por C. Fernández Rombi – 14 mar 2020

 

Basado en un hecho verídico ruso

de nuestros días.

 

Introducción a la muerte: somero análisis filosófico referido a mis víctimas:

Como escritor veterano puedo afirmar, sin falsos rubores, que tengo un aceptable “manejo” de la muerte y los muertos en general, sobre todo de los extemporáneos (es decir, dejando de lados a aquellos que mueren por las más comunes de las causales: la edad y el mero paso del tiempo).

 

He asesinado, accidentalizado y/o ejecutado a tantas personas de todos los sexos que ya perdí la cuenta.  Quiero decir que he cometido esas muertes por mi sola y única decisión y son muchas, tantas, que me es imposible un recuento real.  Tantas como la trama de la novela o relato que tuviera en elaboración -a mi modesto entender- justificaran tales muertes.  O sea, cuando el referido argumento me lo pedía a gritos (según mi criterio, claro), no me ha temblado la mano ni en una sola ocasión cuando de eliminar físicamente a alguien me parecía procedente.

 

Sí, me he arrepentido con el paso de los años de algunas de esas muertes que produje.  Me hubiese gustado observar el desarrollo de esos personajes en el pasar de los años…  Pero, ya los había eliminado.  Paciencia…  De todas maneras, jamás se me ocurrió el subterfugio de recurrir e la “resucitación” de un personaje ya “eliminado” (salvo el caso Lázaro, no creo en ella).

 

En las tres muertes de las que voy a hablar a continuación (tan verdaderas como lamentables), no he tenido intervención alguna.  Tienen mi palabra de honor.  Y estas, a más de ser reales y no fruto de mi mente, son tan trágicas como absurdas.  Una vez más, se cumple una antiquísima creencia de los creadores de literatura: “La realidad supera nuestras más logradas ficciones”.

 

Ekaterina Didenko, farmacéutica y popular influencer de la Instagram rusa (1,8 millón de seguidores), suele dar consejos en esa red social sobre farmacia, medicina casera y estilo de vida.  Incluso, en algunos videos había mostrado experimentos relacionados con sus dos hijas. ''Mis lectores ahorran dinero al ir a la farmacia'', tal su muletilla en su perfil de la red social.  Es feliz y exitosa o, tal vez sea más apropiado, exitosa y feliz (en ocasiones, el orden de los factores afecta el producto).

 

Tiene marido Valya y una pequeña hija, Nastya.  A punto de cumplir sus veintinueve, ha decidido festejarlos de una forma creativa y original.  La que luego será relatada minuciosamente en su espacio de Instagram y producirá la segura expansión de su cantidad de seguidores.  La idea era realmente novedosa; Ekaterina la había consultado con un par de sus amigos relacionados con la farmacia y la bioquímica.  No avistaron problemas de ningún tipo.

 

La propuesta: en el complejo de piscinas Devyaty Val de la capital rusa, los dieciocho participantes de la fiesta arrojarían 30 kilos de hielos seco en una de las piscinas y a continuación, con total alegría, se zambullirían a la misma enfundados en unos trajes supuestamente protectores de reacciones indeseables (muy parecido a preservativos varoniles gigantes).  La idea no funcionó o, más apropiadamente dicho, funcionó muy mal.

 

En lo videos divulgados en las redes sociales se puede observar a los invitados vistiendo los preservativos y entretenidos; a unos, echando el hielo seco a la piscina; y a otros, saltando al agua a continuación.  Momento en que una nube de humo negro sale de la piscina.  Hasta ahí, todos aparecían sonriendo en las publicaciones de las redes sociales, sin imaginar el desenlace fatal.  Segundos después, comenzaron los desmayos.  El hielo seco estaba destinado a crear una nube de niebla sobre la piscina.  Pero, en cambio, cuando entró en contacto con el agua formó unas nubes arremolinadas.  Al derretirse el hielo, se produjo dióxido de carbono, inundando el lugar en apenas segundos. Los invitados se ahogaron y comenzaron a desmayarse.  Como consecuencia de la intoxicación, tres personas murieron por edema pulmonar.  Además de Valya, el esposo, mueren otros dos amigos, Natalia Monakova y Yuri Alferov.

 

La pequeña Nastya sigue preguntando por su padre en una letanía intolerable, su madre inconsolable sólo atina a contestar:

-Valya ya no está con nosotros.

 

Valya: Valentín en idioma ruso.