por C. Fernández Rombi – 11 abr 2020
(En el año del coronavirus)
Este tipo, nuestro tipo, El Tipo, está que vuela. Él, como millones de humanos en todo el mundo, vive en estado de ansiedad extrema. Es muy comprensible, la pandemia del coronavirus afecta a todos los seres informados del planeta. A fines de marzo del 2020, los muertos e infectados se suman por miles y El Tipo no puede evitar consumir toda noticia referida al drama del mundo (sobre todo encuestas interminables de infectados y muertos, que circulan por los noticieros y las redes). Vive en estado de ansiedad extrema.
Su control de TV está que arde, viajando permanentemente de uno a otro: Canal 26, TN, Crónica Noticias, América TV, Tele Nueve, Telefé Noticias; en fin, todos (incluso el noticiero del canal oficial). Ahora ha agregado a su potro de tormentos particular una vieja radio portátil que tenía en desuso. Es decir, ve y oye por dos, toda noticia que ande dando vueltas. Se atiene sólo a las referidas al COVID-19, es decir, al 90% de las noticias.
El Tipo, hombre tranquilo, casado, dos hijos, empleado administrativo, anda en sus treinta y nueve y nunca se le había dado por el hábito de comerse las uñas. Empezó de a poco con las primeras noticias que llegaban de Wuhan (China). Su mujer lo notó de inmediato, pero no le dio gran importancia; ella también estaba muy nerviosa, como la gran mayoría, a excepción de Donald Trump, Jair Bolsonaro y López Obrador (afectados de inconsciencia generalizada en alto grado de estupidez).
Ahora su onicofagia (bah, comerse las uñas) ha llegado a límites peligrosos. Superada la etapa de las uñas, sangrado incluido, El Tipo ha llegado a las cutículas que, sin prisas ni pausas, van desapareciendo. La sangre se hace compañía: cada lugar donde El Tipo permanece un rato, quedará marcado por la sangre de las manos.
Manos que también empiezan a desaparecer, lentamente, falange a falange, dedo a dedo, El Tipo llega a las muñecas. Punto exacto en que su realidad supera a la del CVOVID-19.
El caso de El Tipo se ha hecho viral en la Argentina y el mundo. Aparece un joven estudiante de ingeniera de Santiago del Estero que, mediante el uso de una impresora 3D, le rehará ambas manos en una aleación de titanio.
¡Maravilla…! Recuperará la totalidad de las funciones de la mano humana. ¡Desastre…! Las nuevas manos no tiene uñas.