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por Patricia Grau-Dieckmann - 27 ago 2021

 

El Retrato de Napoleón en el trono imperial (1806) de Jean Auguste Dominique Ingres fue pintado después de su coronación como emperador en 1804 y lo muestra con todo el esplendor de su poder.  Es presentado frontalmente, hierático, sentado en un trono dorado con respaldo curvo de oro que enmarca y realza su dignidad imperial como representante de Dios en Francia.  Su pose y todo lo que viste o lo rodea son “símbolos de majestad”: el color púrpura, el águila, la profusión de elementos dorados, la tarima y la corona, entre otros.  Muchos emblemas provienen de los emperadores romanos, otros de la maiestas cristológica y otros son tomados de la realeza.

 

Viste túnica y capa imperiales y calza botines dorados.  El manto es de terciopelo púrpura con abejas de oro incrustadas y su ruedo presenta bordados y franjas áureas con diversos motivos.  Está forrado en armiño, cuya piel es sumamente cara y apreciada ya que solo se vuelve blanca en invierno.  Las manchas negras son la punta de la cola del animal.  En cuanto al color púrpura, tradicionalmente, solo podían llevarlo quienes pertenecieran a las más altas esferas de poder: sacerdotes judíos, emperadores bizantinos, monarcas.

 

Sobre la pechera, también de armiño, se destaca la medalla de la Legión de Honor: una gruesa cadena de oro que rodea a un medallón con la inicial N del que cuelga una estrella esmaltada en blanco con cinco ramas de doble punta.

 

Una impecable gorguera enmarca su cuello y su cabeza ciñe una corona de laureles de oro.  Sus pies se apoyan levemente sobre un almohadón azul con orlas doradas y el trono se ubica sobre un tapiz que tiene como motivo principal el águila imperial.

 

El emperador porta dos cetros: uno, restaurado, perteneció a Carlomagno (747-814), primer emperador de Occidente tras la caída de Roma en 476 y tiene su estatuilla en el vértice, el otro remata en una mano de marfil bendiciendo según el rito católico y representa la mano de la Justicia.  Su brazo izquierdo sostiene una espada como indicación de su condición de monarca guerrero.

 

 NB 1

“Retrato de Napoleón en el trono imperial”

 

En el óleo Napoleón en su Estudio (1812), Jacques Louis David pinta a Napoleón como político comprometido y como infatigable creador intelectual.  Aparece con los hombros ligeramente encorvados y es retratado con su característico gesto de la mano derecha metida en su chaleco.  Los últimos descubrimientos sobre la causa de su deceso indican que no habría sido envenenado como se sostuvo tradicionalmente, sino que su muerte se habría producido por una afección gástrica y que, al apoyar su mano en el estómago, Napoleón aliviaba su dolencia.

 

Aunque formalmente ataviado con su uniforme militar, viste con ligero desaliño: los puños sin abotonar, las calzas arrugadas y la cabellera ligeramente revuelta.  En una carta, el propio David explicó que estos detalles habían sido calculados para dar la impresión de que Napoleón había pasado la noche en vela componiendo su Código Civil.  Entre los documentos de su escritorio, en estudiado descuido, aparece un pliego con parte del título de esta grandiosa obra.

 

El efecto de fructífera vigilia se refuerza mediante otros recursos: titilantes velas a punto de extinguirse, la pluma de ganso para escribir, papeles diseminados y un reloj que marca las 4:13 de la madrugada.

 

El sillón está tapizado en terciopelo púrpura, con un realce de abejas bordadas en oro.  Napoleón las utilizó como símbolo para legitimar sus pretensiones imperiales ya que en la tumba del primer rey de los francos, Childerico (siglo V), se encontraron numerosas abejas de oro. El mismo cometido cumplen las flores de lis (símbolo de la monarquía francesa) que aparecen en el lomo de un grueso libro.  La espada, alusión a sus éxitos militares, descansa en un sillón.  Esto indica que no solo es un hombre ilustrado sino también un guerrero.

 

 NB 2

Napoleón en su Estudio

 

Ingres como David retrataron a Napoleón Bonaparte en dos de sus múltiples facetas.  El primero, como emperador que recurre a símbolos del pasado para legitimar su posición de poder.  El segundo, como el infatigable trabajador intelectual que se debe a su pueblo.

 

Uno lo presenta cercano a Dios en su poder; el otro, en su grandeza puramente humana.  Pero ambos lo muestran como quien había devuelto sus antiguas glorias a Francia.