por Daniel Martos - 10 dic 2019
La antológica frase norteamericana popularizada a comienzos de los 90 por Carville, asesor de Bill Clinton en carrera hacia la Casa Blanca, la traigo a colación hoy para enfocarnos en un factor clave, pero no en la acepción exacta con la que habrás arribado a estas líneas.
El concepto de economía tiene muchísimos significados -y muy mala prensa, en la mayoría de ellos-; y en esta oportunidad, me gustaría llamar la atención sobre dos factores que, además, pueden afectar la economía “real” (léase: la del cashflow o monetaria).

Carville, asesor de Clinton
No todos son datos
Por estos días se cumplieron 14 meses desde que los invité a seguir algunos consejos para ahorrar en los packs de datos provistos por tu operador de telefonía celular cuando no están conectados a una red de wifi (y además cuidar la carga de la batería).
Pero en ese entonces, la vida digital no me había (aún) obligado a tener que ajustarme el cinturón en otro aspecto: la cantidad de almacenamiento ofrecida por los servicios cloud (yo tengo abono en Google Drive y OneDrive, de Microsoft) ya estaban llegando a su límite. Concretamente: la de google tenía un 102% ocupado; Microsoft, aparte de ser más generoso en espacio, brinda el servicio office como abono mensual, lo que creo está haciendo que de a poco me desenamore del gran buscador.
En rigor de verdad, es cierto que debía realizar algo de limpieza: tenía subidos al hospedaje en aquellos tiempos en lo que los 100 GB parecían utópicos, hasta videos virales recibidos por whatsaap, automáticamente, a los que ni siquiera había reproducido en su totalidad.

Hebert Simon, ya fallecido
Su atención por favor
Otro factor conceptual vinculado a la economía es la “economía de la atención”, concepto desarrollado por Herbert Simon, cuyos teoremas no voy a analizar acá, precisamente para no desenfocarte, querido lector, de tus tareas cotidianas. Pero sí quiero pedir tu reflexión sobre el uso de tu tiempo, principalmente digital, en el que estás invirtiendo (o deficitando) tu atención.
Decenas de distractores te acechan desde tu primer contacto con tu smartphone por la mañana, como videos virales -como comenté más arriba, notificaciones irrelevantes de las redes sociales sobre páginas o grupos que no te interesan-, hasta que te vas a descansar, y luchan también con los mensajes publicitarios que vienen desde los dispositivos, medios de comunicación y la vía pública.
Pero, ¿cómo hacer aquí una buena inversión, siguiendo el paralelismo económico? Creo que las mejores decisiones serán pedir a tus contactos que no envíen virales -si no son de tu agrado-, editar periódicamente las notificaciones de las redes sociales mediante los parámetros de configuración de cada una de ellas; e instalar alguna app o extensión como adblock, para limitar la cantidad de info que se muestra en tu dispositivo, y ganar en calidad de consumo de información, lo que siempre, es una buena opción.
Entonces, ya sea por tu salud (monetaria o psíquica): cuidá tu almacenamiento, pero más tu CPU incorporada (¡tu cerebro tiene su propia ram!) mediante una atención focalizada en lo importante porque... ¡Es la economía, genio!