero por favor, ¡no te hagas el troll!