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Una larga discusión

por C. Fernández Rombi

16 mar 2017

 

 

Llevamos una larga semana metidos en un tema sin salida… por ahora, ya que la seguimos.

 

Juan Manuel es un intelectual; licenciado en letras que asume la lectura como una pasión irrefrenable. En ese sentido no le llego a la altura de los zapatos. Pero tengo lo mío. Con menos estudios y sin carrera universitaria, soy un tipo culto. A los treinta y dos, seguimos solteros y vivimos en Palermo; nomás a tres cuadras de distancia; nos conocimos en la primaria y somos amigos desde siempre. Es común que nos veamos dos o tres veces a la semana, incluso que salgamos (como pendejos de joda) algunos sábados.

 

Pero, desde que se instaló el bendito tema, llevamos siete noches consecutivas metidos en esta discusión en la que ninguno cede y en la que ambos queremos convencer al otro. Como si nos fuera la vida… o la amistad en ello.

 

Nos reunimos en la noche de hoy, un hermoso sábado de verano, en mi modesto depto de dos ambientes. Ninguno habla de salir, como si supiéramos que es la noche decisiva de nuestro debate y que no hay nada más importante que definirlo de una vez por todas. Compré unos triples de miga, y una par de botellas de vino blanco del bueno. Él trajo un imperial ruso (es nuestro postre preferido). Ni hablar de salir de boliches, es como si tácitamente hubiéramos decidido que hoy se termina el tema.

 

¡Sí o sí! Hay una tensión desconocida entre nosotros; hablamos un par de boludeces como para entrar en calor y luego, irremediablemente, nos metemos en El tema.

 

La falta de sonrisas cómplices, habituales en ambos y los dientes apretados, parecieran indicar que hoy uno de los dos va a convencer al otro… o doblegarlo. Para el caso, será lo mismo. Sobre las seis de la mañana, estamos agotados. Hemos comido unos pocos triples y apenas, el postre. El vino se murió hace rato.

 

Es él, el vino, el combustible imprescindible de una discusión filosófica entre amigos.

 

Ha traído a colación opiniones de filósofos de toda laya… ¡hasta los griegos llegó el muy desgraciado! Me he defendido con honor y contraataque con bravura. No hay caso. No llegamos a puerto alguno. Todo sigue igual.

 

Otros deberán dilucidar si es más ventajoso pescar con carnada viva o artificial.