por Patricia Grau-Dieckmann - 02 sep 2022
El estadounidense Dr. Albert Barnes (1871-1951) inventó las gotas oftálmicas que evitaban la ceguera en los recién nacidos cuyas madres padecían blenorragia. Se convirtió en millonario y su inmensa fortuna le permitió comprar arte europeo y formar una colección monumental con decenas de obras de Van Gogh, Cézanne, Renoir, Picasso y, en especial, de Henry Matisse, entre otros. La prensa americana lo acusó de comprar arte de vanguardia solo por el deseo de escandalizar a sus compatriotas. En el fondo, lo que existía era una fuerte y declarada enemistad entre la sociedad tradicional de la histórica ciudad de Filadelfia y este “nuevo rico”.
En 1922 A. Barnes hizo construir en Merion, a unos minutos de Filadelfia, un castillo de estilo renacentista con piedras traídas de Francia, en donde creó la Fundación Barnes. Allí albergó las obras pictóricas adquiridas en Europa y estableció una escuela en la que se enseñaba arte por medio de la observación experimental a jóvenes de escasos recursos. No permitió el acceso de visitantes a su casa de estudios/museo, salvo que fueran de raza negra o de pobre condición económica.

Durante décadas no se pudo conocer qué obras albergaba la Fundación, solo se permitieron tomar unas pocas fotografías en blanco y negro. Se estableció un fideicomiso con muy rígidos términos que continuarían después de la muerte del Dr. Barnes, vedando el acceso del público al establecimiento.

Henry Matisse, Alegría de vivir, 1906, Fundación Barnes, Merion
La obra que despertó más intriga a lo largo del tiempo fue Alegría de vivir, de Henry Matisse, sobre la cual el pintor puntillista Paul Signac sentenció, antes de que fuera comprada por el Dr. Barnes: “Matisse, de quien amaba sus obras hasta el presente, me parece estar completamente descarriado. Sobre una tela de dos metros y medio, ha rodeado a los personajes extraños con una línea espesa como el pulgar. Luego ha cubierto todo eso de tintas chatas, netamente definidas que, de tan puras, resultan repugnantes… ¡Ah, esos tonos rosa claro, resultan de lo más detestables!”.
Tras la muerte de Barnes, las autoridades de Filadelfia emprendieron una batalla legal para poder disponer de la Fundación y abrirla a los visitantes. Fue justamente la pintura Alegría de vivir el emblema de esta complicada y larga lucha contra la voluntad póstuma del Dr. Barnes. Gracias a ella se pudo conocer, recién en 2012, cuál fue la inspiración para dos de las más famosas obras de Henry Matisse, una alojada en el Hermitage de San Petersburgo y la otra en el MoMA de Nueva York.
(Continuará)