Imprimir

por Daniel Martos - 06 oct 2019

 

Una disculpa

Me disculpo de antemano por el uso pseudoliteral de la triste frase de un general alcohólico, de también triste recuerdo.  Pero es tan elíptico su significado, como el tema en cuestión.  Que no es otro que la privacidad en las redes sociales, y la idea “panoptical” de la vigilancia gubernamental a través de la web.

 

En las últimas horas (previas a que escriba esta nota que otra vez iba a referirse a otra temática), se conoció -además de sus audios filtrados, que dejan entrever sus intereses políticos y sus temores ante el crecimiento de tik tock- la encarnizada defensa de Mark Zuckerberg de la decisión de su compañía Facebook de encriptar los mensajes que intercambian los usuarios a través de sus compañías subsidiarias.

 

Sur... Backdoor y después...

Esta defensa, es una respuesta a los pedidos de los gobiernos de EEUU, Australia e Inglaterra de exigirle el establecimiento de una “backdoor” (puerta trasera) para poder acceder a los contenidos intercambiados en estas plataformas.

 

Pero ¡advertencia! esto no debe generar paranoia de la creación de un panóptico... porque este ya existe.  Ya es sabido que en la mayoría de los sistemas informáticos actuales, tanto de pc como de dispositivos portátiles, existen, por exigencia de los servicios secretos de las principales potencias,  Backdoors que permiten monitorear por cuestiones de “seguridad pública” los intercambios que se realizan a través de internet.  Pero algunos servicios como Whatsapp, algunos de intercambios P2P y correos electrónicos, añaden una capa de seguridad extra que impide el acceso a todos o algunos de los contenidos.

 

Mal de muchos...

Lamentablemente, de todas formas las empresas propietarias del software que se trate, más allá de la encriptación que realice, almacena y dispone de la información que le brindamos, incluso después de que decidamos cerrar nuestra cuenta o desinstalar el software específico.

 

Desde el momento uno que hacemos nuestro registro, o descargamos el programa o la app, ya estamos expuestos a que nuestra info y nuestros intercambios, queden a merced de terceros.  E incluso cuartos, quintos...; porque no olvidemos que las empresas comercializan la información que proveemos.  A lo que ahora se suma el posible control, si el “principito” pierde la batalla, de parte de los gobiernos y sus agencias sobre nuestro material producido.

 

Este mal de muchos.... nos plantea un interrogante: ¿tomaremos partido por alguna de las dos posturas o finalmente disminuiremos nuestra exposición virtual, para quedar a resguardo?

 

Aún no lo tengo en claro.  ¡Y creo que vos, querido lector, tampoco!

 

¡Hasta la próxima!