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por Carlos Fernández Rombi – 19 sep 2020

 

La cuarentena, en medicina, es un término para describir el aislamiento de personas o animales

durante un período de tiempo no específico como método para evitar o limitar

el riesgo de que se extienda una enfermedad o una plaga

 

Y en el principio fue el virus.  Y en el principio fue China.  Y el 31 de diciembre de 2019 se comunicaba la peste al mundo (OMS).  Y el 2020 se iniciaba el Siglo del Coronavirus.

 

Las sucesivas cuarentenas ordenadas desde el Gobierno para la Argentina en 2020 a fines de combatir la pandemia de coronavirus, fueron una serie de decisiones de aislamiento sanitario de la población.  Formaron parte de una política de salud pública para combatir la pandemia, que incluyeron medidas de distanciamiento y prevención de contagios, investigaciones y tratamientos experimentales, más la creación de infraestructura y abastecimiento de recursos médicos y protocolos sanitarios para los lugares de trabajo.

 

Simultáneamente, lo mismo sucedía a nivel mundial, con sus respectivas y propias tonalidades y variantes.  Cumplido el primer año, el azote estaba instalado…  Y las esperanzas originadas en las distintas investigaciones médicas referentes a la vacuna se caían una detrás de otra.

 

A la enfermedad y a la muerte, se iba sumando una baja generalizada de la economía mundial, especialmente en los países de menores recursos.  La esperanza que se tenía en el primer año (2020) de la pandemia, en el hallazgo de la vacuna salvadora, se fue diluyendo.  Hacia finales del 2022, todos los intentos habían fracasado.  La desazón, el miedo y la pauperización social del mundo, alcanzaban guarismos difíciles de creer.  La gente, sobremanera los más jóvenes, se volcaban hacia un estado de negación feroz de la pandemia y de la cuarentena.  Ergo, el virus se extendía y fortalecía.

 

En el 2020, el célebre científico y naturalista británico David Attenborough, había advertido que “la humanidad se enfrenta a una sexta extinción masiva en este siglo, si no aborda el cambio climático y la sobreexplotación de los recursos naturales del planeta”.  Y por otra parte, un equipo de estimados científicos dirigido por Johan Rockstrom y Will Steffen había identificado nueve umbrales críticos integrados en el medio ambiente de la Tierra: cambio climático, uso de fertilizantes, conversión de tierras, pérdida de biodiversidad, contaminación del aire, agotamiento de la capa de ozono, acidificación de los océanos, contaminación química y extracciones de agua dulce”.  Panorama desolador al que se sumaba ahora el Covid-19.

 

En el 2028, se empezaron a manifestar sin lugar a dudas esas predicciones; y en las grandes ciudades, por el efecto pandemia, se había establecido una especie de rebelión permanente con los consiguientes encontronazos con las fuerzas de seguridad.  Se empezó, ese año, a hablar de guerra civil mundial.  Algo totalmente desconocido, un hecho nuevo y atroz.  Las estadísticas dejaban de tener sentido; se ignoraba si eran más los muertos por la peste o por los enfrentamientos.  Se habían movilizado los ejércitos del mundo, dada la impotencia policial ante tal caos.

 

El mundo sabía “históricamente” de pandemias y sus dos productos específicos más importantes: miseria y muerte.  A lo largo de la historia, el hombre padeció los efectos devastadores de: la Viruela, el Sarampión, la Gripe Española, la terrible Peste negra o bubónica y el VIH.  Ahora era el momento, ínfimamente largo, del Covid-19.

 

Pero esa misma historia no tenía registro de una peste tan rebelde al conocimiento humano.  Consideremos que la pandemia de 1918 (Influenza) fue la pandemia más grave de la historia reciente.  Fue causada por el virus H1N1 con genes de origen aviar.  Si bien no hay un consenso universal respecto de dónde se originó el virus, se propagó a nivel mundial durante 1918-1919.  Pero eso fue en época en la cual la ciencia del hombre aún estaba en pañales.  Parecía imposible de pensar que un siglo después, una peste durara tanto sin que el hombre encontrara la solución, solo el paliativo alienante de la cuarentena indefinida.

 

2031, 32 y 34, fueron años catastróficos.  Además de los millones de muertos, la falta de empleos, la hambruna y la destrucción del tejido social (inclusive a nivel familiar) se dejaban ver por doquier.  Estamos viviendo una época tan terrible como impensable un puñadito de años atrás.  El 2019 aparece hoy, en el recuerdo, como el mejor año de la historia del hombre.

 

El mundo había perdido todo vestigio de esperanza…  Y después de quince años llega la salvación bendita.  El último día de diciembre del 2034, un extenso clamor de alegría y esperanza empezó a sonar.  Quedamente primero y luego en forma tan estentórea como nunca antes: China, cerraba el círculo, confirmando la vacuna anti Covid-19 ciento por ciento eficaz.

 

¡Aleluya!

1° de enero del 2035

 

Distopía: es el término opuesto a utopía.  El  relato distópico nos refiere a un tipo de mundo imaginario, recreado en la literatura o el cine, considerado indeseable.