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Mala decisión

(basado en un hecho real)

por C. Fernández Rombi

24 sep 2017

 

 

Sandra y Fernando, en la mitad de la vida, llevan quince años de pareja y de amor. Su vida trascurre sin sobresaltos. Ambos son docentes en su provincia, Mendoza, desde hace diez años. Entre los dos totalizan unas cuantas horas semanales en la docencia, lo cual les permite vivir razonablemente bien. Además, se quieren, comparten gustos similares y están enamorados de su profesión. También son personas respetadas de su pequeña comunidad del Valle de Uco, Departamento San Carlos, a ciento treinta kilómetros de la Ciudad de Mendoza.

 

El disgusto

Simultáneamente, ambos son protagonistas de una anomalía desagradable: está avanzada la investigación del Ministerio, según la cual los analíticos y títulos que presentaran una década atrás y emanados de un Instituto de Buenos Aires son  adulterados e inválidos.

 

El desarrollo del drama

Ambos son separados de inmediato de todos sus cargos con privación de haberes. Saben, por supuesto, que la acusación tiene su base en la realidad y en el manejo espurio que ambos llevaron adelante en el pasado... Pero, diez años después, era algo en lo que jamás pensaban, menos aún, hablaban... ¡totalmente olvidado!

 

La persecución

Apenas conocida la mala noticia, el pueblo los condena. Sus amigos, esos con los que departían, mate mediante casi a diario, trazaban planes para mejoras en la barriada y hacían proyectos para el futuro, ¡se borran en el acto! Los colegas y la totalidad de su comunidad habitual de las redes sociales... ¡peor!

 

Comienzan escraches de todo tipo, el Facebook se pone al rojo vivo, los agreden e insultan incluso personas desconocidas y de otras provincias. Aún más, cuatro días después de que tomara estado público su situación, aparece en el blanquísimo encalado del frente de su modesta y agradable casita de material, una pintada en grandes letras rojas: ¡FARSANTES FUERA!

 

Desenlace

La vida se ha convertido en un infierno para los amantes, a punto tal que los escasos alimentos que consumen van a comprarlos al pueblito vecino. El silencio mora en esa casa antes pacífica y alegre. Sandra, va de sollozo en sollozo; Fernando, permanece la mayor parte del tiempo frente a la tele, pero con la mirada perdida en el vacío.

 

─Querido no soporto más esta vida, estoy desesperada...

─Sandrita, me siento igual o peor que vos... este encierro maldito se me hace insoportable... sólo veo una solución...

 

La mujer, aún joven y atractiva, lo mirará con un pequeño atisbo de esperanza; que se desvanecerá de inmediato cuando ve a su marido con la vista fija como la de un extraviado en el carrete de quince metros de soga comprado antes de estos eventos, para el recambio del tendedero. Horrorizada, comprende de inmediato y comienza a llorar con desesperación. El hombre se le aproxima y acaricia su cabeza con ternura. Afuera, la tarde está muriendo.

 

Así, casi sin pronunciar palabra permanecen tres horas. La noche ya se ha instalado en el Valle de Uco. Es el momento en el cual, Fernando se levanta pesadamente y comienza trabajar con la soga. Sandra, sin mirarlo, seguirá con la cabeza apoyada en su antebrazo sobre la mesa. Ya casi ni solloza. Luego de un buen rato:

 

─Vení Sandra... hagámoslo juntos y al mismo tiempo... tomados de la mano.