por Daniel Martos - 11 jun 2022

 

En los últimos meses del año pasado, tuve que realizar un reclamo ante Defensa del consumidor, por un producto que había adquirido en una cadena de venta de electrodomésticos, y fue así como me encontré participando de una etapa de mediación... ¡online!

 

Tuve la grata experiencia de haber transitado ese proceso, que llegó a buen puerto, con un mediador vinculado al COPREC (Servicio de Conciliación Previa en las Relaciones de Consumo), Jorge Yunes, quien con mucha disposición me ayudó a mí y a mi contraparte, a arribar a un acuerdo.

 

Como fue tan efectiva y agradable la experiencia, le propuse compartir una entrevista, para dar a conocer este importante servicio que, como muchos otros colegas suyos, presta a la sociedad. La comparto con ustedes:

 

Daniel Martos: ¿En qué etapa de tu carrera profesional decidiste dedicarte a la mediación prejudicial y por qué?

Jorge Yunes: ¡Qué pregunta para comenzar! Gracias por esta introducción. La semilla fue dando fruto a su tiempo. Al finalizar la carrera tuve que rendir una materia para completar los puntos y recibirme de abogado. Recuerdo que me anoté en Métodos Alternativos y fue casi un amor a primera vista. Al salir tuve un recorrido muy sinuoso, me alejé del litigio todo lo que pude y comencé a vincularme con la publicidad, con la tecnología y la negociación. A mediados del 2014, conocí a dos colegas que me motivaron a preparar el exámen. Mis desconocimientos del litigio me preocupaban mucho, ya que por regla general muchos llegan a la mediación luego de pasar años litigando y para dar un cambio de aire profesional.

No fue mi caso. Llegaba a los cursos con la desventaja de no haber litigado antes en un divorcio, o hacer un “alimentos”. No había realizado ninguna demanda y llegaba a la mediación para conciliar, para aprender a conducir un diálogo. Algunos luego me dijeron que esa "desventaja" podría transformarse en una ventaja y creo que lo fue. Hice los cursos y aprobé el exámen, según dicen mis compañeros, con una de las evaluadoras más "picantes" que tiene el ministerio.

Me dediqué a la mediación y a la conciliación de consumo, así te conocí en plena pandemia. Amo escuchar a las partes y poder ayudar a construir narrativas a partir del conflicto que traen las partes a la mesa de negociación. Soy un fundamentalista del diálogo y apasionado de la escucha empática. Creo mucho en la mediación como una herramienta, no sólo para evitar el litigio, sino como una verdadera herramienta de paz social y de re-aprender a comunicarnos con el otro.

 

DM: De acuerdo a tu experiencia y conocimientos, ¿qué porcentaje de las acciones judiciales estimás que se resuelve en la etapa de mediación?

JY: Es otra excelente pregunta. Generalmente, se contesta en función de la tasa de acuerdo que hay. Se cree que cuando con la obligatoriedad de la ley se instaló en 1994 o 1995, ese año bajaron un 30% de causas en el sorteo de demandas. Con el tiempo, te diría que también se resuelve mucho en una audiencia 360 (o preliminar), donde si bien ahora están frente a un Juez, hay una "cuasi conciliación entre las partes". Claro que ahora no está ese tercero neutral que tiene toda mediación, pero también es un espacio donde las partes negocian. No podría hoy darte un porcentaje, porque esos datos los maneja el Ministerio de Justicia, pero como aproximación te diría que depende mucho de la cuantía, la prueba, de lo que quieran las partes y también de los letrados. En mis últimas mediaciones he visto letrados movilizados mucho más por el litigio que por la negociación en la mediación.

 

DM: Sos abogado y mediador, ¿cuál de ambas facetas de la profesión te ha traído más satisfacciones y por qué?

JY: Ser mediador, sin lugar a dudas. Es una profesión de tender puentes, de generar encuentros, de desestabilizar relatos y buscar construir historias alternativas a partir de las narrativas que traen las partes. Me gusta ser mediador por esa sensación que me aborda en cada caso de transformar mi mesa en una hoja en blanco. Hoy la mesa se transformó en un zoom. Percibir a las partes, escucharlas, reconocerlas y luego poder invitarlos a un proceso de diálogo, donde no siempre el acuerdo es el objetivo. Muchas veces la mediación como proceso transforma a las partes al escucharse, a ver sus propias contradicciones y desde ahí conectan con el otro. Acompañar a las personas en ese camino es para mí un enorme privilegio y placer.

 

DM: En tu libro Conflicto Resuelto, afirmás que “Un gran problema se desata cuando queremos imponer la actitud conciliatoria limando las diferencias de cualquier tipo y a cualquier precio”. ¿Qué indicadores te permiten, en una mediación, inferir que la misma no llegará a un acuerdo y das por finalizada esta etapa?

