por Patricia Grau-Dieckmann - 6 oct 2022

 

La Fundación Barnes había establecido que tras la muerte de su fundador no se modificaran las cláusulas que impedían el acceso público a la más grande colección de pinturas impresionistas y postimpresionistas en suelo estadounidense. Tras una larguísima batalla, las autoridades civiles lograron tomar control sobre ese tesoro. Se construyó un moderno edificio en Filadelfia, al que denominaron, irónicamente, también Fundación Barnes.

 

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La nueva Fundación Barnes en Filadelfia, inaugurada en 2012

 

En el primer piso, en un pequeño recinto de paredes oscuras, deslumbra con su colorido y claridad el cuadro por el cual la mayoría de los visitantes emprenden el viaje a Filadelfia: Alegría de vivir de Henry Matisse, conocido hasta 2012 solo por pequeñas y borrosas fotografías en blanco y negro.

 

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H. Matisse, Alegría de vivir, 1906, 1,75 x 2,41, Fundación Barnes, Filadelfia

 

Tras décadas de especulación sobre el colorido y el significado de las figuras que aparecían borrosas en la fotografía en blanco y negro, se puede contemplar en vivo el motivo que se repetirá en varias de sus pinturas posteriores: el grupo central de bailarines. El corro inspiró a Matisse a realizar sus dos obras más famosas, ambas denominadas La danza.

 

Entre 1909 y 1910 pintó la versión definitiva, que se encuentra en el museo del Hermitage, en San Petersburgo.

 

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H. Matisse, La danza, 1909/10, 2,60 x 3,91, Museo del Hermitage, San Petersburgo

 

En esta obra Matisse simplifica las figuras y reduce los colores casi al mínimo. No hay sombras ni detalles ornamentales, la planimetría de todo el conjunto apenas permite distinguir que se trata de mujeres. Las figuras femeninas que giran en círculo son la representación del movimiento en libertad. En sus propias palabras, empleó “el más azul de los azules del cielo, el más verde de los verdes de la tierra y un brillante bermellón para los cuerpos, todos coloreados hasta su saturación”.

 

La otra versión de La danza, de 1909, más pálida que la anterior, que se encuentra en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), es el boceto para la obra del Hermitage y fue donada al museo por Nelson Rockefeller en 1963.

 

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H. Matisse, La danza, 1909, 2,59 x 3,90, MoMa, Nueva York

 

Para empaparse en el tema, Matisse visitó el famoso salón parisino de baile Le Moulin de la Galette, para observar la danza grupal llamada farandole. Esta es de origen medieval y se baila en cadena con cualquier tipo de música cuyos pulsos sean regulares. Los propios bailarines son los que cantan y pueden moverse caminando, corriendo o saltando. Lo importante de esta danza son las figuras que se forman mientras los bailarines se mueven. Una de estas figuras es conocida como “enhebrar la aguja”, en la que los dos primeros bailarines forman un arco bajo el que pasan los demás. En las pinturas de Matisse, las bailarinas son captadas en el momento en que se sueltan la mano para pasar debajo del arco.

 

De él se ha dicho que no permitió que ningún dolor del mundo entrara en sus obras, ni siquiera los problemas personales de salud. Toda su obra fue un canto al goce de vivir, a la felicidad que produce su estallido de color. Sus pinturas reflejan el significado de esa joya pictórica que nos fue vedada durante tanto tiempo: la Alegría de vivir.

 

Sin embargo, no podemos evitar reflexionar que el edificio de la actual Fundación Barnes, totalmente moderno y con auditorio, tienda de regalos y cafetería, está muy lejos de lo dispuesto por el Dr. Albert Barnes para su colección. La controversia sobre la validez de lo ejecutado por las autoridades de la ciudad de Filadelfia al mudar las obras de su viejo edificio en Merion, es un tema vigente y polémico entre artistas y personalidades de la cultura.