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por Carlos Fernández Rombi – 14 sep 2020

(A modo de ensayo arrabalero)

28 de agosto del año del Coronavirus

 

Se hace larga e interminable la puta cuarentena…  ¡Y el virus no afloja!

 

Venía bien hasta ahora.  Adaptándome mejor que la mayoría.  Es decir, lejos de la ansiedad, los trastornos de personalidad y la “depre” de la mayoría de mis conocidos.

 

Mis largas sesiones de escritura ayudaban.  Sobre todo, en los últimos sesenta días.  La revisión del original (“la famosa última lectura”) de mi novela “La pausa”, para su envío al Concurso Internacional (España-2021) de la Editorial Espasa, reforzaron esa ayuda.  Pero la revisión terminó hace una semana.  Y ahora…

 

Entré en una situación similar (creo) a la de algunas mujeres después de parir.  El puerperio, que le dicen.  Algo “se me cortó” en estos días y hoy -el día 162- alcanzó su punto más alto (espero que no siga trepando).  Seguramente, no ayuda la puta prolongación de esta cuarentena que parece no servir de mucho (o de nada).  Ayer superamos, dicen, los diez mil contagios y no afloja.

 

El discurso inicial del ministro Ginés: “Argentinos, no se caliente por el Covid-19” (lo sintetizo y modifico: el original fue muy aburrido).  Daba la sensación de que “acá, no pasa naranja”.  Un par de semanas y chao amore, chao.  Pero no.

 

Las aburridas conferencias tripartitas de Fernández-Larreta-Kicillof al inicio daban esperanzas.  Ahora dan pena y miedo.  ¿Citamos la economía nacional?  No vale la pena.

 

Los días se acumulan y las malas noticias se amontonan.  Sumale: incendios forestales (el 95% con origen en la increíble voracidad comercial humana; inseguridad en aumento; negocios e industrias que cierran; las peleas de los políticos amantes de la grieta de mierda (que reforma judicial SÍ vs. reforma judicial NO); que la Pato Bullrich vs. el Rambo Berni; que el dólar y la inflación; que la deuda externa y la RPMQLP…  Y podemos  seguir y seguir enumerando malas y más malas: la sumatoria de desgracias naturales (las producimos nosotros mismos) que nos agobian sin cesar...  No vale la pena.

 

En resumen: no solucioné nada, ni lo mío ni lo de ustedes…  ¡Así no hay cuerpo que aguante!