por Patricia Grau-Dieckmann - 06 nov 2021
A mediados del siglo XVI el arquitecto Pirro Ligorio transformó el apacible boschetto (arboleda) de la residencia veraniega de la familia romana Orsini, situada en Bomarzo, Viterbo, en un jardín laberíntico lleno de enormes estatuas de piedra y extravagantes formas arquitectónicas. El duque Pier Francesco Orsini lo mandó construir para paliar el dolor por la muerte de su amada esposa Giula Farnese.
En el parque no rigen las leyes de la lógica o el orden. Un lema grabado en piedra recibe al visitante con estas palabras: “O tu che percorri il mondo alla ricerca di portenti grandiosi e terribili, qui vieni ad ammirare volti spaventevoli, elefanti, leoni, orsi, orchi e draghi” (“Oh, tú que viajas por el mundo en busca de portentos grandiosos y terribles, aquí vienes a admirar rostros espantosos, elefantes, leones, osos, orcos y dragones”). Casi todas las instalaciones tienen inscripciones con frases relativamente crípticas que poco aclaran el significado de ese espacio.
El boschetto es una caja de sorpresas y encuentros inesperados con gigantescos monstruos de piedra que remiten a mitos greco-romanos o a escenas literarias, ya que Orsini era un gran conocedor de novelas de caballería medievales, clásicas y contemporáneas, como las de Torquato Tasso, Ludovico Ariosto y Francesco Colonna. No hay un recorrido predeterminado y es el paseante quien debe elegir el camino en el que abundan las encrucijadas que llevan a escalinatas, asientos, ninfeos, fuentes, colosos perturbadores y construcciones que desafían la ley de gravedad. El visitante se enfrenta continuamente con elementos que le provocan desasosiego.

En la casa inclinada, el piso no es paralelo al suelo y las paredes, perpendiculares, son inclinadas. Al entrar se pierde toda noción de equilibrio y es casi imposible permanecer más que unos minutos sin marearse.

La vista desde las ventanas es desestabilizante.

Fuente de Pegaso, el caballo alado nacido del cuello de Medusa cuando Perseo le cortó la cabeza. El caballo tenía el poder de hacer surgir agua allí donde golpeara con sus patas. El agua, corriendo, estancada, surgiendo a chorros, es un elemento importante en el diseño del sacro bosco, acompañando con su borboteo al visitante.

El dios griego Proteo con el símbolo heráldico de los Orsini en la cabeza y, más arriba, un castillo. Cambiaba de forma cuando pretendían atraparlo, por lo que muy pocos lo lograron retener. Dios marino, simbolizaba el aspecto cambiante de las olas.

El elefante con torrecilla en el lomo es un animal de batalla. Sostiene a un legionario romano moribundo que aplasta con su trompa. Es una clara referencia a la guerra entre Cartago y Roma, en la que el general Aníbal atravesó los Pirineos y los Alpes con ocho elefantes.

No hay acuerdo sobre el significado de esta escena. Algunos sostienen que se trata del héroe Heracles o Hércules descuartizando al mítico ladrón Caco, “el que roba el sustento de los más indefensos”. Otros afirman que se trata de una escena de Orlando Furioso de Ariosto.

El dragón atacado por un perro, un león y un lobo que simbolizan, respectivamente, el presente, el pasado y el futuro.

El orco con mirada aterrada y boca abierta en un grito es una invitación a ingresar simbólicamente al averno. Tiene la inscripción “Ogni pensiero vole” (“Cada pensamiento vuela”). Pero se cree que la frase original era otra, pues existe un dibujo del Orco de 1598, de Giovanni Guerra, en el que se lee “Lasciate ogni pensiero o voi ch’intrate” (“Deja cualquier pensamiento, oh, tú que entras”), lo que es una clara referencia al infierno dantesco en cuya entrada estaba escrito “¡Oh, vosotros que entráis, abandonad toda esperanza!”.

Muy cerca, el custodio del Hades, el can Cerbero, perro monstruoso de tres cabezas y una cola de dragón, vigila las escaleras que conducen al tempietto dedicado a la esposa de Orsini, Giula Farnese.

En este sitio del boschetto dedicado a las divinidades del averno, Equidna, ninfa con cuerpo de mujer y parte inferior con dos colas de serpiente y madre de los monstruos griegos más espantosos, se yergue altiva e imponente.

Finalmente, tras atravesar la zona infernal, se sube a la parte más alta del jardín, donde se encuentra el templete dedicado a la fallecida Giulia Farnese, el gran amor de Pier Francesco Orsini. La pesadilla hecha piedra ha terminado, y es ahí cuando comprendemos que la intención del duque al construir su jardín laberíntico no fue agradar sino inquietar. Y la recompensa a la templanza que se requiere para superar las distintas instancias simbólicas es encontrar la paz espiritual en un sitio de paz y sosiego.