JY: A primera vista, el indicador es el recurso disponible o la pretensión que cada parte trae a la mesa. Hay reparaciones que pueden darse y otras que no. Generalmente el mediador no finaliza un proceso, sino que son las partes que voluntariamente abandonan por diferentes motivos. Cuando la desigualdad de poder entre las partes es grande no hay mucho para mediar o si, por ejemplo, hay violencia. La finalización de la mediación depende en gran medida de las partes, rara vez un mediador decide terminar el procedimiento. A veces, se utiliza como recurso de tiempo; por ejemplo: “Estimados, la próxima audiencia será nuestro último encuentro. Les dejo como tarea que puedan revisar sus ideas junto a sus letrados y traigan a la próxima reunión las tareas realizadas para que podamos juntos conversar y poner un cierre a este procedimiento”.

El tiempo es otro indicador, sobre todo cuando los conflictos se prolongan y si no hay un trabajo activo hacia el futuro, solo se genera desgaste y el proceso deja de tener valor para cada parte. En una mediación, los protagonistas son las partes, no el mediador. Por eso, el indicador más importante es cuánto está progresando el diálogo y la conversación. Si no, el procedimiento no tiene mucho sentido de existir.

 

DM: ¿Son más difíciles de mediar los conflictos familiares o comerciales? ¿Por qué?

JY: Cada conflicto es único y prioritario para cada persona que llega a una mediación. Generalmente en CABA llegan los abogados pidiendo la fecha más próxima porque su cliente quiere tener la audiencia cuanto antes. Si me permitís, voy a reformular tu pregunta. Existen las mediaciones patrimoniales y aquellas que requieren una intervención en el vínculo: dos socios, dos hermanos, dos amigos, dos personas. Todo se trata de vínculos. Si bien las personas aparentan venir a resolver o dividir recursos, los vínculos, relaciones y estructuras familiares deciden y modelan todo el conflicto.

 

DM: En otro capítulo de tu libro, más espiritual, decís que “Necesitamos conocer más al Dios de la simultaneidad”.  ¿Cómo crees que podemos dedicar un tiempo a la espiritualidad en estos tiempos signados por la sobreabundancia de información y la efimeridad?

JY: Recuerdo muy bien ese capítulo: trabajar en una torre de control coordinando los aviones (aunque entiendo que eso hoy lo hace un sistema); y donde también se plantea la pregunta de cómo la liebre llegó al arca de Noé al mismo tiempo que la tortuga… El concepto de espiritualidad ha salido muy a flote en la pandemia, en los días de encierro. Creo que a todos nos llega ese momento para conectar con nuestra fe y nuestro propósito. La mejor manera de valorar nuestra espiritualidad es siendo agradecidos con lo que tenemos. En tiempos tan, pero tan difíciles, tener hoy alguien que te abrace, alguien con quien compartir un plato de comida caliente, alguien con quien salir a correr, es un montón. Me falta mucho camino por recorrer y siento que hay otras personas más preparadas para hablar de la espiritualidad. Yo simplemente estoy agradecido a Dios por conocerte y por esta hermosa oportunidad que me regalás de compartir un poquito de mi trabajo, mis ideas, mis sentimientos.

 

DM: Sé que estás trabajando en un nuevo libro. ¿Nos adelantás, a grandes rasgos, de qué tratará?

JY: Falta un largo camino todavía, pero no pierdo las esperanzas de recopilar mis apuntes, mis notas, mis recortes de realidad que cada diez o quince días suelo publicar en mis redes. Mi deseo es reeditar lo que ya escribí y darle un toque de empatía digital, repensar las narrativas, escribir más historias y todas aquellas cosas que a veces no me salen bien y quiero seguir mejorando. Escribo mucho sobre mis aprendizajes, sobre esos momentos donde no puedo movilizar a las partes y la mediación se cierra.

La virtualidad genera otros matices en cada encuentro que debo mixear con mensajes de Whatsapp, llamados y/o videollamadas, para acercarme y poder hacer sentir ese apretón de manos que ya no tenemos o ese saludo afectuoso que uno le daba a cada parte al recibirlo en su oficina. Entiendo que la mediación igualmente irá mutando a un sistema híbrido y que habrá experiencias que podrán ser en forma presencial en una sala de audiencias y otras que seguirán online por Zoom. Recientemente, una lectora de un país del norte, me escribió acerca de la segunda edición de mi libro: “Hola Jorge, te cuento que estoy emocionada, resolviendo y confrontando un gran conflicto recién ubicado. Tu libro está siendo de gran ayuda, pero aplicado a todos mis yos. Demasiado profundo. ¿No estoy tan loca como suena, o sí? Besos”. Feedbacks como estos mantienen mi llama encendida y si para ella el libro fue útil, todas las noches, madrugadas y tardes con mates, libros, música e historias escritas valieron la pena.

Gracias Daniel por la oportunidad e invitación. Espero ser útil a tus lectores.

 

Entrevistado:

Jorge Amado Yunes

Mediador / Conciliador

Celular: 11-3783-8709

YASS Consultores

 

 

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