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por C. Fernández Rombi 07 jun 2020

 

En el año del Covid-19

 

El volcán temblaba desde hacía mucho.  La gente del pueblo, su gran mayoría, lo percibía desde su nacimiento.  Se habían criado con ese temblor sordo y de baja intensidad…

 

Y como todo a lo que nos acostumbramos, había perdido trascendencia.  Cada tanto algunos -voces agoreras- alertaban sobre el peligro y magnitud de lo que se avecinaba; sin embargo, aparecían de inmediato las voces tranquilizadoras de Los Jefes.  Gracias a las cuales la gente recuperaba la tranquilidad y no se hacía nada.  Nada de nada.

 

Algunos, tal vez más cobardes (o más pensantes), sentíamos una preocupación cierta.  Decíamos “hay que hacer algo”; y otros, de la misma calaña, nos preguntábamos, “¿Los Jefes no van a hacer algo?”.  Y no, no hacían nada.  Sí, por supuesto, se ocupaban sin cesar de sus intereses y del crecimiento, nunca pausado, de su hacienda.  Lógico y natural.

 

Esos “algunos” nunca eran gente común del pueblo.  Habían estudiado cosas (sofisticación sin fundamento).  Los Jefes ponían las cosas en su lugar y justa medida, tapando esas voces y descalificándolas.  Había destinos mucho más importantes para los dineros recaudados del pueblo.  Las empobrecidas educación y salud pública; la difusión a pleno de las propias ideas de Los Jefes; la protección amplia y desmedida de los amigos y personeros de Los Jefes; y el adoctrinamiento, siempre creciente, del propio pueblo.  Y, no olvidar jamás, el incremento de la hacienda de Los Jefes.  (Siempre es insuficiente)

 

Y un día ocurrió.

 

Nada preocupante al inicio.  Llegaban noticias de que en pueblos alejados del nuestro había un par de muertos, por la incipiente emanación de los gases del volcán.  Luego, se sumaron pueblos más cercanos y otros y otros y otros; cada vez más muertos y más cercanos. El volcán, en formidable erupción, ya funcionaba a pleno.  Los muertos se encimaban unos sobre otros.  Éramos, tal vez, los próximos; el miedo se había instalado.  Nos tapábamos la cara.  (Por el contagio decían unos, para no ver decían otros; por el miedo, los demás).

 

Y Los Jefes hablaban y hablaban y hablaban.