Ciudadanía virtual
por Daniel Martos
31 oct 2017
Entre las innumerables curiosidades que casi a diario nos depara internet, hay una con la que me encontré hace algún tiempo, y -debo admitir mi espíritu inquieto- me llamó poderosamente la atención por su concepto tan fronterizo entre lo bohemio, lo lúdico y lo atemporalmente histórico, si se me permite el neologismo: las ciudadanías virtuales.
Antes de continuar con este pequeño desarrollo, aclaro que no me refiero a las iniciativas tan loables de digitalización de la burocracia estatal, a través de proyectos como -por ejemplo- el de la provincia de Córdoba en su portal “Ciudadano Digital”, cuya expansión hacia otros niveles de la administración sería óptima. Sino de la posibilidad que vos también tenés, querido lector, de aplicar para obtener la ciudadanía -¡o quizá, hasta convertirte en embajador! de países -europeos, en su gran mayoría- que... no existen.
Si todavía no escuchaste hablar del Imperio de Aerica, el Reino de Elleore, o la República de Molossia, no te preocupes. Tal vez puedas hacerlo en algún día lluvioso, en que tu proveedor de Cable no preste el servicio correctamente, aunque tengas buena conexión a internet, y luego de chequear las redes sociales, teniendo algo de tiempo libre, quieras googlear “micronaciones”.
Una micronación es una entidad conceptualizada como un nuevo proyecto de país, no reconocida por ninguna organización internacional ni gobierno, pero que han desarrollado un marco teórico, principalmente por un creador específico, que han plasmado en papel o -para maximizar su difusión- a través de internet.
Yo, personalmente, en algún momento como el que te reseñaba más arriba, he curioseado en la web, y de esa forma he rellenado mi aplicación para dos de ellas: Ladonia -en Suecia, cuya historia es muy pintoresca-, cuyo gobierno me otorgó la ciudadanía en junio de este año; y Liberland, para cuya ciudadanía apliqué hace unas semanas.
¿Tiene sentido hacerlo? Es una respuesta muy subjetiva. En cuanto a beneficios sociales y/o económicos -salvo que le encuentres alguna veta comercial-, no. Pero en cuanto a lo histórico, lo intelectual y lo experiencial (¡y no es poco decir!) lo considero como una muy buena oportunidad para poner en práctica aquello que los psicólogos llaman “ocio creativo”, y que te va a ayudar a ir desempolvando un poco más el cerebro y colaborar con vos en salir de tu zona de confort.
Te invitaría a unas vacaciones en el Imperio Octógono; pero de solo pensarlo siento un escalofrío fulgurante. Entonces, mejor, cuando viajes a mi patria Ladonia, avisame y quizás te acompañe.
¡Hasta la próxima!