por Patricia Grau-Dieckmann - 07 feb 2023
España vivió un auge extraordinario en las artes y la literatura durante el siglo XVI, el llamado Siglo de Oro por la brillantez de sus artistas. Paradójicamente, fue el período de mayor decadencia económica pese a los esfuerzos de Felipe IV por evitarlo. Dos veces quebró la monarquía a pesar de las riquezas que llegaban de América a Sevilla.

Pantoja de la Cruz, Felipe III, 1606, Museo del Prado

Gorguera
La gorguera, cuello plisado generalmente con adornos y bordados que cubría la totalidad del cuello, era símbolo de opulencia y riqueza, amén de un símbolo del bien vestir. En la imagen superior se puede apreciar al padre de Felipe IV, el Austria Felipe III, luciendo este adminículo que denotaba lujo. Pero la paupérrima situación económica de España obligó a su hijo a imponer una serie de medidas para intentar recomponer las finanzas del reino. Se cerraron los burdeles y se promulgaron leyes contra la ostentación. Las personas ricas debían limitar el número de sirvientes. El propio rey dio el ejemplo y estableció la sobriedad en sus vestidos y la escasez en sus fiestas. Y esto incluía no usar las gorgueras blancas tan populares en otros países.
En un informe a Felipe IV sobre las desventajas y el costo del uso de la gorguera se describe: “Una sola gorguera de lino cuesta en su hechura más de 200 reales, y seis reales cada vez que se usa. Además se emplean muchos hombres jóvenes y capaces para vestir y engalanar (almidonar y plegar) estos implementos extravagantes, y éstos podrían ser empleados como mano de obra para el bien común. (…). Y consume una gran cantidad de trigo -necesario para la alimentación- que se desperdicia en almidón.”
La alternativa para el uso de la gorguera fue la golilla, un amplio cuello inventado por un sastre madrileño. Estaba hecho de cartón cubierto por seda blanca o gris en la parte superior y negra en la inferior, por lo que permanecía dura sin necesidad de recurrir al almidón. Y podía ser usada durante un año entero sin necesidad de lavarse.

Golilla
El inventor de la golilla fue convocado ante la Santa Inquisición debido a sus experimentos para lograr que el cartón no se doblara. Anteriormente, los suspicaces inquisidores habían quemado públicamente un lote de golillas sin saber que habían sido encargados por su mismísima majestad Felipe IV, por lo que el sastre debió ser liberado de toda acusación.
Este adminículo se convirtió en un elemento tan conspicuo en los retratos de Velázquez, que hoy en día es considerado un emblema del reinado de Felipe IV. No solo favorecía la imagen de personajes poco agraciados, como el propio rey, sino que sirvió para resaltar la belleza de algunos retratados, como la del esclavo de Velázquez, Juan de Pareja, a quien el pintor otorgó su libertad el mismo año en que pintó su espléndido retrato luciendo una golilla lujosamente bordada, pero golilla al fin.

Velázquez, Juan de Pareja, 1649/50, Metropolitan Museum; New York
Es así que la golilla, simple, austera, o embellecida con puntillas o bordados, remite al gobierno de Felipe IV Habsburgo, el anteúltimo de la Casa de Austria en reinar en España, y nos recuerda sus inútiles esfuerzos por mejorar las empobrecidas arcas del reino. Esta pobreza, sin embargo, no fue óbice para que bajo este monarca se gestara el momento de mayor gloria en las letras y en la pintura: el Siglo de Oro español, a cuya cabeza se encontraba uno de los más grandes pintores: Don Diego de Silva y Velázquez, pintor de corte.


