por C. Fernández Rombi – 05 oct 2019
Viven juntas desde los veinte. Cuando niñas, en la misma cuadra de la zona más humilde de Tapiales, pegada a Ingeniero Budge. Desde esa infancia compartida, en la que no sobraba nada, fueron “mejores amigas”. A sus quince, esa amistad se transformaba en amor y una pasión con todas las de la ley. A punto de cumplir los treinta llevan ya quince de ese amor que las llevó a luchar y seguir unidas contra las opiniones críticas de familiares y amigos. Viven juntas a solo una cuadra de donde nacieran.
Para el barrio fueron y son “las chicas”. De nenas, porque andaban siempre juntas; ahora, de grandes, porque son pareja; son parte intransferible del barrio, como la placita, como el almacén de don Pablo, como los mocosos de la pelota…
Elsa y Nancy son luchadoras por naturaleza, don que les permitió llevar adelante su relación y fortalecerla en forma creciente. Desde hace un tiempo, que se le hace cada vez más largo, Elsa siente el llamado de la maternidad. Y es cada día más acuciante, no puedo pensar en otra cosa.
─Nancy, mi amor, lo único que nos falta para la realización de nuestro amor es un hijo… ¡Dale se buenita!
No estoy realmente convencida… pero soy capaz de cualquier cosa por Elsita; además, en una de esas tiene razón. Y de ser así, ¿qué vamos a esperar? Nos faltan unos pocos añitos para los cuarenta y dicen que después de eso los años se disparan. Voy a averiguar y, quizás, le doy el mejor regalo de su vida.
Roberto es un hombre de 37 bien plantado, jovial y educado. Trabaja en Edesur de Lomas y unos meses atrás se mudó casa por medio con las chicas. Él y su perro rápidamente entablan relación con Elsa, que es la que está más tiempo en la casa y suele barrer la vereda y regar su pequeño jardín a diario. Ambos han simpatizado y no lo disimulan.
¡Lástima que sea tortilla! Es realmente linda y agradable. Las contemplo al atardecer cuando la otra llega del trabajo y no tengo dudas de que se quieren y mucho. No sé cuánto tiempo llevan juntas, pero el fuego de la pasión está bien vivo. Desde mi terraza, suelo entretenerme viéndolas hacerse arrumacos en su patio del fondo.
Nunca me atrajo hombre alguno y no voy a empezar ahora. Nancy es el amor de mi vida y para toda la vida. Pero nuestro vecino es un hombre encantador. Y sin saber el motivo, imagino a mi hijo con sus rasgos, su educación y esa franqueza en la mirada difícil de encontrar en el Buenos Aires actual (pura inseguridad y penuria económica).
Se cumple el año de la mudanza de Roberto como vecino de las chicas. Su trato con Elsa es de grandes amigos; con Nancy, distendido y cordial, pero de ahí no pasa. Además, la mujer pasa el mayor tiempo del día fuera de casa, trabaja en un comercio de Recoleta.
(¡Más lejos no había!). Mi horario es cruelmente extenso. Claro que eso es lo que me permite mantenernos a las dos sin lujos pero también sin necesidades. Esta noche tenemos al vecino de invitado para la cena. No me molesta; además, me doy cuenta de que a Elsa le hace bien tener un amigo. La dejo sola muchas horas.
La cena fue un éxito. Roberto aportó un imperial ruso de la Confitería El Galeón de Lomas y su simpatía permanente. Verborrágico, entre otras cosas les cuenta que estaba desde hacía tres años muy enamorado y en pareja con una compañera del trabajo. Que esta tenía tres hijos de una relación anterior y que en el mayor de los chicos estaba el problema de que todavía no vivieran juntos. Pero que de a poco se lo iba ganando y pronto podrían convivir como ambos pretendían.
Una semana después, Nancy regresa más tarde que de costumbre, cansada, pero con una rara luz de alegría en sus ojos:
─Vida, te tengo una excelente noticia… bue, en realidad, muy buena para las dos. Hace meses que estoy en tratos con una Clínica de Fertilidad Asistida que usan el Método ROPA para parejas de mujeres que desean tener un hijo. Y por si eso fuera poco, ya ahorré casi la totalidad del monto que nos sale el tratamiento… ¡Vamos a tener un hijo!
─¡Bravo amor me das una alegría…! Pero yo también me había movido al respecto. Te cuento: Roberto ha aceptado ser el donante y ya hablé con un Instituto de Fertilidad en vitro que es mucho más económico que el ROPA.
Se hace silencio, Nancy tiene esa expresión dura y desagradable que exhibe ante situaciones que le disgustan profundamente. Elsa, desconcertada, no se anima a continuar.
¿Y esto…? ¿Qué carajo significa…? Un conocido me va a suplantar de buenas a primeras. No tengo nada contra Roberto, al contrario; pero quién nos asegura que después que nazca la criatura no se encariñe y quiera hacer de padre. ¿Y yo… dónde demonios quedo parada? Elsa parece una pelotuda con esa sonrisa colgada de la jeta pensando con el hijo parecido al vecino.
El paso del tiempo, como todos sabemos (por más que miremos hacia otro lado), es incesante (¡joderse!). La relación experimentó un cambio sutil, pero que se ha instalado y no retrocede un ápice. Las dos lo saben pero no hablan del tema; tampoco han vuelto a hacerlo acerca de tener un hijo. Se siguen tratando con el mismo amor pero ambas saben que no son sinceras; que su pareja está “en suspenso”. ¡Bah, con el tiempo se arreglará!
No sería. Ya son dos mujeres maduras en el umbral de sus cincuenta. Hace años que Roberto se ha mudado a la Capital con su pareja y no lo han vuelto a ver. Siguen siendo “las chicas”, un elemento referencial del barrio… como la placita, como el almacén de don Pablo, como los mocosos de la pelota.
El método ROPA, también conocido como doble maternidad, significa “recepción de óvulos de la pareja”. Junto con la Inseminación Artificial y la Fecundación In Vitro con semen de donante, es una de las alternativas que tienen las parejas de mujeres para conseguir ser madres (Fuente: www.mamaymami.com).