por C. Fernández Rombi - 12 feb 2019
Introducción
Estamos a cumplir un siglo de los sucesos de Azul, en la Provincia de Buenos Aires ocurridos el martes 18 de abril de 1922, que hicieran tristemente famoso en todo al país a Mate Ocho o Don Maté8. Los hechos que vamos a relatar son rigurosamente ciertos, no así las elucubraciones mentales que “prestamos" a Don Maté8, las cuales son de nuestra elucubración.
El hombre de setenta y siete años, se registró en una pensión humilde del barrio de Flores con el nombre de Eduardo Morgan. Horas después de instalado y con la toalla y jabón en mano, se dirigió al baño común al final del pasillo. Al tomar su ducha, se resbaló en la bañera dando con la nuca contra el grifo del agua. Murió instantáneamente. Era el año 1949.
El anciano fallecido fue identificado como Mateo Banks; unos años antes había merecido que se le dedicaran dos tangos: “Don Maté8”, de Cristino y Ponzio; y “Doctor Carús”, de Martín Montes de Oca. Ambos tangos, hoy una rareza, aludían a los hechos del 18 de abril de 1922, día elegido por Banks para entrar en la leyenda. Y no por ningún hecho digno de elogio o hazaña deportiva alguna. Simplemente ese día había realizado un raid asesino sin parangón en la historia de nuestro país.
Había asesinado a tres de sus hermanos, dos sobrinas, una de sus cuñadas y dos peones de la estancia “La Buena Suerte”. Con poco observar este listado -ocho víctimas fatales- fácil será darse cuenta del apelativo que se ganó en buena ley.
El más grande de los asesinos múltiples de Latinoamérica -con la peculiaridad de que todos sus crímenes los cometió el mismo día- era descendiente de irlandeses, su padre había emigrado hacia la Argentina en 1862. La familia Banks adquiriría prestigio en Azul como inmigrantes destacados y triunfadores dedicados al cultivo agrario.
Mateo era socio del Jockey Club y de varias ligas de beneficencia, vicecónsul de Gran Bretaña y representaba a la marca de autos Studebaker en la provincia de Buenos Aires. Había contraído matrimonio con una mujer de sociedad, Martina Gainza. La vida parecía sonreírle al chacarero descendiente de irlandeses y con toda su familia bien posicionada económica, y socialmente; llegando a detentar el cargo -muy reputado en la época- de Consejero Escolar. Pero… En 1922, a sus cuarenta y cuatro años, aunque seguía manteniendo su rumbosa vida de hombre de la oligarquía argentina, su pasión -soterrada y destructiva- por el juego había destruido su fortuna. Aunque, aún no se había hecho público, su chacra ya le pertenecía a sus hermanos por los constantes préstamos hechos al futuro asesino, Don Maté8.
"Banks, con su vida de ‘rico artificial’, pensó que todo se arreglaría y perdió toda noción de sentimientos humanos. No vaciló en sacrificar su apellido. Es una víctima de los vicios humanos que destruyen la dignidad, la honradez y hasta el amor de la familia”. Nota en el diario de Azul durante el proceso.
Su estrategia para el día fatídico era tan sencilla como demencial. Matar a sus hermanos y no dejar testigos a la vista, y en forma posterior hacer recaer todas las culpas en los peones, Claudio Loiza y Juan Gaitán.
“Yo mismo voy a hacer la denuncia… va a ser muy fácil… ¿Quién va a dudar de mi palabra? Lo que voy a hacer no me gusta mucho… sobre manera por las chicas, mis pobrecitas sobrinas… pero no veo otra. A los cuarenta y cuatro no me voy a convertir en un hombre pobre. Voy a decirles que a Loiza y Gaitán los habían despedido ayer y que quisieron vengarse, matándonos a todos, tal es así que Gaitán me disparó en el pie… por suerte lo pude desarmar y los maté en defensa propia… ¡Muy fácil! ¡Mi palabra es santa en Azul!”
Era tanta la soberbia y la propia seguridad en el valor de su palabra en la sociedad de Azul -y en la de su policía-, que el bueno de Don Maté8, seguramente por miedo a lastimarse un dedito, ni siquiera se disparó en la bota. Se limitó a hacerle un agujero con un punzón. Luego de un largo juicio que tuvo en vilo a la ciudad de Azul y al resto del país, fue condenado a perpetua. Sin embargo, veintidós años más tarde sería liberado. Así, Don Maté8, muy suelto de cuerpo, volvió a Azul intentando rehacer su vida.
“Con la cantidad de amistades y relaciones importantes que tengo, me va a ser muy fácil rehacer mi vida y fortuna. ¡Ya van a ver esos pueblerinos!” Dadas las serias intenciones de la población azuleña de lincharlo, escapó a Buenos Aires y fue a parar a esa habitación sin baño del Barrio de Flores.
En la caja fuerte de la cárcel había dejado un manuscrito con sus memorias, de unas 1200 páginas, con instrucciones para su publicación. Sin embargo, este se perdió; con lo cual la literatura argentina ha experimentado la pérdida de lo que, seguramente, hubiera sido una obra inmortal.