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por C. Fernández Rombi - 03 nov 2018

 

 

21 de abril

Otro día que se va sin destino… uno más sin sabor y el sin sentido de arrastrarse a través de las horas… Hoy hubiéramos cumplido treinta años de casados con mi dulce Sonia; ya van cinco que partió hacia donde no hay regreso…

 

Otro día más de penurias en el Banco. Mi jefe, la mitad de mi edad, me retó tres o cuatro veces; la última a viva voz delante de mis compañeros. Apartaban la vista como con vergüenza ajena. En realidad,  el pendejo tiene razón, caigo en olvidos frecuentes y no me puedo concentrar en nada de nada. Llamé a Elvi y a Ernesto, mis hijos, varias veces. Deben estar muy ocupados en sus laburos, no devuelven mis  llamadas, quería que comiéramos juntos pero eso cada vez es más difícil… Claro, ambos viven en el Centro y yo en el culo del mundo, los fondos de Paso del Rey. Les cuesta costearse a casa y, además, no puedo engañarme, cada vez me evitan más. Elvi ya me habló un par de veces: “Papá, tenés que hacer un esfuerzo y cambiar tu estado de ánimo y tu manera de vivir… Estás todo el tiempo quejoso y con una expresión como si todo el mundo te debiera algo… Ya ni tus nietos tienen ganas de verte…”

 

Sé que tiene razón, pero no puedo solucionarlo, me siento solo y enfermo. Me duelen las rodillas, la cintura y la espalda… me duele todo. Para colmo, este tic nervioso que me apareció en el ojo derecho, provoca que la gente se incomode al hablar conmigo. Me esfuerzo para comer algo sin demasiada suerte y cada día le pego más al vino.

 

25 de abril

Diario, cada día tengo menos ganas de escribir… también de vivir. Un día es repetición del otro. Lo único que estoy revalorando son los fines de semana. Bien sabés que los odié desde que murió Sonia, pero ahora, sólo no tener que ir al Banco y ver la cara de mis compañeros que me rehúyen y la de mi jefe de mierda, es un alivio. Me siento en el patio y tomo blanco frío hasta que oscurece. Luego me enchufo con la TV hasta embrutecer… ni sé qué carajo miro. Pero, después viene el lunes y hay que volver a empezar.

 

2 de mayo

El cabrón de mierda, que pasa a mi lado veinte veces por día, me manda un memo:

“Lamento comunicarle que por razones operativas del Departamento, sus servicios no serán en adelante de nuestra utilidad. Por lo cual se pasa informe a la Sección Personal a fines que disponga de sus servicios.  Firma: Raúl Acosta – Jefe Depto. Administrativo, Banco Santander-Río.

 

No hay duda que mis compañeros ya estaban al tanto del tema: apenas llegué a la oficina aparecían todos muy ocupados mirando a sus papeles de mierda… Esta es, sin duda, la antesala del despido. El trago más amargo será decírselo a mis hijos… ¿Qué será de mi pobre vida?

 

22 de junio

¡Ya está! Al final, me echaron del Banco del orto. ¡Mejor, mejor y mejor! Ahora me voy a rascar el higo todos los días y lo que es mejor, no tengo que ponerme corbata y hablar con esa manga de hijos de puta… además, el boga me dice que les vamos a sacar un toco de guita.

 

22 de setiembre

Mis hijos, cada vez menos bola… mi despido lo tomaron como si les hubiese hecho un agravio personal. Me paso el día entero tirado en la cama, suspendí a la señora que venía a limpiar y la casa se cae de mugre.

 

3 de noviembre

Ya  hablo solo, aún con la tele encendida… ¿Me estaré volviendo loco? Este dilema me atormenta más seguido de lo que quisiera… Má,sí… ¡me importa un carajo!

 

6 de enero

Pasé el fin de año en pedo… ni llamé a los pendejos de mierda, siquiera me enteré si ellos llamaron ya que descolgué el teléfono.  Igual ese no va a joder mucho tiempo más, hace dos meses que no pago… ya lo van a cortar esos hijos de puta de la Telefónica.

