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por Daniel Martos - 06 jul 2019

 

Buscando un título llamativo para la columna de este mes, lo que a la postre me llevó a buscar la sinopsis de una película de principios de... ¡este milenio!, me encontré con un background colorido, publicitario de una bebida gaseosa (que, probablemente, no demorarán mucho en descubrirlo al buscar en www.google.com su correspondencia con el personaje) donde se encontraba ilustrado, un personaje entrañable de mi adolescencia, un dibujo desgarbado de un joven al que llamaron Fido Dido.

 

Este hallazgo, modificó fuertemente la temática de esta nota, que pretendía hacer una semblanza del inconveniente técnico sufrido por los servidores de la -cada vez menos omnisciente- empresa comandada por Zuckerberg, que impidió la transferencia de archivos multimedia durante gran parte del 3 de julio del presente año; lo cual tangencialmente también se vincula semánticamente al tema central de este texto, pero lo modifica notablemente.

 

Claramente, la publicidad de este nuevo “revival” del personaje creado por Joanna Ferrone en una servilleta de un restaurante en 1985, fue logrado con mucha astucia mediante la combinación de recursos gráficos animados que emulan las intervenciones de los adolescentes en redes, como Instangram, con los efectos búmeran y otros filtros.  Pero pone a un ícono noventoso en la escena de campañas profesionales de un artículo de consumo popular, logrando un peculiar sincretismo etario, digno de llevarse las palmas de los publicistas.

 

19 07 06 DM Vale Retro 1 Fido Dido

Fido Dido

 

Lo curioso de la historia, dicen algunos, es que vuelve a repetirse con cierta periodicidad, haciendo las delicias de los científicos sociales, e impidiendo ¡o reforzando! el desarrollo de la humanidad.  Pero creo que en varias ocasiones, especialmente para los que comenzamos a peinar canas -aunque yo creo que mi incipiente calvicie no me deje llegar a tanto- el regreso a las fuentes de nuestros años mozos, aunque esto sea motivado por intereses comerciales como el de la publicidad, nos permite revivir, al menos por un ratito más, el gozo de refrescar nuestra mirada y retomar con más bríos los desafíos cotidianos.

 

Ergo, bien vale aquí exhalar un “Vade Retro” al desgano y a los achaques, ya que “vale retro” no solo para nosotros, sino también para las generaciones que nos siguen, el saber de dónde venimos y a donde vamos, aunque para ello tengamos, que servirnos de internet.

 

¡Hasta la próxima nota!