 

11 de febrero

¡A la mierda! Amanecí tirado en el patio, la damajuana casi vacía, parece que estoy progresando… Lo bueno es que ya no me importa. Tengo como telarañas en el mate, casi no puedo pensar en nada. Pareciera que una bruma sutil se va apoderando de mi mente… de mi vida completa…  Es como una bruma bruma bruma bruma bru…

 

8 de marzo

Recibí una carta de mis hijos… tan formal y pelotuda que da asco: “Querido Papá, estamos preocupados porque hace tiempo que no sabemos nada de vos y aparentemente no tenés más la línea telefónica. Pareciera que te has olvidado que tus hijos y nietos nos preocupamos por vos… por favor comunicate…” Ni bola que les doy… solo retengo algunos recuerdos de cuando eran chicos y formábamos una familia. ¡Que dolor de cabeza! Parece que se fuese a partir en dos… ¿Será que la bruma está avanzando?

 

30 de junio

¡Cobré la indemnización! ¡Un toco de guita! Claro, estuve treinta años en el banco puto. Abrí una cuenta en la misma sucursal… me pareció una burla fenomenal. Hoy, no sentí para nada la presencia de la bruma del orto. Mi cabeza está libre y clara.

 

8 de julio

Ayer fui al banco a sacar unos pesos. La cajera, conocida de años de cruzarnos en los pasillos, me atendió con gran amabilidad… Como no recordaba su nombre miré con disimulo su placa: Martha Reguera. Nos tratamos como viejos amigos, es evidente que conoce mi historia. Me parece que voy a probar suerte… aunque… después de tantos años acumulando óxido… un romance parece harto difícil.

 

11 de julio

Anoche me puse hecho una pinturita, bien bañadito y afeitado, con mi mejor pilcha, pedí un remís y fui a cenar solito con mi alma en paz a un restó de la Plaza Dorrego en San Telmo. Un mundo de gente: turistas, artesanos, caricaturistas, bailarines de tango y boliches de antigüedades. Cené como duque… ¡lo pasé bárbaro! Parecía un turista más.  De los dolores y la bruma: ¡ni recuerdos!

 

13 de julio

Querido diario, ayer me encontré con Martha a la salida del banco. Fuimos a la mejor confitería de Paso del Rey y charlamos más de dos horas y luego la acompañé hasta su casa. Ella es divorciada y sin hijos, me contó que el marido se escapó con su hermana menor hace unos años… ¡flor de hijo de puta, el maridito! Yo le comenté que su ex era una especie de  Woody Allen del subdesarrollo… Se río hasta las lágrimas. ¡Mejor…! Evidencia que ya se olvidó del fulano. Martha, tiene doce años menos que yo, es una mujer madura y atractiva y, lo más importante, tiene una calidez que me conmueve y me provoca volver a vivir. Es fácil darse cuenta que ambos sufrimos del mismo mal: soledad.

Ya veremos, si entre los dos, le ponemos solución. Ojalá Dios nos ayude… ¡Vamos todavía!

 

14 de agosto

Hice pintar toda la casa, hacer una cochera pegada a la medianera y arreglar el jardín. La casa, para que esté lista en unos días para recibir a su nueva ocupante, mi compañera y mi amor, Martha; y la cochera, para el Gol nuevito que me entregan a fin de mes… ¡Que tal!

 

Sin fecha. Aparentemente unos días después del 14 de agosto.

Última anotación en el diario. Nota del editor

Querido diario:

Estuve releyendo las notas que te confié en los dos años últimos y me parece mentira… es como un viaje sin etapas desde el mismísimo fondo del infierno hasta la gloria del paraíso… Desde las tinieblas hacia la paz. Les escribí una larga carta a mis hijos… después los llamé. El sábado nos reunimos todos a comer en casa: Martha, ellos y yo. Creo que todo va a funcionar bien… ¡mejor que bien!

 

¡Chau!